Cuando decidimos emprender cambios en nuestras vidas, necesitamos un motivo para ello, y también tener la perspectiva de que eso nos va a traer ciertas ventajas.

Creo que todo el mundo en su fuero interno, alberga el pensamiento de que su vida podría ser algo mejor de lo que es, y no me refiero a las cuestiones materiales de tener más, si no de Ser (mejor o más feliz).

Recuerdo hace bastantes años, cuando estaba muy interesado por los libros de Carlos Castaneda y las enseñanzas de su maestro Don Juan, cómo éste le explicaba que el problema de los seres humanos, es que nos creemos inmortales y que tenemos todo el tiempo del mundo para arreglar nuestros asuntos. Esas palabras resuenan en mi interior con frecuencia y compruebo esta gran verdad en la vida diaria.

Otra gran enseñanza me vino hace unos años, cuando iba caminando junto con otra persona por la selva en Costa Rica. En el suelo había una pareja de escarabajos preciosos, de color verde metalizado, haciendo lo que suelen hacer estos insectos en su época de celo, es decir apareándose, o como dicen por aquellas tierras “chingando de lo más feliz”. Mi acompañante en un momento dado salió del camino para acercarse a mirar una flor, sin percatarse al volver de la presencia de los amantes escarabajos que terminaron bajo sus botas, con un sonoro ¡¡SCRACH!!. Allí se había acabado todo para ellos.

Tras el primer instante de estupor e incredulidad por lo que acababa de suceder, pues ambos éramos bastante amantes de los animales (escarabajos incluidos), aquello me hizo reflexionar sobre la fragilidad de la existencia y lo imprevisible que pueden ser los acontecimientos.

Nadie tiene todo el tiempo del mundo para arreglar sus asuntos, pero sin embargo actuamos con frecuencia como si así fuera. Relegamos a un imaginado futuro el instante de ponernos en marcha para cambiar aquello de nuestra vida que sabemos que necesitamos, ignorando que en cualquier momento la vida nos puede aplastar.

Evidentemente para decidirnos a emprender un camino de cambio, debemos confiar en que encontraremos algo mejor. Reflexionar sobre los beneficios que se esperan conseguir, nos ayuda a ponernos en marcha y perseverar. Este caminar hay que iniciarlo y mantenerlo hasta que se empiezan a recoger los primeros resultados. Lo importante es que nuestro interés sea suficientemente sincero como para seguir esforzándonos a pesar de las dificultades.

En la vía espiritual, el esfuerzo cuenta mucho. A menudo se nos olvida cuanto trabajo nos ha llevado aprender a desarrollar algunas aptitudes que hoy consideramos normales y que usamos en lo cotidiano a todas horas, como caminar, hablar, leer o escribir.

Desarrollamos un enorme esfuerzo cuando éramos pequeños, porque teníamos una gran motivación para ello: necesitábamos relacionarnos con el mundo para seguir creciendo y los obstáculos nos parecían insignificante. La recompensa valía la pena.

Nada sustituye a la experiencia. Cuando uno tiene hambre no sirve leerse una y otra vez la carta del menú; lo que hace falta es pedir un plato y comer.

Tal vez en este camino nos ayude tomar en cuenta ciertas reflexiones, según nos muestra el Budismo:

1- EL VALOR DE LA VIDA HUMANA:

El milagro de la existencia nos ofrece la posibilidad de desarrollar al máximo todo nuestro potencial como seres humanos. Somos capaces de crear las más grandes maravillas y los más terribles horrores, capaces de ser verdaderamente felices y de mejorar la vida de los demás, o de arruinarnos y arruinarles la vida a otros. La cuestión es utilizar nuestra inteligencia para desarrollar este gran potencial y acabar con el sufrimiento propio y de los demás, encontrando la verdadera felicidad.

2- LA FRAGILIDAD Y LA NATURALEZA PASAJERA DE LAS COSAS:

Saber que todo lo que tiene un principio tiene un final, nos permite apreciar mejor el valor del tiempo. En la vida podemos tener cada vez más cosas, acumular conocimientos o riquezas, pero lo único que no podemos acumular es tiempo. Desde que nacemos cada vez tenemos menos tiempo y esto es un tesoro que con frecuencia desperdiciamos. Tener la certeza de que vamos a morir en algún momento, debería darnos alas para aprovechar mejor cada instante presente, y ponernos manos a la obra en aquello que es verdaderamente esencial, sin dejarlo “para otro momento” que no sabemos si llegará.

3- APRENDER A DISTINGUIR ENTRE LOS ACTOS BUENOS Y LOS PERJUDICIALES:

No se trata de desarrollar un canon sobre comportamientos morales, basta con observar cuáles son las motivaciones de nuestros actos. Es importante saber que aquello que “pensamos, decimos o hacemos” genera consecuencias.

Es necesario mirar con sinceridad qué nos impulsa a actuar, si es el odio, la venganza, los celos, la codicia o la arrogancia, porque eso genera sufrimiento y dolor, mientras que, si lo hacemos desde la sabiduría y la compasión, estaremos ayudando a que el mundo sea un lugar mejor y eso nos llena de una profunda satisfacción.

4- LA INSATISFACCIÓN QUE ENCONTRAMOS EN NUESTRA EXISTENCIA:

Es muy difícil encontrar a una persona que se defina como feliz. En la mayoría de los casos la noción de felicidad se aproxima más a la satisfacción porque las cosas van bien en un momento de la vida, o porque se tiene lo que se desea.

Pero eso se aleja de la verdadera felicidad, que es un estado que tiene que ver más con la paz interior y con un sentimiento de plenitud, que con la búsqueda de sensaciones y estímulos para olvidar momentáneamente el vacío que sentimos dentro.

Curiosamente se ha comprobado que aquellas personas que se ocupan por hacer el bien a los demás, son las que más felices se sienten.

Así que sugiero que nos pongamos manos a la obra, porque hay muchos motivos para cambiar.

 

Janú Ruíz

Instructor de Qi Gong

chikungtaojanu.com