En la estación estival debido al calor exponemos mucho más nuestra piel a la radiación solar, y para protegernos debemos tener una serie de cuidados frente a esta mayor fotoexposición. La luz solar tiene cualidades beneficiosas pero también perjudiciales para nuestra piel y nuestro organismo.

Si analizamos donde se manifiestan los casos más elevados de cáncer de piel (USA, Australia, Sudafrica, etc) nos damos cuenta de que corresponde a países donde las pieles son del Fototipo I y II (pieles muy pálidas, generalmente pelirrojos, y personas de piel blanca y sensible de cabellos rubios o claros) , coincidiendo además el hecho de que estos son países que usan fotoprotectores.

Sin embargo, en Marruecos, por su climatología, deberían registrarse muchos más problemas de cáncer de piel; y lo curioso es que allí no usan tanto protector solar, fundamentalmente por falta de recursos económicos, pero lo que sí usan son chilabas y turbantes, mucho más efectivos que el mejor protector solar.

Ante este hecho, me vienen a la mente las imágenes de los cuadros de Sorolla y las mujeres paseando al lado del mar con su sombrilla y sus blancos y ligeros vestidos.

Tiempo atrás se apreciaba el tener una piel muy blanca y poco bronceada, ya que esto estaba relacionado con las personas que tenían que trabajar en el medio rural, por lo que las mujeres protegían cuidadosamente su rostro y además se trataban con preparaciones a base de plantas maceradas en vinagre para aclarar aún más su piel.

La luz solar oblicua, es decir la de las primeras horas de la mañana y la de las horas cercanas al atardecer es una luz benéfica, posee menor radiación ultravioleta y menor capacidad prooxidativa y dañina para nuestra piel.

Podemos observar a los animales en la naturaleza y veremos que al medio día cuando la luz solar es perpendicular a la Tierra, los animales no se exponen a ella y permanecen protegidos, sin embargo cuando esta luz es oblicua, a primeras horas de la mañana o bien en el atardecer si se exponen ampliamente. Solo vemos al animal humano expuesto al sol del medio día en verano en las playas al lado del mar, eso sí con cremas solares sobre su piel.

Los daños que puede producir en nuestro organismo esta radiación ultravioleta que es más intensa a medio día y en verano son: cáncer de piel y otros trastornos cutáneos, cataratas y otras alteraciones de la vista e inhibición del sistema inmunitario.

La luz solar es necesaria para sintetizar la vitamina D a partir del colesterol presente en ella, se han relacionado niveles bajos de vitamina D en enfermos de cáncer, por lo que se ve la importancia de esta vitamina para protegernos de esta enfermedad degenerativa. La poca exposición a la luz solar por estar mucho tiempo en trabajos o lugares poco expuestos a la luz natural y también el uso de cremas solares fotoprotectoras pueden ser algunos factores relacionados con esta carencia.

Alimentos que nos protegen de la radiación solar

Es justo en verano cuando los alimentos vegetales nos ofrecen su riqueza en pigmentos antioxidantes, ya que también se producen en ellos mismos para protegerse de la fotoexposición:

Estos nutrientes son principalmente los carotenoides (entre ellos beta caroteno o provitamina A), importante para el buen estado de piel y mucosas: presentes en zanahorias, calabaza o en vegetales muy verdes como la espinaca.

También son carotenoides los licopenos de gran poder antioxidante presentes en pimientos y tomates, y la luteína y la zeaxantina presentes en el maíz y otros vegetales de color amarillo o muy verdes, importantes para proteger nuestros ojos de la luz solar. Otros pigmentos y vitaminas antioxidantes son los antocianos en frutas de color rojo oscuro o azulado, así como vitaminas C y E. en frutos, verduras y semillas

Todos estos pigmentos y vitaminas antioxidantes están ampliamente distribuidos en los alimentos de la estación de verano, en frutas, verduras y hortalizas coloreadas o vegetales de color verde muy oscuro. Teniendo una dieta muy rica en ellos nuestra piel estará ampliamente protegida del daño oxidativo de los rayos ultravioleta.

Tomar fruta y verduras rojas como tomate, zanahorias o sandía, actuando como un fotoprotector interno ya que es capaz de absorber los rayos ultravioleta en pequeñas dosis.

Acelera la producción de melanina, pigmento natural fabricado por los melanocitos que son las células protectoras de nuestra piel. Prepara y prolonga el proceso del bronceado y protege al organismo contra los radicales libres.

En cuanto a las cremas protectoras solares: lo mejor es proteger la piel, en la medida que sea posible, al pasear al lado del mar, llevar camisas o blusas de manga larga de color blanco y ligeras, para no siempre depender de aplicar la crema protectora.

Las cremas solares protectoras más seguras, son las que tienen en su composición pantalla mineral o pantalla física, estas se basan en minerales o tierras que ejercen un efecto de reflejo sobre la luz solar e impiden su absorción, estas son el óxido de zinc y el dióxido de titanio. También elegiremos aquellas cremas exentas de parabenes como conservantes y de perfumes sintéticos, ya que tanto filtros químicos solares, parabenos y perfumes sintéticos actúan como disruptores endocrinos sobre nuestro organismo, lo que ha sido demostrado mediante estudios de varios investigadores, entre ellos el español Nicolás Olea catedrático de medicina interna de la Universidad de Granada. Estas moléculas actuarían creando interferencias con nuestro sistema hormonal y están relacionadas con los cánceres hormonodependientes y se las considera como xenoestrógenos. Afortunadamente cada vez se encuentran más cremas solares con estas cualidades.

Entre las plantas medicinales que nos protegen del sol por sus cualidades calmantes, hidratantes, antiinflamatorias y regeneradoras epiteliales, se encuentran: Aloe vera, milenrama, caléndula, manzanilla, avena y lavanda. También hay materias grasas muy benéficas para la protección solar especialmente la manteca de karité, así como el aceite de germen de trigo, aceite de aguacate y de sésamo.

Palmira Pozuelo

Farmacéutica

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