¡La profundidad es la clave!

El coaching está de moda y cada vez hay más personas que se interesan por esta poderosa e innovadora metodología. Pero no todos los tipos coaching son iguales. No todos los tipos de coaching tienen el mismo nivel de profundidad, ni miran en el mismo lugar, dentro de la consciencia del coachee, que es como llamamos al cliente en coaching.

Para entender esto podemos utilizar un símil. Visualizad la ilustración superior e imaginad un mar, en un día tormentoso, agitado, con fuertes vientos, grandes olas, rayos y relámpagos y que nosotros estamos nadando y tratando de sobrevivir en medio de esas aguas. Las olas y las fuerzas de la naturaleza nos llevan de un lado a otro y nos sentimos perdidos y desorientados. Pues bien, algo muy parecido ocurre con nuestra mente racional y con nuestras emociones.

coaching Cuadro 1 - El enfoque transpersonal en coaching

Nuestros pensamientos y emociones nos llevan, muchas veces, hacia dónde ellos quieren, sin pedir permiso, ni consultarnos acerca de nuestra auténtica voluntad. Es como si tuvieran vida propia e hicieran y deshicieran a su antojo. Cuando estamos preocupados, frustrados, asustados o nos sentimos ‘perdidos’, nos encontramos ‘chapoteando’ en medio de grandes olas mentales y emocionales, que nos impiden avanzar. ¿Cuántas veces te has sentido arrastrada/o por tus pensamientos y por tus emociones? ¿Cómo te sientes en esos momentos? ¿Cuánto te sientes dueño de tu propia vida?
Si en esos momentos hiciésemos un coaching superficial, a la razón y a la emoción, no descubriríamos nada nuevo. Tan sólo estaríamos removiendo todo aquello que el coachee ya ha pensado y sentido muchas veces y seguiría ‘rumiando’ lo mismo, una y otra vez, sin poder salir del bucle emocional y mental en el que se encuentra.

En cambio, si hacemos un coaching mucho más profundo y bajamos por debajo de la superficie, nos encontramos una ‘realidad’ muy diferente. En el ejemplo del mar, si profundizamos 5 metros por debajo de la superficie, descubrimos un mar transparente y en calma, en el que poder movernos con libertad hacia donde queramos, sin que haya olas, ni vientos que decidan por nosotros. Lo mismo ocurre en nuestro interior. Si bajamos por debajo de la superficie, por debajo de las emociones y de los pensamientos recurrentes, nos encontramos otros dos niveles de consciencia mucho más poderosos: el corazón y la intuición. En el corazón es donde guardamos nuestra genialidad, nuestra creatividad, nuestro gran motor que nos impulsa en la vida y nuestros grandes anhelos. Pero se nos ha olvidado cómo conectar con él y creemos, que el corazón tan sólo es el lugar en el que residen las emociones. ¡Hay mucho más por descubrir dentro de nuestro corazón! pero hay que bajar ahí abajo, para reconectar con él. ¿Cuántas veces escuchamos y hacemos caso a lo que nos dice nuestro corazón?.

Y ¿qué decir de la intuición? ¿Qué decir de esa gran fuente de sabiduría que guardamos en nuestro interior? ¿Cuántas veces conectamos con nuestra intuición? Muy pocas, porque no sabemos hacerlo, ni nos han enseñado a hacerlo. Al revés, nos han enseñado a estar en la mente racional, a racionalizarlo todo y eso sirve para determinadas cosas, pero para muchas otras no. Cuando conectamos con nuestra intuición, descubrimos un mundo nuevo, mucho más claro, más nítido, más sereno, más seguro y mucho más sabio, desde donde podemos ‘pilotar’ nuestra vida acorde a nuestra propia y auténtica voluntad y no al son de nuestro ruido mental y emocional.

