“Vivir es fácil. Solo se necesita un requisito fundamental, ser valiente. Para poder sentir la Vida precisamos atrevernos a ver nuestras sombras. Es en nuestras sombras nutricias donde encontramos la energía que nos permite crear y ser lo que estamos destinados a ser, seres humanos completos.”

La flor de loto asienta sus raíces en el fondo del estanque, donde está el lodo, y es el lodo el que proporciona los nutrientes para que la planta pueda crecer. Una vez nutrida la semilla, ésta asciende como tallo a través del agua, buscando el sol, la luz. Es en el agua, que simboliza las emociones, es decir la energía en movimiento (e-motion), donde el tallo encuentra el medio idóneo por el cual asciende. Una vez que llega a la superficie desarrolla las hojas, luego la flor y finalmente el aroma fluye hacia el exterior como un regalo.

Solo vemos la parte final del proceso, pero las partes ocultas son fundamentales: el lodo (lo nutricio), el agua (las emociones – energía) y como no, el sol y su luz (la fuerza espiritual) que tampoco es tan fácil de reconocer.

Esta metáfora, que “curiosamente” está expresada en el mantra Budista por excelencia Om Mani Padme Hum, puede aplicarse al proceso que tiene que cumplir un ser humano para completar su realización: la semilla que se nutre de lo “oscuro”, asciende por el agua de las emociones y florece. Este es un proceso que se da constantemente en todo el Universo.

Cuando no queremos mirar ni aceptar a la sombra en la cual se gesta nuestra vida, es más que posible que la energía se estanque y no podamos florecer. No florecer es algo muy doloroso para cualquier ser humano, no se deben minimizar las consecuencias de “no querer ver”.

Pero…
¿Qué nos impide atrevernos a mirar precisamente al lugar del cual surge nuestra propia vida?

Me atrevería a decir que una concepción no integradora de los procesos vitales polares, es decir, un sistema de creencias que interpreta erróneamente la polaridad. Si solo lo bueno es la vida, lo malo será la muerte. ¿Pero es esto verdad? ¡Creo que no! No queremos mirar a lo negativo, porque lo interpretamos como “malo”, y eso es ingenuo. Lo oscuro, lo nutricio no pueden ser ni serán nunca “malos”. Solo son unas condiciones, las que se necesitan para que se geste la vida. ¿O es acaso “malo” el útero de una mujer? En absoluto. ¡Quien lo consideraría así! ¿Pero acaso se honra el útero de la mujer? Me atrevería a decir que en nuestra cultura eso es un tabú. Me he encontrado en mis cursos con algunas mujeres que tienen serios problemas de expresión porque inconscientemente se sienten separadas de su útero. Las he visto llorar con gran dolor cuando se han conectado con esa herida profunda, la herida del no reconocimiento de su maternidad, de su matriz creadora.

¡Volvamos a la polaridad!

¡La polaridad existe!, proclaman muchas filosofías. Y es cierto, existe. Es como decíamos, la interpretación errónea de la polaridad la que nos hace creer que esas “fuerzas opuestas” están separadas. Pero no están realmente separadas, en verdad son la expresión dual de un proceso único e indivisible, que aparece como luz y oscuridad.

Esa interpretación es la que nos hace negar las sombras interiores, incluidas las voces de nuestra mente, que no son otra cosa que expresiones psíquicas de esa polaridad, y en realidad, manifestaciones de la Unidad, del Ser que nos habita.
Al no aceptar nuestras sombras estamos negando nuestra ilimitada capacidad creadora.

Las Voces de nuestra psique necesitan un vehículo para expresarse, y el primero medio con que se encuentran es la voz humana y también la expresión artística.

Llevo años enfocando la enseñanza de la Voz desde esta perspectiva: atrevernos a mirar en nuestro interior y aceptar e integrar lo que vemos y sentimos. Este enfoque es parte fundamental de la enseñanza que imparto en mi escuela, y se basa en mi propio aprendizaje.

Experimenté que aceptando la voz física de mi padre, podría disponer plenamente de todo mi potencial vocal y llegar a expresarme con plenitud.

La curación sucedió en un seminario de voz al que asistí como alumno hace más de 25 años. En un ejercicio vocal, emergió mi voz con una potencia inusitada. Sonó en ese momento exactamente igual que la voz que mi padre utilizaba cuando se enfadaba con nosotros siendo niños, una voz terrible a la cual temíamos. Me sorprendió sentir y escuchar en mi propia voz la voz de mi padre. Solo que la voz que surgió de mí como un trueno, no contenía la ira de mi padre. El sonido de mi voz se había liberado del contenido emocional paterno. Fue un sonido puro. Ahí estaba definitivamente mi Voz, mi potencial vocal.

Sucedió un milagro. Recuperé súbitamente la energía que había estado negando desde niño, ya que vinculaba inconscientemente mi potencia con algo a lo que temía profundamente: la potencia paterna expresada a través del enfado. Negando la voz de mi padre durante tantos años negué toda su luz, toda mi luz, toda su sombra, toda mi sombra. Desde mi temor de niño había estado negando la potente energía que contiene mi voz y la había desterrado de mi expresión adulta.
Así recuperé mi voz y mi energía vital.

Podemos tener acceso a nuestra Verdadera Voz si despojamos de evaluación y juicio a las voces oscuras y sombrías que más tememos, tanto internas como externas, propias y ajenas. Ese ha sido uno de mis objetivos durante 25 años, intentar ayudar a las personas a recuperar su voz, lo cual, si sucede, implica una reconciliación profunda con el Origen de la Vida, con nuestros padres y con Dios o nuestra parte espiritual.

He podido comprobar repetidamente cómo la aceptación e integración de las sombras las transmuta rápidamente en Luz. Algo importante a tener en cuenta es que las voces-sombras de la mente aparecen como voces negativas solo cuando se las desoye. Debemos darles nuestra escucha y ver qué significado tienen cuando aparecen. ¡Qué pretenden decirnos! ¡De qué nos avisan!

Es por lo tanto posible transmutar la sombra. Para ello hace falta valor, un buen mapa y un buen guía, esto último es vital.

Necesitamos crear el coraje que nos permita sumergirnos en las aguas de nuestra psique, bucear hasta las profundidades donde se encuentran nuestras raíces y sentir los oscuros nutrientes vitales que nos dan la vida. Esa sensación no es cómoda para nuestro ego, pues a él le da miedo lo nutricio, lo oscuro, lo sombrío, lo que aparentemente no se ve.

El Buda finalmente se iluminó cuando viendo a su ego parado enfrente de él, lo amó de manera total y absoluta. Por lo tanto, la tarea consistiría en abrazar a nuestro ego, darle la mano para que nos acompañe en ese viaje interior que todos, tarde o temprano deberemos realizar.

Nuestra voz es el vehículo de expresión que nos ayuda a exteriorizar las voces-sombras de nuestra psique, las cuales necesitan ser reconocidas como partes de nuestro Ser.

Eduardo Laguillo Menéndez
Fundador de “La Escuela de Voz y Música del Ser”
www.eduardolaguillo.com
www.taichimadrid.com

Voz Expresion. Sombras