Un desafío que vale la pena

 

Gestión emocional etapa adulta

Indultar, soltar y sentirnos renovados cuando estamos ya en la etapa adulta ¿es posible?

 

Esa era la pregunta que Carlos, Marta o Ana se repiten en la entrevista personal en Coaching Club. “No puedo más, se me vino el mundo abajo y no sé si podré soportarlo”. Atraviesan diversas desventuras propias de las crisis y cambios de etapa vital en la vida adulta como son: el reciente fallecimiento de una pareja tras una enfermedad dolorosa, las peripecias económicas de una familia monoparental, la vejez y la desvitalización progresiva de una enfermedad de los padres, una pareja tóxica, un divorcio con hijos pequeños a cuestas… La reedición de otros viejos pesares que creíamos haber sanado, heridas de la infancia y de la juventud se reabren frente a la sensación de abandono. Otra vez la soledad y el temor (conjunción perfecta) para caer en la trampa del desamparo.

 

Las emociones reprimidas ante las injusticias vividas recuperan la vigencia con una fuerza descontrolada: ira, resentimiento e impotencia, consiguiendo que muchos no logren conciliar el sueño, sufran alteraciones en el peso o fumen compulsivamente.

 

¿Cómo salir de este tipo de encrucijadas vitales: enfermedades, fallecimientos, desventuras económicas? Debemos ser conscientes de que las emociones y el cómo afrontar las dificultades nos predisponen a la salud y a la enfermedad. Un decidido deseo de emprender la aventura de sanar, nos lleva a buscar ayuda y a eligir para ello el complejo pero efectivo procedimiento de bucear introspectivamente en lo más profundo del dolor para conseguir un aprendizaje sobre nuestra propia gestión emocional.

 

Se trata de alinear lo que siento, lo que pienso y lo que digo; es decir, el contacto con las emociones, la producción del pensamiento que estas motivan y su traslado a la comunicación oral.

 

Barajar para empezar de nuevo

 

Comienza así un arduo trabajo de reflexión, búsqueda y aceptación personal que se dilatará en el tiempo y que encontrará insoslayables escollos. Participar comprometidamente en sesiones grupales de coaching no resulta una decisión sencilla, pero podemos apoyarnos en esa mágica capacidad de los seres humanos para sobreponerse a situaciones traumáticas; esa característica que, anglicanizando un poco el término, hemos venido en denominar resiliencia y que consiste básicamente en el trinomio enfrentar-atravesar-superar experiencias dolorosas.

 

El arte de volver a jugar en la vida adulta

 

Dentro de nuestra estrategia para conseguir los objetivos perseguidos y previamente expuestos, establecemos una doble finalidad: la proyección y el emprendimiento.

 

Proyectarse consiste en estimular y promover nuestra creatividad para transformar la realidad y hacerla más atractiva y fascinante, ya que todo es susceptible de ser modificado.

 

Emprender un cambio es abrir un abanico de posibilidades, ponerlas en juego y conectarse con las emociones sin temor a recorrer el camino ni a extraviarse. Se trata de alinear lo que siento, lo que pienso y lo que digo; es decir, el contacto con las emociones, la producción del pensamiento que estas motivan y su traslado a la comunicación oral.

 

Dentro de nuestro desarrollo evolutivo, el juego tiene un protagonismo fundamental. Jugando con la realidad desarrollamos la imaginación, abrimos la mente a la fantasía, incorporamos el aprendizaje y contactamos con nuestras emociones. El niño construye y destruye en un bucle permanente, arma y desarma sin temor a perder su creación con el objetivo claro de conseguir una nueva invención, su creatividad es inagotable.

 

Sin embargo, a medida que crecemos, los convencionalismos establecen que la condición de adulto está reñida con el juego: no está bien visto que un maduro serio y cabal se ponga a jugar. De este modo, la creatividad va periclitando y nuestra capacidad y nuestro atrevimiento para transformar la realidad van quedando relegados.

 

Es por ello que hacer un cambio en nuestra vida resulta similar a comenzar un juego nuevo, a desarmar lo armado. Supone un nuevo proceso de aprendizaje por el que podemos transitar del mismo modo que cuando éramos pequeños.

 

La creatividad, si de la resolución de conflictos se trata, implica tener el valor de desprenderse de casi todas las certezas.

 

Esta innovadora terapia facilita que podamos revertir situaciones de grandes conflictos emocionales, por ejemplo, en casos de baja autoestima en los que se utilizan procesos creativos bien estructurados que estimulan la confianza y que hacen emerger los problemas a través de lenguajes verbales y no verbales.

 

En las sesiones de Coaching Grupal, los participantes interactúan con materiales plásticos (pinturas, collages, etc.), literatura, música; incluso con el cuerpo, llevando a cabo un proceso de autoconocimiento, de aceptación y avance sobre sus problemas más enquistados. Son herramientas que operan como válvulas de escape que, además, ofrecen modelos de fortaleza y de gran autonomía.

 

El arte y la creatividad son aspectos inherentes al ser humano; todos podemos desarrollarlos e incorporarlos como herramientas que habiliten la expresión y que nos aporten la posibilidad de alcanzar una buena gestión del equilibrio emocional.

 

 

Verónica Rodríguez Orellana

Coach y Terapeuta Directora de Coaching Club

www.coachingclub.es