Las dietas hiperproteicas para adelgazar, como la dieta Dukan o la Dieta del Dr. Atkins, han alcanzado un auge en estos últimos años como solución fácil y rápida para la pérdida de peso. La dieta Dukan promueve una altísima ingesta de cárnicos y proteínas animales. ¿Pero porqué están de moda las dietas altas en proteína? No será porque tengamos una carencia de alimentos proteicos en la dieta, mas bien al contrario. La ingesta de proteína en España cubre el 173% de las recomendaciones en varones de 20 a 39 años, y el 228% en mujeres de la misma edad.

Este tipo de dietas gozan de popularidad porque funcionan a la hora de perder peso pero sobre todo funcionan eliminando el aspecto privativo de las dietas, ya que permiten comer cantidades abundantes de los alimentos permitidos ricos en proteína y en algunos casos grasas. Da la impresión de que es un camino fácil hacia el éxito.

La persona que realiza la dieta puede tomar muchas carnes, pescados, huevos o productos lácteos de los que se haya eliminado el componente glucídico. Habitualmente esta dieta incluye algo de frutas o verduras. Sin embargo, existe el riesgo de anular el principio fundamental de la dieta si se usan en exceso, por encima de una ingesta muy limitada.

El principio que hay detrás de estas dietas es que durante la descomposición normal de grasa en dióxido de carbono y agua, que libera energía, es necesario que se descomponga al mismo tiempo una cierta cantidad de carbohidratos. Este hecho se explica con la expresión de que «la grasa se quema en la hoguera de los carbohidratos».

Este es el motivo por el que funciona la dieta. Las calorías procedentes de la grasa ingerida se están excretando, en vez de estarse «quemando» en las rutas oxidativas del organismo. El organismo no obtiene energía de estos cuerpos cetónicos «perdidos», y no tiene una grasa que almacenar en los depósitos de grasa. La persona tiene la satisfacción de poder ingerir calorías en forma de grasa, la mayoría de las cuales se eliminan del organismo sin ser utilizadas.

El más reciente Consenso para la prevención y el tratamiento de la obesidad de la Federación Española de Sociedades de Alimentación, Nutrición y Dietética (FESNAD), no sólo no avala la capacidad adelgazante de las proteínas, sino que señala claramente que «el elevado consumo de carne y productos cárnicos podría incrementar la ganancia de peso y el perímetro abdominal».

Las dietas hiperproteicas tienen, en todas sus variaciones, un marcado desequilibrio de macronutrientes que puede predisponer a largo plazo a afecciones crónicas como las enfermedades cardiacas o el cáncer. Son sobre todo dietas muy altas en sodio y bajas en potasio y magnesio. También se puede producir un aumento en la pérdida de calcio debido a la elevada ingesta de proteínas. Esto puede no preocupar a una persona que vaya a hacer la dieta durante un período de adelgazamiento de 3 meses, pero puede ser peligrosa su utilización a largo plazo.

Estas dietas tienden a ser también bajas en vitamina C, que se encuentra sobre todo en frutas y vegetales crudos. Los altos niveles de ácido úrico que se producen a partir de los alimentos proteicos pueden ser peligrosos para aquellas personas con predisposición a padecer gota. Estas dietas tienen un alto contenido en colesterol, a menudo producen náuseas, hipotensión y fatiga. El exceso de proteínas también puede dar lugar a acidosis (exceso de ácido en los tejidos) que puede ser también peligrosa. La acidosis genera toxicidad y una propensión a padecer enfermedades de tipo inflamatorio.

La utilización de suplementos de micronutrientes y vitaminas es obviamente importante con estas dietas para minimizar sus efectos secundarios. Pero el problema no es solo a nivel nutricional, también es importante como nos afectan en nuestra relación con el peso y los alimentos.

Este tipo de dietas no nos enseñan a comer mejor, sino que nos ofrecen una ruta fácil a la pérdida de peso que no implica la conciencia interna de que es lo que nuestro organismo necesita y en que cantidades. No nos enseñan a entrar en contacto con nuestras necesidades calóricas reales sino que permiten que sigamos comiendo en exceso privándonos a cambio de un componente de la dieta fundamental como son los carbohidratos que siempre que sean integrales y complejos son necesarios para la salud.

Es cierto que los carbohidratos refinados están desprovistos de nutrientes y generan un aumento de grasa y peso corporal. Pero los carbohidratos integrales como los que se encuentran en el arroz integral, el mijo, las legumbres y los vegetales, son necesarios ya que nos aportan microminerales y macrominerales como el magnesio y añaden un componente de saciedad importante a la hora de perder peso.

Se conseguirá una pérdida de peso definitiva cuando nuestra relación con la comida cambie. Es decir cuando seamos capaces de disfrutar igual de una comida moderada y saludable que de una alimentación alta en grasas o carbohidratos refinados. El problema es que evitando los carbohidratos durante un periodo de meses creamos un deseo mayor de carbohidratos al ser el alimento prohibido. La persona que acaba una dieta hiperproteica de varios meses termina la dieta deseando comer un plato de pasta o un bocadillo o una pizza. Esto es justo lo que queremos evitar si queremos perder peso de manera definitiva.

En cambio si empezamos a comer para nutrirnos bien y aportar salud y bienestar a nuestro organismo, en vez de comer para adelgazar, entonces la relación con la comida cambia. Pues dejamos de verla como algo que nos engorda, es decir, nos agrede de alguna manera y empezamos a considerarla como algo que nos apoya, nos nutre y nos equilibra si la valoramos por lo que realmente es.

Elena Perea

Diplomada en Nutrición

Ortomolecular

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