Si al pensar en Dios saturas de devoción ese pensamiento y lo grabas profundamente en tu interior, mediante la concentración, el Señor del universo acudirá al templo de la supraconciencia a recibir ese pensamiento impregnado de tu amor.

Pídele a Dios que te ayude a realizar todos los nobles pensamientos y las buenas resoluciones que has tomado para este nuevo año. Decide que harás exactamente lo que consideres que debas hacer y que, en ninguna circunstancia, te dejarás intimidar por tus viejos hábitos para obrar de otra manera.

El libro que he estado escribiendo ha sido para mí una gran lección. Yo solía escribir sin revisar nunca el manuscrito, tarea que siempre esquivaba, pero en el caso de mi autobiografía (Autobiografía de un Yogui) he tenido que revisar una y otra vez todos los detalles. El Señor me ha disciplinado, aunque de modo magnánimo, ya que he disfrutado reviviendo aquellas maravillosas experiencias a medida que leía de nuevo su relato. He emprendido muchos proyectos en mi vida: he dado conferencias, diseñado y construido edificios, ejecutado labores artísticas, tocado instrumentos musicales, hecho jardines, fundado una escuela, pero el secreto de mi éxito ha sido siempre la fuerza de voluntad. Puedo decir, en verdad, que el destino es lo que de él hacemos.

Analízate. ¿Qué sucedió con todas tus buenas intenciones y nobles aspiraciones del año pasado? ¿Las dejaste morir por falta de voluntad dinámica para cumplirlas? En este Año Nuevo, toma la firme resolución de no repetir los antiguos errores. Programa tu tiempo. Resuelve que no vas a ser un autómata controlado por el mundo y por tus propios hábitos: ese no es el camino hacia la verdadera felicidad. Debes cambiar; debes ser capaz de cambiar. No basta con un vago deseo de mejorar. Has logrado hacer de ti lo que eres en la realidad, y así mismo puedes convertirte en lo que quieras, pero tienes que utilizar tu fuerza de voluntad. Las rejas con las que nos aprisiona el hábito son más limitadoras que los muros de piedra. Esa cárcel invisible la llevas contigo a donde quiera que vayas. Sin embargo, puedes librarte de ella. Resuelve escapar de la prisión de los hábitos y corre en busca de tu liberación.

Qué aterradora resulta la vida: desde la edad de tres años tenemos que vivir coartados por la tiranía de nuestros hábitos. En mi caso tan pronto me di cuenta que estaba atrapado en la jaula de los hábitos, rompí todos sus barrotes. No podía permitir que los hábitos me ataran y me obligaran a decir: “no puedo hacer esto”, “tengo que hacer aquello”, ”no me hagas eso porque me pones nervioso”, “no puedo soportar el frio” y cosas parecidos.

¿Por qué razón son tan poderosos nuestros hábitos desde una temprana edad? La respuesta es: porque proceden de experiencias acaecidas en vidas anteriores. Nuestras malas disposiciones de hábitos son las marcas de tinta trazadas en la gráfica de nuestra vida por el karma del pasado. Los malos hábitos y los estados de ánimo negativo son más repulsivos que el mal olor del zorrillo ¿Por qué hemos de conducirnos cual mofetas humanas, molestando a los demás y a la vez perjudicándonos nosotros mismos? En una u otra ocasión todos nos hemos comportado de esa manera, puesto que hemos traído con nosotros a esta vida rasgos característicos detestables.

Esos rasgos indeseables pueden, sin embargo, superarse. La mente humana es muy elástica: si tiramos de ella gradualmente llegará a ceder a nuestros tirones. Pero tú ni siquiera lo intentas. Dios nos ha dado poder de sobra para superar todas las pruebas e imperfecciones de nuestra vida. …/…
Toda firme resolución que tomas con una gran determinación puede convertirse de inmediato en un hábito. ¿Por qué no habrías de poder realizar lo que deseas según te dicta la razón? ¡Debes intentarlo! ¡Desecha todas tus faltas!

Reflexiona sobre tus acciones del pasado año. Determina que hábitos inconvenientes has manifestado: Quizá te peleas con la gente, o comes demasiado, o eres envidioso. Toma hoy mismo la determinación de cambiar, y ten la convicción de que jamás volverás a hacer nada de eso. Simplemente piensa para ti mismo: “Paramahansaji dijo que había tenido aversión a corregir sus escrito, pero finalmente hizo también el papel de corrector; y, si él pudo hacer eso, también yo puedo hacerlo”. ¿Por qué no? Personalmente, todo cuanto he intentado llevar a cabo con fuerza de voluntad ha dado resultado y quiero que confíes en esto: si de veras te decides a hacer algo, tú también tendrás éxito. Dios te ha otorgado el poder de pulverizar tus dificultades. “¡Alerta montañas, no me detengáis! ¡Seréis derribadas si no os apartáis!”. Estas palabras pertenecen a un canto compuesto por el gran Swami Ram Tirtha. Y en otra parte del canto dice: “¡Atado a mi carro, el destino va!

Los romanos solían atar a los prisioneros a sus cuadrigas y los arrastraban por el suelo. Esta práctica -¡realmente horrenda!- contiene para nosotros una lección, ya que permitimos que nuestros hábitos nos traten de la misma manera. Deberíamos conseguir que nuestros hábitos fueran los prisioneros y no los captores. Manteniéndolos amarrados a la cuadriga de nuestra voluntad, deberíamos dirigirlos en vez de dejar que nos arrastren. Ser auténticamente libres consiste en hacer lo que sabemos que es nuestro deber, y no meramente lo que queremos hacer por capricho.

Una vez que hayas conseguido cambiar tus hábitos, te dirás a ti mismo: “¡Que fácil resultó hacerlo! ¡Cuán duro he sido conmigo mismo al no haber sustituido los hábitos que entorpecían mi alma por aquellos que traen felicidad!”…/…

Paramahansa Yogananda
Información facilitada por el Centro de meditación de Self-Realization Fellowship

yogananda-srfmadrid.es