La medicina preventiva es la rama del conocimiento que da recursos suficientes para pre- venir es decir ir a la causa, de la que los procesos, tanto de salud como de enfermedad, comienzan a de-venir y a mostrarse en forma de tal o cual síntoma. No es detectar un problema, cuando este ya es un hecho medible o cuantificable como se ha dado a entender en nuestro tiempo; esta etapa, ya no pertenece a la categoría de medicina preventiva. Habríamos de encontrarle otro letrero. El pre-venir, tiene que ver con el antes de ser.

En la Macrobiótica, le prestamos una especial atención a ese antes, donde se está gestando una condición de equilibrio, que naturalmente fomenta la vida y la salud.

Cuando hablamos de equilibrio, lo hacemos desde un enfoque global. El ser humano es un holograma del Universo, en constante interacción con todo lo que existe en él. Y siguiendo unas mismas leyes que gobiernan desde los seres más microscópicos, hasta los billones de cuerpos celestes que forman cada una de las galaxias de esta pequeña parcela de nuestro Universo. Es evidente que el desconocimiento de estas leyes, no sólo representa una gran ignorancia por nuestra parte, sino un gran inconveniente y lastre en nuestras vidas.

El sentido común, nos aconseja, acercarnos lo más posible a su comprensión y profundizar en ella. Tampoco es tan complicado como puede parecer si nos asomamos por un lado, a la biología, por otro a la química, por otro a la física, visto así, por parcelas. Pero si en vez de perdernos en la multiplicidad de las diferencias, nos remitimos a la esencia de la Unidad, nos encontramos con un holograma único, que funciona con las mismas leyes en los Macrocósmico que en lo Microcósmico.

Esta visión esencial, simplifica mucho las cosas y nos permite dejar la superficie para entrar a comprender lo profundo. Si conseguimos vivir en equilibrio con nosotros mismos y con nuestro entorno, estaremos alineados en la buena dirección: salud, felicidad, buenas relaciones, prosperidad, y podemos llamarlo SUERTE, pero esta suerte es el fruto de un proceso, y este proceso es lo que somos capaces de hacer con nuestra vida.

Todo en el cosmos nace, crece, se transforma y muere, realizando un viaje a través del tiempo-espacio de la mano del Yin y del Yang. Igual que este Universo comenzó con el Big Bang, continúa con él, y acabará con él. Nosotros somos una humilde copia, que seguimos el mismo modelo; una semilla de luz, de autoconsciencia, que desde el nacimiento a la muerte seguimos expandiéndonos hasta el infinito. Y durante este trayecto, que llamamos nuestra vida (aunque mas bien tendríamos que decir, que es este Universo el que vive en nosotros, es su vida en esta forma humana que somos), el Yin y el Yang, nos acompañan entretejiendo la trama de todas nuestras circunstancias y experiencias.

El YANG; la dimensión del Cielo, del Padre, de la Luz de la Autoconsciencia, lo Espiritual, lo Invisible, lo Superior.

El YIN; la dimensión de la Tierra, la Gran Madre, la Materia, la Naturaleza, la que lleva en su Vientre la Semilla Espiritual que se hará carne y sangre y habitará entre nosotros, para traer el Cielo a la Tierra.

Estas dos poderosos energías, forman todo lo creado, lo recrean, lo transforman y lo conducen a su destino.

La Salud es un proceso, la Enfermedad, también. Es un proceso, que en un momento dado, se desvía del cambio del equilibrio. Ambos procesos están íntimamente ligados con estas dos fuerzas motoras.

El día y la noche, el invierno y el verano, el amor y el odio, la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, el trabajo y el descanso, todo es Yin y Yang. Y cuando están en equilibrio, la vida fluye con más facilidad. Esto es la Gran Vida en la que nos enfocamos en la Macrobiótica.

Nos merece la pena, sin duda, conocer estas energías a fondo. ¿Cómo se relacionan entre ellas? ¿Cómo se transforma la una en la otra? ¿Y cómo nosotros podemos alinearnos con ellas, a favor de la Vida? Cuando las podemos reconocer y sentir, podemos entonces aplicarlas a nuestra actividad o descanso, a nuestro trabajo y ocio, seguir sus ritmos en nuestras emociones y formas de pensar, en nuestra comida y bebida, etc…

Los alimentos también son Yin y Yang. Algunos nos relajan, otros nos tonifican, algunos acidifican nuestra sangre, creando una condición de ansiedad y estrés, otros la alcalinizan, unos ayudan a regenerar la flora intestinal, ayudando así al sistema inmune, algunos son un gran refuerzo para los huesos y los riñones, otros se encargan de depurar la sangre y el aparato circulatorio, otros nos desmineralizan, algunos nos endulzan la vida, otros aportan más que nada amargura y nos vuelven más infelices.

