El yoga admite diversas lecturas: satisface a quienes busca los aspectos físicos, a quienes busca el autocrecimiento personal, a quienes necesitan relajarse, e, igualmente, a quienes lo utilizan como elemento curativo complementario, buscando reducir la ansiedad o la depresión.

Nunca antes había habido tantos episodios de ansiedad como hoy en día. España es líder en consumo de ansiolíticos: al menos una de cada 10 personas sufre estos síntomas, según la OMS. Pero hay alternativas más naturales y saludables como el yoga.

Cuando, a partir del yoga realizamos una adaptación, conviene tener presente las técnicas y las necesidades específicas que tengan los colectivos a los que va destinada.

En este tipo de adaptaciones deberemos tener siempre especial cuidado en no alterar, ni desvirtuar la esencia del yoga. Es importante extraer y adaptar -en nuestro caso-, esa parte de terapia aplicada que el yoga contiene potencialmente.

Yoga como complemento del tratamiento psicológico de la ansiedad

De la terapia cognitivo-conductual mantenemos el rigor teórico-práctico que nos sirve de guía para la concepción y diseño de los ejercicios. Igualmente para su aplicación -su explicación adecuada-, y para el control de cada ejercicio -duración cronometrada-. Nuestro objetivo no es contraponer ambas disciplinas, ni sustituir una por otra, sino utilizar el yoga como coadyuvante de la terapia psicológica durante el tratamiento. Además el yoga es reforzador del bienestar psicológico en el postratamiento, y evita recaídas.

La aplicación del yoga a la ansiedad es factible por la propia esencia del yoga, el cual, en su concepción teórica, posee conceptos psicológicos (vasanas, samskaras, kleshas) y técnicas apropiadas (concentración, visualizaciones, control respiratorio), casi propias de una psicología cognitiva.

Las sesiones de yoga aplicadas a la ansiedad contienen una parte teórica y otra práctica. Cada sesión se repite tres veces a fin de que los practicantes puedan retener los ejercicios, con el consejo de que sean practicadas a diario en sus domicilios.

Adaptamos los contenidos de la relajación a las necesidades de cada trastorno ansiógeno. Aún cuando las posturas sigan siendo las mismas, en ellas se incluyen inducciones de distensión, de comodidad, de relajación mental y física.

Para trabajar los kleshas (sufrimiento, tristeza, pena…), haremos samyama (concentración) sobre los miedos y el sufrimiento que cause la ansiedad; y así, el samyama nos conduce a algo más que a erradicar la ignorancia o el desconocimiento de la realidad espiritual (avidya).

 

La resiliencia

La práctica del yoga refuerza la resiliencia del sujeto, le descondiciona y le aporta una experiencia de integración y de totalidad de la que carece el sujeto occidental de hoy. El contexto que se puede crear con la práctica del yoga es único en sí mismo, acogedor, protector, desestresante… Además permite más fácilmente llegar a la psique, evitando los filtros de los juicios de valor que emite el yo.

La resiliencia es el poder de resistencia psicológica que posee el individuo para hacer frente a los cambios bruscos e inesperados, a los sucesos traumáticos y a las difíciles exigencias de adaptación ante las que la vida nos sitúa.

La resiliencia es innata, pero necesita ser activada de vez en cuando, a través de unas condiciones en las cuales el sujeto pueda encontrarse a sí mismo. Puede ser mediante yoga, meditación, ciertos deportes, vacaciones no programadas, ni guiadas… Así sale de la perniciosa dinámica a la que le someten las condiciones de la vida, que fuerzan la adaptación externa y anulan en buena parte la vivencia interior.

El yoga descondiciona

Al ser un elemento cultural exógeno a nuestra cultura, reduce nuestro etnocentrismo y va modificando y enriqueciendo paulatinamente nuestros esquemas mentales. Nos abre a la posibilidad de poder experimentar otras concepciones de realidad, sin renunciar, por ello, a lo ya existente.

Las mismas posturas que el sujeto vaya adoptando le permitirán también ese descondicionamiento. Eso se produce al experimentar y explorar su realidad física a través de diferentes posiciones: desactivación, cierres, apertura, torsión, inversiones, equilibrios, relajación.

No se le pide al sujeto que razone, sino que sienta, que perciba, que se escuche a sí mismo. Entra así en contacto con su psique, con su potencial energético y espiritual…

 

Experiencia de Integración

La experiencia de integración y de totalidad es necesaria porque el sujeto occidental de hoy es una persona hiperyoizada e “hipermental”. Vivimos en la inmediatez de un presente cargado de responsabilidades, deseos ilimitados, estrés y angustia. Sus fines son inmediatos, cortoplacistas, y están dictados por la sociedad y los medios de comunicación. Su horizonte apenas rebasa la franja de lo sensorial y se encuentra mucho más condicionado de lo que él mismo cree y percibe. Por ello, cuando su yo se desestabiliza en esta civilización de lo efímero, no tiene nada que le sostenga a nivel personal. Todo lo que ha vivido es externo y está “lleno de la nada”.

La experiencia de la práctica del yoga le permitirá, pues, reconocer en sí mismo otros valores que no son únicamente los del rendimiento (laboral, académico…), el éxito, la aceptación o aprobación de los demás.

El yoga le enseñará igualmente a sentirse en comunión con lo que le que le rodea y alcanzar la serenidad. Sentirá que no sólo es un yo, sino que existe también, en lo profundo, una esencia compartida y una pertenencia.

Amable Díaz
Centro de Yoga Patanjali
Centrodeyogapatanjali.es