La expresión de lo que somos conduce a la amabilidad, mientras que la negación de lo que somos nos lleva a la frustración y engendra la ira.

El sentimiento de ira puede ser consecuencia de ciertos estados de salud, como la inflamación del hígado sobrecargado por el uso de medicamentos o sustancias tóxicas de cualquier tipo. Normalmente el hígado se encarga de eliminar las sustancias tóxicas que ingerimos, o que segrega el propio cuerpo para que no afecten a nuestra salud, sin embargo, cuando el hígado está dañado, estos venenos se acumulan en el torrente sanguíneo y esto afecta al cerebro. Otras causas pueden ser el hipertiroidismo, bajos niveles de glucosa en sangre que pueden desequilibrar la serotonina, ciertas sustancias químicas, como las estaninas para reducir el colesterol y prevenir las enfermedades cardíacas, los somníferos como las benzodiazepinas indicados para el tratamiento de la ansiedad y el insomnio. Trastornos como el Alzheimer, la epilepsia y la depresión también pueden provocar irritación, enojo y agitación.

Más allá de sus causas bioquímicas, la ira, la cólera o la rabia son auténticos venenos para nuestro hígado, manifestaciones de un sentimiento que genera sufrimiento en nosotros y a nuestro alrededor.

El aspecto negativo de la ira, es que se trata de una PASIÓN (del verbo pati, patior), en el sentido original de esta palabra, que es “padecer, sufrir, tolerar”.

La ira tiene una relación directa con la expresión del SER y con la inhibición del SER.

El SER

Aquello que somos busca expresarse en el mundo a través de lo que hacemos y de lo que decimos. Somos sociables por naturaleza y necesitamos comunicarnos con otras personas. Cuando esta comunicación sucede de manera fluida y natural, nuestra relación con el mundo es amable y reconfortante para todos.

Por otro lado, la sensación de sentirnos impedidos para manifestar hacia el exterior aquello que somos y sentimos, nos genera una profunda sensación de frustración, que con el tiempo se convertirá en resentimiento (una forma de ira contenida), la cual explotará en cualquier momento dañando a otras personas, o volviéndose hacia nosotros bajo la forma de algún tipo de enfermedad, hepatitis, insomnio, ansiedad…

En resumen, podríamos decir que la ira surge ante la dificultad para ser.

EL AGUA

Lo que somos es vida, vida que se manifiesta como vida y que fluye como vida. La vida adopta las cualidades del agua, el agua hace que la vida surja, sin agua no existe la vida, esto debería darnos que pensar…

El agua se adapta a los obstáculos, los rodea, penetra entre las grietas, y adopta diferentes formas. Nubes, hielo, plantas, árboles y animales, todos somos manifestaciones de la vida a través del agua.

Cuando el agua se estanca, se pudre y provoca enfermedades, y cuando se hiela se vuelve frágil, así vemos que cuando el agua pierde su cualidad de fluir, a la vida le resulta más difícil progresar.

La naturaleza de la vida es fluir y cuando no fluye se producen estancamientos o bloqueos. Podemos ver a diario como cuando no expresamos lo que sentimos o no decimos lo que pensamos ante las cosas que nos molestan, todo esto nos lleva a situaciones de frustración que desembocarán en resentimiento e ira.

EL FUEGO

Somos una gran cantidad de agua caliente, alrededor de unos 36-37 grados. El fuego es lo que necesitamos para calentar nuestra agua, tanto el calor orgánico en nuestro cuerpo, como el calor que prodigamos en las relaciones humanas. Este último tiene que ver con la consciencia y la comunicación, es decir con la capacidad de conocer e integrar las experiencias de la vida y la habilidad de comunicarlas a los demás.

La vida es una experiencia, no una teoría ni un concepto. Las personas sabias, lo son porque están llenas del conocimiento que nos aporta vivir la vida con autenticidad. Lo verdadero lo guardamos en el corazón; todo el mundo cuando se refiere a expresar la verdad se lleva la mano al corazón, nunca a la cabeza…

Por eso la verdad sale de lo que el corazón conoce y la palabra sincera es sagrada. Antes se daba la palabra y su valor era oro puro. Hablar con sinceridad, evita que se produzcan estancamientos y bloqueos de energía.

EL HÍGADO Y LA ACCIÓN

Nos queda el hacer y el movimiento. Ya hemos visto que la vida es fluir, aceptar lo que viene, contemplar el mundo y sus cosas desde el corazón, buscando siempre lo auténtico, y dirigirnos a los otros de la misma manera, con claridad y con verdad.

El fluir de la vida, requiere de la acción para materializarse. Suceden cosas y en consecuencia actuamos y nos ponemos en movimiento. Lo que somos se manifiesta a través de lo que hacemos.

En este sentido, el hígado es el órgano que se encarga principalmente de actuar, es como el general en la batalla, que constantemente está desarrollando nuevas estrategias para adaptarse a las situaciones cambiantes de cada momento.

Es el perfecto aliado del fluir del agua, como el árbol que a través de su ser árbol, manifiesta la grandeza del agua en forma de vida y también tiene como cualidad la flexibilidad. Cuando la energía del hígado se estanca, aparece rigidez en los músculos y tendones y el carácter se vuelve rígido. Esta flexibilidad es sumamente importante para no acumular ira. Aceptar lo que es tal como es y no como quisiéramos que fuera, nos libera de la carga de resistirnos a ello y de la frustración de ver que el mundo no siempre cumple con nuestras exigencias.

Esto no significa que permanezcamos indiferentes ante las injusticias, o que no hagamos nada por mejorar las cosas. Es como el bambú que se dobla cuando sopla el viento, pero que siempre vuelve a su posición vertical.

Cuando actuamos con naturalidad y hablamos desde el corazón, no puede surgir la ira.

 

Janú Ruíz
Instructor de Qi Gong
chikungtaojanu.com