Nuestros órganos vitales, no sólo se ocupan de llevar adelante las constantes de vida, a través de las funciones fisiológicas y bajo el control del sistema nervioso autónomo. Además son centros de autoconsciencia, influyen en nuestros sentidos, en la percepción que tenemos de nosotros y del medio ambiente, en nuestra emociones, y nuestro modo de pensar, en nuestras actitudes, creencias, en lo que somos capaces de crear dentro y fuera de nosotros, en lo centrados o perdidos que podemos ir por la vida. Y estos órganos se nutren a través de la sangre, de todas sus necesidades, igual que todas las células que los conforman.

La sangre, con su sustancia vital: el plasma, constituye la base de los demás fluidos del cuerpo, que se encargan de nutrir las células y de limpiar sus desechos.

En un plano orgánico, donde la biología y la química se encargan de mantener la vida a través del equilibrio, esta es la frontera entre la salud y la enfermedad. Significa esto, que si nuestra sangre y nuestros fluidos, se conservan limpios de toxinas, saturaciones, y desechos, fluyendo libremente por el cuerpo y haciendo bien su trabajo, llevarán a todas las células, tejidos, órganos, vísceras, glándulas, huesos y articulaciones, una nutrición acorde con su naturaleza y su necesidad.

¿Dónde se forma nuestra Sangre? Las células madre, en la médula ósea de los huesos largos. Y depende de cómo estén nuestros huesos, la médula roja fabricará una buena muestra y el resto de nuestra sangre hará el resto.

El resto, también es fundamental. Y lo extraemos de la comida, la bebida, el oxígeno que respiramos, nuestro sueño, etc… De todos estos factores, tenemos un gran poder de elección, en lo que comemos y bebemos; esto depende únicamente de nosotros.

Por esta razón, cuando en la Macrobiótica, una persona realiza, a través de la comida, un cambio radical en la calidad de su sangre, cambia todo su proceso. Y este cambio, no sólo afecta a lo funcional, lo orgánico y toda su bioquímica, si no que cambia también su enfoque, la percepción de su experiencia, sus emociones, sus ideas, sus creencias, y muy importante, sus expectativas.

Su sangre limpia ayudará a regenerar la flora intestinal, la gran aliada del sistema inmune, se limpiarán grasas saturadas, azúcares y refinados del intestino que impiden que se metabolicen y absorban adecuadamente los nutrientes que necesitamos, comenzará a sanar el aparato digestivo, que es la pieza clave, y esto tendrá inmediatamente una repercusión en el sistema nervioso central, con el que está íntimamente ligado. El resultado será, una mente más clara, capaz de ver la realidad sin distorsiones creadas por creencias y costumbres, algunas ya obsoletas, un pensamiento que no sólo se dedique a ordenar la información recibida, si no a utilizar su propia capacidad para crear. Empezamos a darnos cuenta, por propia experiencia, del enorme poder que el Universo nos ha concedido, y cómo estamos hechos a imagen y semejanza suya.

El producto animal nos aporta una carga energética, pesada y densa que tiende a enfermar el intestino y nos da una sangre cargada de toxinas y una mente nublada y pesada.

Los cereales integrales, las legumbres, y las verduras, nos ofrecen una energía limpia, ligera y centrada; el resultado es una mente lúcida y cada vez más autoconsciencia. Es justo lo que recomendamos en la Macrobiótica como pilares de nuestra alimentación. De manera muy especial hacemos hincapié en el Cereal Integral, que por supuesto no tiene nada que ver con el Cereal refinado, por su efecto sobre las funciones intelectuales, que nos da una información energética, que nos ayuda vivir en el momento presente. Es en ese momento donde todos encontramos la posibilidad de transformar y sanar nuestra experiencia de vida.

La Macrobiótica, no es la panacea ante la enfermedad, sino que nos ofrece un valioso conocimiento del Universo, de sus leyes, que gobiernan todos los fenómenos. Conocerlas y manejarlas nos proporciona una enorme ventaja a la hora de pre-venir.

Deseo acabar insistiendo en que el verdadero objetivo no es curar enfermedades, ni siquiera prevenirlas. La Macrobiótica nace, desde muy antiguo con el ambicioso propósito de ayudarnos a descubrir el diseño divino dentro y fuera de nosotros, a vivir desde eso que somos, en armonía con todo cuanto existe, para llegar a vivir una Gran Vida.

¿Quién se apunta a llevarlo a cabo en su propia vida, y ayudar así a los demás?

Mª Rosa Casal

Consultora y Profesora Macrobiótica.

Directora de Escuela de Vida

www.escueladevida.es