He dedicado buena parte de mi vida a algo por lo que algunos medios me calificaron como un «cazador de hombres santos». A lo largo de muchos años estuve entrevistando yoguis, sadhus, eremitas, mentores hindúes y budistas, anacoretas, renunciantes y maestros de muy diversas tradiciones. Fueron más de ciento veinte viajes por los paises asiáticos, de los cuales noventa y nueve a la India.

Entre los numerosos swamis que entrevisté, estaba Anandadevananda, con el que me encontré varias veces en su kutir (ermita) al lado del Ganges en Benarés. Tenemos la misma edad. Nos conocimos cuando los dos contábamos con cuarenta años. Tanto me impresionó su figura que le seguí hasta su kutir, le convencí para que me permitiese fotografiarle y le hice varias entrevistas, parte de cuyo valioso material he recogido en mi obra CONVERSACIONES CON YOGUIS (editorial Kairós). Extracto parte de dichas conversaciones. Swami Anandadevananda es poseedor de grandes conocimientos no solo de yoga, sino también de vipassana, tantra y otras sendas de autorrealización.

Cuando le comento que la India, según grandes especialistas que he entrevistado, está inmersa en la ignorancia a pesar de ser el país en el que se han originado las más altas místicas y la más elevada Sabiduría espiritual y añado que vive de talentos pasados y que una gran parte de los sannyasins no son auténticos, me dice:

– Uno de cada mil lo es. Muchos se hacen pasar por ello, pero no lo son.

Especifica:

– Las técnicas son instrumentos, y según el nivel de evolución se recurrirá a unas u otras. Son medios para pasar de una orilla a la opuesta.

Sobre la felicidad me dice:

– Hay dos clases de felicidad. Está la felicidad mezclada con el dolor, que nos proporciona lo exterior. En efecto, eso no es felicidad. De hecho, las personas jamás son felices solo con lo exterior. Sienten ansiedad, voracidad, apegos y, al final, esa felicidad se convierte en sufrimiento. Hay otra clase de felicidad: la interna. Esta no tiene germen de dolor. Surge de nuestra naturaleza real, sin sombra de sufrimiento.

Le pido su opinión sobre la meditación vipassana, pues él también la ha practicado:

– Es una gran técnica. Es yoga, sin duda. Es una técnica de observación de todos los procesos físicos y mentales. Es yoga. Pero el Buda la utilizó de modo sistemático para penetrar la última realidad de los fenómenos. De hecho, todas las técnicas pertenecen a la más remota atiguedad. Luego los maestros las incorporan a su enseñanza, pero las técnicas son miles de años anteriores a ellos.

Le solicito que me hable sobre el hatha-yoga:

– El hatha-yoga es muy importante, realmente importante. Hay que tratar de conseguir una sincronización perfecta entre el cuerpo y la mente. Es conveniente que el cuerpo conquiste una postura muy estable y equilibrada a fin de facilitar la meditación profunda. Hay que lograr la armonización del cuerpo y la mente. Decir también que todos los pranayamas son muy importantes.

Le indico cómo en los últimos tiempos muchos supuestos gurús dicen que el esfuerzo no es necesario para la realización. Dice:

– Hay que hacer esfuerzo. Sin esfuerzo es imposible retomar el hilo de la consciencia. Todo nos impulsa, nos saca hacia afuera. La meditación consiste en cortar y en entrar, entrar, entrar hacia lo más nuclear. El esfuerzo y el ejercitamiento son insoslayables. Si no es así, uno pierde el nivel meditacional y no logra estar atento en la vida diaria. Solo mediante la meditación logramos la atención suficiente para permanecer meditacionales en la vida cotidiana. La meditación nos ayuda a retomar el hilo de la consciencia y experimentar nuestra realidad cósmica.

Hablamos sobre el jivanmukta o liberado-viviente, la evolución, la sexualidad consciente, la energía cósmica, los mantras y la actitud yóguica.

Aunque las entrevistas con Swami Anandadevananda incluidas en mi obra CONVERSACIONES CON YOGUIS, tuvieron lugar hace más de tres décadas, siguen siendo de una gran utilidad como sabias orientaciones para el aspirante espiritual y la larga marcha hacia la autorrealización.

Ramiro Calle
Centro Shadak

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