El coaching transpersonal profundiza en estos dos niveles de consciencia, para que el coachee descubra verdaderamente algo nuevo, que provoque un cambio real en su vida, un cambio sostenible. Para que un proceso de coaching pueda marcar un auténtico ‘antes y después’ en la vida del coachee y no sea sólo remover aquello que ya conoce, deberá trabajar fundamentalmente en los niveles de consciencia más profundos. Pero para saber ‘trabajar’ en esta profundidad, hay que aprender a mirar hacia dentro y a mirar hacia abajo, cosa que generalmente no sabemos hacer, porque lo que nos han enseñado es a mirar hacia fuera.

Cuando miramos hacia dentro, nos encontramos algo parecido a este símbolo. Observad esta bellota, aparentemente pequeña, pero que encierra en si todo el potencial para convertirse en un árbol magnífico.

Cuando observamos un árbol de estas dimensiones, nos parece algo increíble, un milagro de la naturaleza.

Pues lo mismo ocurre con los Seres Humanos. Dentro de nosotros está esa bellota, para desarrollarnos en seres magníficos. ¡No se conoce el límite de nuestro potencial! ¿Pero cuántos terminamos desarrollándonos en grandes y majestuosos árboles? ¿Hasta dónde has dejado crecer el árbol de tu potencial?

La mayoría de nosotros terminamos viviendo la vida como bonsáis, encerrados en una maceta, siendo pequeños y sin permitirnos crecer. Esa maceta se conforma de todos nuestros miedos y de todas las creencias limitantes que guardamos en nuestro interior, acerca de nosotros mismos (‘Yo no soy capaz …», «Yo no puedo …», «Yo no soy …», etc.) Piénsalo por un momento: ¿cuánto te identificas con ese bonsái?

¡No hemos venido a esta vida a ser bonsáis! Dios, el universo, la naturaleza o aquello en lo que tú creas, no nos ha otorgado un inmenso potencial para meterlo en una maceta. ¡Hemos venido a ser magníficos seres y a desplegar toda la creatividad y genialidad que hay dentro de todos nosotros! Pero para poder hacerlo tenemos que profundizar en nuestro interior, reaprender a ser nosotros mismos y confiar en el poder de nuestra propia unicidad., más allá de lo que digan u opinen los demás.

Pongamos un ejemplo: Wolfgang Amadeus Mozart. Sin duda, uno de los mayores genios de la música pero, al mismo tiempo, una persona difícil, excéntrica y que vivía acorde a sus propios cánones. Ahora imaginad que Mozart hubiese dedicado gran parte de su vida, de su energía y de su tiempo a ser una persona racional, comedida, educada, correcta y que viviera acode a los cánones sociales y a lo que los demás esperaban de él. ¿Qué habría pasado con su música, si se hubiese esforzado en ser como los demás? Muy probablemente, hoy no hablaríamos de Mozart, ni siquiera sabríamos quién es, porque su música habría sido ‘normal’, habría sido como todas las demás músicas de aquella época. Pero al permitirse ser él mismo e impulsar su propia unicidad, salió esa genialidad que tenía dentro. ¡Esa genialidad está dentro de todos nosotros! Pero tenemos que hacer un trabajo profundo para descubrirla. Hay que conseguir trascender el pequeño personaje que creemos ser, para reconectar con el gran Ser que realmente somos.

El coaching transpersonal nos ayuda a reconocer que somos únicos, que tenemos nuestra propia genialidad, nuestros propios dones y nuestra propia manera de aprovechar el potencial que guardamos en el interior. Nos ayuda a vivir la vida acorde a nuestra propia unicidad, aunque alguno que otro nos diga que eso es peligroso y aunque alguno que otro tenga miedo, al ver que nosotros dejamos de tenerlo.

El coaching transpersonal nos ayuda a ‘depurar la mente’, apartando de nosotros esos ruidos mentales y emocionales que nos impiden ver con claridad y que merman nuestra confianza y autoestima, para que pueda salir a la luz
todo lo que realmente somos capaces de hacer. Podremos conseguir, lo que no creíamos posible, antes de iniciar el viaje hacia lo más profundo de nuestro Ser.

Agustín Piedrabuena Alonso

Director de la Escuela Transpersonal de Coaching

www.coaching-transpersonal.com