El sodio y potasio en sus formas ionizadas son de fundamental importancia en el funcionamiento del organismo. Una alteración en la proporción de estas sustancias puede ocasionar daños severos, tanto crónicos como agudos, a nuestra salud.

La incapacidad para mantener los ratios entre estos minerales, a corto plazo, puede provocar una pérdida de funcionalidad. Las fluctuaciones agudas pueden poner en riesgo la vida misma, sobre todo si los niveles en sangre de estos metales se vuelven severamente anómalos. Afortunadamente, pueden recuperarse fácilmente rectificando las proporciones entre ellos. Por otro lado, las alteraciones a nivel tisular que se han mantenido largo tiempo, si bien al principio pueden no resultar letales, con el tiempo provocan la aparición de enfermedades que amenazan la vida y el bienestar de las personas.

En términos generales, los médicos ortodoxos reconocen los riesgos de un desequilibrio de tipo agudo, es decir de una ingesta muy elevada durante un plazo corto de tiempo de sodio o de una pérdida severa de potasio, pero no tienen en cuenta las consecuencias a largo plazo de un desequilibrio de tipo crónico. A los desequilibrios crónicos normalmente se llega a través de una ingesta continuada de sal unida a otros factores como un bajo consumo de vegetales frescos crudos, una falta de magnesio o un exceso de productos lácteos.

El potasio se encuentra normalmente en los vegetales pero se pierde y pasa al líquido de cocción cuando estos son cocinados, con lo cual lo podemos obtener de la dieta si comemos habitualmente vegetales crudos o tomamos caldos de verduras. El sodio se encuentra en la sal común pero tambien es añadido a casi la totalidad de los productos procesados y se encuentra especialmente en abundancia en quesos y productos lácteos. Hoy dia con la dieta actual podemos llegar a multiplicar por 15 las necesidades reales de sodio y en cambio no llegar a las necesidades básicas de potasio.

En la medicina nutricional, observamos cómo la falta de equilibrio entre sodio y potasio contribuye a problemas crónicos en la bioquímica celular, volviendo a las células menos vitales y predisponiéndolas a fallos en su funcionamiento. Debido a los efectos negativos del desequilibrio sobre las enzimas, las células producen menos ATP y, posteriormente, se vuelven más vulnerables a deficiencias nutricionales o a problemas del sistema inmunológico. Los médicos ortodoxos no le dan importancia al desequilibrio crónico mientras no se presente una enfermedad determinada. Sin embargo, nuestra experiencia ha demostrado que las personas con un desequilibrio crónico entre sodio y potasio, tienen problemas en la absorción de micronutrientes provenientes de la alimentación y los suplementos nutricionales. Es más, este equilibrio es un factor clave que debe ser tenido en cuenta desde el principio de la terapia dado que puede provocar que otras medidas del tratamiento no surtan efecto.

Las células afectadas por este desequilibrio son menos resistentes a infecciones, no pueden cumplir sus funciones adecuadamente, están debilitadas y son más propensas a morir que las células normales.

Por eso es fundamental usar dietas que no abusen de los mecanismos para mantener los niveles de sodio y potasio equilibrados. Un exceso de sal durante mucho tiempo puede afectar la capacidad del cuerpo para mantener este equilibrio. Pero el consumo diario de sal no es el único factor a tener en cuenta. La deficiencia y el desequilibrio de otros nutrientes aparte del sodio y el potasio pueden entorpecer el mecanismo para bombear el sodio fuera de la célula y el potasio hacia adentro. Esto es especialmente cierto con algunos de los micronutrientes. Las células que están desnutridas se ven amenazadas más fácilmente por altos niveles de sodio y bajos niveles de potasio que las células normalmente sanas.

El sodio y el potasio pertenecen al grupo de los llamados macrominerales (o electrolitos). En el citosol de la célula los macro minerales son necesarios para crear un medio interno favorable a la acción de las enzimas y el funcionamiento normal del metabolismo. No sólo tienen que estar presentes sino que sus proporciones relativas son cruciales para el buen funcionamiento de los procesos dinámicos de las células.

Debido a que el sodio y el potasio son los metales ionizados con mayor presencia en las células, resultan fundamentales para la presión osmótica y la potencia iónica.

Por la misma razón, son necesarios (junto con otros electrolitos) para mantener la presión osmótica de los fluidos extracelulares como la sangre y el fluido intersticial. También controlan el movimiento de agua dentro y fuera de las células y tejidos y previenen la retención de líquidos y los edemas. Al hacer esto, controlan el ambiente externo de la célula y, a la vez, mantienen las propiedades funcionales y estructurales de las proteínas disueltas en fluidos como la albúmina del plasma y las globulinas.

Por tanto, el sodio y el potasio están íntimamente involucrados en el control de las contracciones musculares y los impulsos nerviosos.

Evidentemente, el estatus nutricional del sodio y el potasio y el ratio entre ellos son factores muy importantes y con el tiempo pueden aparecer síntomas y molestias cuando no están en equilibrio. Es más, aunque la persona no presente ningún síntoma, puede volverse más vulnerable a enfermedades crónicas.

Elena Perea

Nutricionista Ortomolecular

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