Las emociones están presentes en la vida diaria y hacemos alusión a ellas de manera constante en el día a día tanto en las charlas que mantenemos, en las canciones que escuchamos, en los estados que reflejamos en la redes sociales… relacionándolas “a la ligera” con aquello que “sentimos”.

Sin embargo cabe preguntarse si hay realmente una conciencia lúcida de lo que son las emociones y cuál es su función en realidad.

¿Y qué es una emoción?

La emoción es una combinación de reacción química, eléctrica y fisiológica que envía información al cerebro y lo prepara para la respuesta inmediata.

Actúa a modo de SENSOR INTERNO que nos señala que hay energía que se pone en movimiento ante ciertos acontecimientos asociados a heridas personales y a la propia personalidad, que nos hacen reaccionar según la intensidad y el tipo de emoción que se pone en acción.

Hay emociones primarias de supervivencia, como el miedo, la tristeza y la ira, y otras de carácter más social, como la vergüenza, la culpa y la envidia. Y hay emociones “superiores” vinculadas a los estados de “alta vibración” como la gratitud, la compasión, la empatía y la serenidad.

Si bien existe el término extendido como tal, NO existen emociones positivas o negativas. Lo que marca la diferencia es la propia interpretación según el propio mapa personal de percepción. Sentirlas es lícito, natural y humano.

Todas tienen su función y nos prestan un servicio. En el equilibrio de las mismas encontramos el estado saludable, siendo el exceso o el defecto lo que inclina la balanza hacia el desequilibrio y la desarmonía, ya que cuando hay un exceso o una deficiencia en una de ellas, otras relacionadas se ven afectadas, como ya apuntaba la Medicina China con su visión holística.

De ahí, que el aprender a identificarlas, y gestionarlas de manera armoniosa sea necesario para nuestro bienestar.

Los seres humanos, al contrario que los animales, solemos acumular estos excesos sin permitir la liberación. Cuanto más acumulamos y reprimimos, más se desequilibra el sistema en conjunto.

La mente nos hace cuestionarnos todo desde ”la razón del neo córtex” con sus filtros. Uno acaba cuestionando qué es apropiado sentir, y qué no, cómo sentirlo para que sea aprobado “socialmente” según lo establecido y qué no. Colgamos etiquetas, nos comprimimos, nos adecuamos. Las creencias arraigadas en alguna temprana edad de desarrollo juegan su baza y la combinación está servida en forma de bloqueo.

Y es que LA EMOCIÓN TIENE GRAN IMPACTO DE REGISTRO EN LA MEMORIA EVOLUTIVA. Lo que nos hace SENTIR queda grabado. Recordamos lo que nos desborda, lo que nos exalta, lo que “marca”. Grabamos momentos felices asociados a gozo y alegría mayúscula, así como escenas de dolor que nos afectan y condicionan nuestras actitudes y acciones por la interferencia del recuerdo relacionado.

A estas bolsas energéticas de trauma, podríamos definirlas como “emociones atrapadas condicionantes”. NO han sido digeridas, procesadas y liberadas. Y que de no ser atendidas pueden ser muy perjudiciales.

 

¿En qué consiste la Terapia de Conciencia Emocional?

El primer paso es identificar las emociones, reconocerlas, y aceptarlas. No es habitual el entrenamiento natural desde la infancia dada la escasa educación en inteligencia emocional.

Atenderlas, darse el permiso, sin negar sentir aquellas que etiquetamos de “negativas”- esas que con facilidad vemos en otros, pero no en nosotros mismos- , o que “otros” nos despiertan, ya es un acto reparador.

Y para ello, la vida, cómplice y paciente, hace de las suyas regalándonos relaciones, situaciones y conflictos que “nos reflejan” – a modo de espejo externo-, lo interno. Y si estamos atentos a esos sensores, nos damos cuenta.

 

AQUELLO QUE ME MUEVE INTERNAMENTE, HABLA DE MÍ

 

Una vez “vistas”, en la terapia a través del auto conocimiento y su DARSE CUENTA, se ayuda a la persona a “escucharse”, tomando conciencia de los patrones y las heridas internas. Se promueve la liberación de aquellos acúmulos que causan daño. Y se entrena, ya que no todas las personas tienen facilidad para conectarse con lo sentido, ni pueden distinguir o nombrar lo que sienten, ni son conscientes de sus emociones atrapadas condicionantes. No captan el mensaje que vienen a entregar, ni saben cómo deshacerse del malestar que producen. Incluso algunas están sepultadas en el inconsciente y el trabajo se vuelve más profundo para lograr desentrañarlas de raíz.

En ese caso el acompañamiento terapéutico es recomendado para facilitar un marco donde mirar hacia dentro dándose el espacio y el tiempo necesario para contactar con lo que uno está sintiendo, dónde lo está sintiendo en el cuerpo, a qué está asociado y qué lo produce. Si está vinculado a un recuerdo pasado traumático o a la anticipación de un futuro incierto, así como para darle forma articulando en lenguaje lo sentido incrementando la toma de conciencia y decidiendo la acción posterior.

 

Algunas herramientas para la liberación de las emociones atrapadas. La psicoterapia, el Focusing o Presencia en la Emoción, la atención plena o Mindfulness, E.F.T -, Técnica de Liberación Emocional que estimula puntos energéticos en los meridianos activando el flujo, el EMDR-, así como técnicas más catárticas como la respiración holoscópica, las terapias energéticas o la Hipnosis Regresiva para revivir el momento traumático en que se grabó la emoción y desbloquearla.

 

Mayla J. Escalera
Terapeuta Transpersonal. Psicología Práctica.
Hipnosis Regresiva. Conciencia Emocional.
www.sendadeluz.com