Extracto del libro «Yoga y Meditación para niños. El Gato Yogui y  el bosque que meditaba»
un precioso cuento escrito por Violeta Arribas

Los cuatro niños avanzaban con entusiasmo por el maravilloso bosque, no sabían por qué, pero cada vez se despertaba en ellos más admiración hacía esos magníficos árboles cada uno con formas y matices diferentes que parecían a la vez observarles y protegerles.

Todavía seguían comentando su encuentro con Padme cuando tras una curva muy cerrada de la senda, apareció una pequeña laguna rodeada de castaños y robles. Allí en las tranquilas aguas de sus orillas, un extraordinario y apacible grupo de esbeltos ciervos saciaban su sed. Otros estaban tumbados bajo los árboles como disfrutando de una agradable pausa.

Marco, Sara, Carmen y Leo, no recordaban haber visto una imagen tan bonita en sus vidas, la paz que había en ese lugar casi se respiraba. Tener de pronto la visión de los majestuosos ciervos en la naturaleza era tan raro como sobrecogedor y siempre estuvo envuelto de un halo misterioso y mágico.

El llamado Señor del Bosque, había inspirado numerosas leyendas en la antigüedad. Se le creía portador de sabiduría, unión de la tierra y las regiones elevadas del cielo (cuerpo y alma), y también de lo animal con lo vegetal, siendo representadas sus astas como ramas del árbol de la vida. Además, se le relacionaba con la belleza, la bondad, la inocencia, pero por encima de todo con la calma y la paz.

Un pequeño petirrojo juguetón y curioso se posaba un instante en las cuernas de un gran ciervo, exhibiendo su pecho de plumas anaranjadas para mayor alegría de los infantiles ojos. Luego salió volando hasta una ramita de un roble.

Sara para poder ver mejor, dio un paso adelante y sin querer pisó una rama cuyo ruido al partirse sobresaltó a todos los ciervos que levantaron y giraron sus cabezas hacia los pequeños, emprendiendo de inmediato una veloz huida hacia el interior del bosque.

Todos, menos uno. Un hermoso y enorme macho se quedó inmóvil mirándoles fija y altivamente sin temor, luciendo su impresionante cornamenta. Al darse cuenta los críos, siguieron avanzando hasta él, admirando cada detalle de su elegante figura.

— Os estaba esperando —al fin dijo el Señor del Bosque—, tenemos al parecer un tema que tratar que os afecta a todos los niños y jóvenes del mundo moderno, venid aquí y sentaos conmigo.

Los niños que todavía no salían de su asombro de poder oír a los animales, enseguida le hicieron caso, ansiosos por escuchar y contemplar a esa criatura tan hermosa que enseguida prosiguió su discurso:

—Quiero hablaros de una sensación desagradable que por lo visto conocéis y que se caracteriza por estar muy intranquilo y nervioso, incapaz de pensar con claridad, concentrarse o estar sin hacer nada. La mente en ese estado va a un ritmo muy veloz de pensamientos, quiere hacer muchas cosas a la vez, es como una radio interna con cuatro canciones al mismo tiempo que confunde, agita y agota.

Algunos lo llaman estrés, otros ansiedad. ¿Os suena algo de lo que estoy hablando?

Carmen habló tras ir asintiendo un rato con la cabeza:

—Desde luego, es como le decía Sara al gato, a mí también me pasa sobre todo cuando estoy fuera del colegio. ¿Por qué ocurre esto?

—Bueno, veréis —continuó el ciervo—, estar algo nervioso en ocasiones es natural de hecho, nos hace responder mejor ante un examen, buscar ayuda cuando hay un problema real o escapar ante un peligro y poneos a salvo, el problema empieza cuando se está muy nervioso y de forma casi continuada, sin motivos de peso. Los humanos habéis perdido la magia de la simplicidad y vuestro ritmo natural, habéis perdido el equilibrio.
En este planeta, para que funcione bien todo debe existir un equilibrio entre dos fuerzas opuestas: día y noche, subida y bajada de las mareas, el frío y el calor de las estaciones. En los animales y el ser humano igual: inhalación y exhalación, comida y actividad (que es la energía que entra y la energía que sale), tensión y relajación.

¿Qué le ocurre Sara a las cuerdas de tu violín cuando se tensan mucho? —Se pueden romper —contestó la niña.

—¿Y si no las tensas lo suficiente? ¿si están flojas? —Preguntó de nuevo el ciervo.

—Entonces no suena bien, no puedes tocar —respondió Sara.

—Pues a vuestra mente y vuestro cuerpo le sucede lo mismo, para estar “sonando” de manera armoniosa y sin romperse, sin enfermar, necesita equilibrio entre tensar o activar y soltar.
Es como un coche teledirigido que si está encendido todo el tiempo se quema el motor o se acaban las pilas.
Hoy en día, en especial los niños estáis permanentemente encendidos pues vivís bajo cuatro excesos: demasiadas cosas, demasiadas opciones, demasiada información y demasiada velocidad.
El resultado es que, en lugar de estar mejor estáis siempre alerta, desbordados y a veces perdéis la ilusión y la capacidad de sorprenderos.
Es muy necesario estar tranquilo e incluso aburrirse para desarrollar la creatividad y sentirnos bien.

¿Habéis visto qué tranquilos y satisfechos estábamos mis hermanos y yo aquí en la laguna? Para ello lo primero que el yoga nos regala es el arte de la relajación. Os hago entrega pues en este pergamino de unas fantásticas ideas y actividades de Yoga, para hacer pausas a lo largo del día, donde apagar el ordenador mental y recargarse de energía, claridad y paz, como la que tenemos los cervatillos.

—Muchas gracias Señor del Bosque —dijo Leo, que estaba flipando con el sabio animal, mientras recogía el pergamino.

El gato yogui - Yoga y meditación para niños

Cómo vencer al villano del estrés

  1. Posturas, respiraciones y relajación de yoga para cuando estamos nerviosos
  2. Visualizaciones y meditaciones para relajarse
  3. Consejos y juegos para dentro y fuera de casa.

 


(Estos consejos y juegos se detallan en el libro de Violeta Arribas  «Yoga y Meditación para Niños. El Gato Yogui y el bosque que meditaba» (ed. Oberon. A la venta en Amazon) junto con todas las técnicas de cada grupo)

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