La vida nos brinda aquellas relaciones de pareja y situaciones propicias para nuestro crecimiento. Desde la visión transpersonal donde existe un para qué en todo acontecimiento, la mirada a la pareja se sostiene desde la oportunidad de desarrollo que contiene la vivencia con la persona que nos acompaña como pareja. Por ello cabe resaltar la importancia que tiene ese darnos cuenta de aquello que la relación nos señala de nosotros mismos.

A la pareja la elegimos y nos elige. Y esa elección y la simbiosis que se produce que hace que dos personas se conviertan durante el tiempo que dure la relación en compañeros de vida y camino, no es casual.

 

¿Qué es lo que nos hace comenzar una relación de pareja con una determinada persona y no con otra?

Desde la química que estimula la atracción inicial a esa razón profunda con apariencia de “nosequé” sutil y toda una serie de características en el perfil del otro, hacen que nos decantemos por una pareja u otra. Si tenemos en cuenta la infancia, la biografía emocional y el bagaje evolutivo de cada cual comprendemos de manera evidente que ningún vínculo es fortuito.

Buscamos la compañía, la complicidad, la sintonía y sin duda, también sanar heridas del pasado o comprender rasgos de nosotros mismos a través de la función de espejo que el otro nos ofrece.

Proyectamos nuestras necesidades y nos enamoramos exactamente de lo que necesitamos para que nuestro nivel de conciencia se permita dar un salto evolutivo – si somos conscientes de ello-.

Buscamos la compensación de carencias encontrando en perfiles parecidos del pasado el alivio, la reparación o la repetición de patrones. De ahí surge a menudo la imposibilidad de romper relaciones basadas en roles sustitutos, a pesar de que a nivel amor de pareja se siente que la relación no da más de sí. No se es consciente de que en realidad lo que cuesta es “abandonar a papá o dar un disgusto a mamá”.

Muchas relaciones se sostienen de manera inconsciente sin un ápice de conciencia en lo que esa unión representa y regala, no siendo evidente el enfoque de la misma hacia el crecimiento y el desarrollo. Nuestro modo de relacionarnos, el tipo de apego que tenemos y las sombras propias o de la pareja, son algunas de las perlas de comprensión que el hecho de estar en pareja empleando la consciencia, nos permite indagar en pro del autoconocimiento.

Los cimientos de la pareja suponen un íntimo compartir, un proyecto en común, ayuda mutua en el vivir, y cuando el apego del vínculo es sano y seguro, resulta una experiencia de la expansión del amor más hermoso.

El amor de pareja bien merece la pena cuidarlo permaneciendo atentos al devenir de sus fases y sus diferentes tramos según la evolución de cada parte integrante.

Una buena comunicación es la base para el buen funcionamiento de la pareja. Sin embargo, subyacen a menudo muchos resentimientos, reproches, expectativas, exigencias, decepciones, emociones bloqueadas, problemas en la sexualidad, diferentes ritmos, escala de prioridades, modo de educar a los hijos, necesidades no expresadas, que poco a poco van minando la salud de la relación y pueden derivar en ruptura.

Poner el foco, no sólo en lo que el otro no me da o hace mal, si no en la asunción de la propia responsabilidad marca la diferencia en cuanto al rescate de la pareja y el resurgir de ambos desde lo más bello del Ser.

Una buena terapia de pareja fomenta ese espacio de comunicación guiada donde afrontar los conflictos desde un lugar de respeto e inteligencia emocional no exento por ello de sinceridad y apertura, que permite la toma de decisiones maduras tanto para honrar la relación, agradecer y soltar extrayendo el aprendizaje, como para desempolvar el amor cuando está cubierto por silencios y desencuentros, y lograr reencontrarse.

 

Mayla J. Escalera

Terapeuta transpersonal especializada en expansión de conciencia.
Terapia de Pareja.

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