Aristóteles, uno de los más grandes filósofos y estudiosos de la naturaleza humana de todos los tiempos, dijo en una ocasión: «la felicidad es el propósito último que perseguimos en todos los actos de nuestra vida». Esta afirmación puede parecer exagerada pero si nos paramos a analizarla detenidamente a la vista de nuestra propia experiencia nos damos cuenta de que es una gran verdad. Parece que los seres humanos traemos «instalado de fábrica» ese impulso hacia la felicidad, hacia sentirnos felices, contentos, dichosos, y este deseo profundo interior es una motivación que está ahí, activa en lo más profundo de nuestro ser y que impregna nuestros actos.

La palabra motivación está compuesta por otras dos: motivo y acción, es decir, la razón que encontramos detrás de nuestro actuar.


La felicidad es nuestro propósito vital


Siendo esto así, y siendo la felicidad un anhelo interior profundo de nuestra naturaleza ¿cuántos de nosotros hemos sido educados en el arte de la felicidad? La respuesta es que no muchos porque la felicidad no suele ser una de las asignaturas que tenemos que estudiar en el colegio, el instituto o la universidad. La gran mayoría de nosotros vamos aprendiendo a base de nuestra propia experiencia y del método de prueba y error. Pero esto es como si tuviésemos que reinventar nosotros mismos muchas de las cosas que usamos a diario: nuestros electrodomésticos, nuestro teléfono o nuestro coche. La realidad es que la cultura avanza porque la sociedad va construyendo sobre lo que otros han hecho antes, y en lo relativo a la naturaleza humana ha habido muchos como Aristóteles que nos han precedido, que han estudiado, que han reflexionado, y que han enriquecido el acervo de sabiduría de la humanidad. Si queremos ser felices ¿por qué no aprovechar toda esa sabiduría?

La felicidad, como cualquier otro aspecto de la vida humana, es un arte que se puede aprender y desarrollar. Al igual que podemos aprender una serie de conocimientos que nos permitan diseñar todo tipo de aparatos y artilugios, y llamarnos a nosotros mismos ingenieros, también podemos aprender sabiduría que nos permita ser los ingenieros de nuestra propia felicidad.

Esa sensación de dicha que llamamos felicidad no sólo hace la vida más agradable y nos facilita sentir plenitud, esa plenitud que proviene de la satisfacción de un anhelo profundo, sino que también nos ayuda a tener buena salud, a vivir más años y a tener éxito en nuestro trabajo o en aquello que nos propongamos. Te cuento el caso de uno de los estudios más importantes que se han realizado sobre la relación felicidad-longevidad. Se hizo en un convento en EEUU con 180 monjas. Cada monja, al hacer sus votos en su juventud, escribe un pequeño relato autobiográfico de su vida. Los investigadores leyeron los relatos de las 180 monjas para evaluar la cantidad de felicidad y sentimientos positivos que se expresaba en ellos; con esto dividieron a las monjas en dos grupos: aquellas cuyo relato expresaba una buena cantidad de felicidad y emociones positivas, y el resto. Lo realmente sorprendente vino después cuando pudieron comprobar que el noventa por ciento del grupo más feliz seguían vivas a los ochenta y cinco años frente a sólo el treinta y cuatro por ciento del otro grupo. La evidencia era clara: las monjas más felices vivían más. Por lo tanto ese dicho popular que reza: la felicidad pone vida a tus años, hay que completarlo con este otro: … y años a tu vida.


Se puede aprender a ser feliz


Muchos estudios como el anterior se han hecho para comprobar el impacto que sentirnos felices tiene en nuestra vida. La medicina mente-cuerpo ha obtenido muchas evidencias de la relación entre salud física y bienestar emocional, pero también hay muchas otras investigaciones que muestran cómo nuestro rendimiento en el trabajo y nuestra capacidad de logro se ve fuertemente impactada por nuestro estado de felicidad. Cuando nos sentimos bien se despliegan con más potencia todos nuestros conocimientos, habilidades y capacidades, y esto nos ayuda a lograr lo que persigamos o a sacar adelante nuestro trabajo diario, además con el añadido de que disfrutamos del proceso y de nuestro día a día.

Seguro que te estás preguntando: … ¿y cuál es ese arte de la felicidad? La respuesta a esta pregunta no es inmediata porque hay mucha sabiduría que los seres humanos hemos desarrollado y que aporta ideas. No hay nada más que leer a los grandes autores y libros desde Aristóteles, Cervantes, Shakespeare y Homero hasta la Biblia, el Bhagavad Gita o el Tao Te Ching para obtener sabiduría que nos ayude. Junto con ellos, hace unas décadas apareció en el ámbito de la psicología una nueva corriente a la que se denominó psicología positiva y cuyo objetivo fue convertir a la felicidad en un objeto de estudio científico para poder contribuir a la felicidad y plenitud de las personas. Ese abordaje más científico y menos filosófico es lo que le ha valido el sobre nombre de ciencia de la felicidad.

Ya que la felicidad es un concepto abstracto, y como tal difícil de manejar, la psicología positiva se ha centrado en la experiencia de sentirnos felices, cuyos componentes son las emociones positivas -alegría, entusiasmo, disfrute, amor, placer, esperanza, ilusión…-, y en estudiar vías para llenar nuestra vida de estas emociones. Esto baja la felicidad del mundo de lo abstracto al de lo concreto, y por lo tanto más fácil de manejar.

El arte de la felicidad es el arte de vivir contentos y dichosos, y esto lo podemos conseguir llenando nuestra vida de emociones positivas.
¿Cómo? Pues incorporando determinados hábitos en nuestro vivir diario, hábitos como los siguientes diez:

1. Pasar tiempo con la familia y los amigos
2. Mirar tu vida con los ojos de la gratitud
3. Mirar tu futuro con optimismo
4. Realizar actos altruistas
5. Tener sueños y metas
6. Saborear los placeres
7. Tener aficiones
8. Vivir una vida comprometida
9. Querer lo que tienes
10. Mirar el lado divertido de la vida

Cuantos más de estos hábitos incorpores a tu vida más felicidad experimentarás. Al final, la felicidad es un resultado que obtenemos de cómo vivimos.

Juan Manuel Martín Menéndez
Escritor, conferenciante y autor del libro «Que tengas un gran día»
www.quetengasungrandia.com