La Estabilidad Mental: El Mejor Asana

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En los años sesenta, mi madre, mi hermano Miguel Angel y yo acudíamos a toda tertulia o acto relacionado con las culturas místicas de Oriente. Eran escasas, porque todo estaba en contra. No se permitían determinadas reuniones filosóficas o espirituales, era muy difícil conseguir libros sobre el tema y recurríamos a pedirlos a otros paises y apenas pasaban por Madrid mentores de estas disciplinas. Pero de vez en cuando había alguna conferencia y, sobre todo, nos íbamos reuniendo aquellos que teníamos interés por temas místicos de cualquier clase.

Había dos librerías en Madrid que se esforzaban en traer libros de Hispanoamérica sobre estos temas, no autorizados en absoluto. Eran la emblemática Librería Argentina y la librería Armenteros, hace tiempo esta última desaparecida. En esas dos librerías pasé muchas horas de mi juventud. Había pocos libros que leer, pero serios y honestos; había pocas conferencias a las que asistir, pero respetuosas con las fuentes y tradiciones místicas; eran pocas las personas que se interesaban por estos temas, pero lo hacían con profundo respeto, romanticismo espiritual auténtico y verdadero interés. Noches enteras nos pasábamos indagando sobre estos temas.

Mi madre fue fundamental para irme motivando en cuanto a indagar en las filosofías de Oriente y despertar mi interés por la India y por el yoga. Mi hermano Miguel Ángel era mi incondicional sujeto de pruebas en sesiones de hipnosis, sugestión, relajación profunda, autoinmersión, parapsicología y otras disciplinas psíquicas. Ya había leído sobre yoga y había practicado por mi mismo, cuando empecé a recibir clases de un hatha-yogui indio que se instaló en las afueras de Madrid. También comencé a indagar en las psicologías de las profundidades de Oriente y de Occidente y a entrenarme en innumerables sesiones de psicoanálisis con un magnífico psicoanalista formado, entre otros especialistas, con la hija de Freud.

Empecé a escribir y publicar, siempre bajo la presión de la censura. Fundé una academia de yoga por correspondencia y empecé a dar clases de yoga a domicilio. En 1971 fundé, junto con Almudena Hauríe (pionera asimismo del yoga en España y una fabulosa profesora de hatha-yoga) el centro de yoga Shadak, por el que han pasado medio millón de personas y donde siempre hemos seguido la enseñanza y práctica del verdadero hatha-yoga y la meditación, sin hacer ningún tipo de concesiones a ninguna clase de pseudoyoga o yoga desnaturalizado. No he dejado nunca de leer y releer a los más grandes orientalistas, como Evans Wentz, Arthur Avalon, Evola, Anagarika Govinda y tantos otros. Hoy en día los libros que se publican, con la denominada Nueva Era de fondo, unos son vacíos de contenido y otros, que incluso se convierten en best sellers, son una mala copia o pálido reflejo de las grandes obras sobre el tema.

Llegamos al día de hoy. Cada vez renuevo mi capacidad de asombro comprobando hasta qué punto se están falseando o incluso malevolamente distorsionando las genuinas técnicas de autorrealización de Oriente, con los que podríamos denominar de neo-yogas, neo-vedanta, neo-tantra o demás que, como coinciden, con su habitual seriedad, los editores y escritores Agustín Pániker y Álvaro Enterría, hay que ir desenmascarando, toda vez que nada tienen que ver con las verdaderas fuentes, por mucho que sus exponentes digan lo contrario, sea por ignorancia o mala fé.
¿Por qué se llama yoga, tantra, vipassana, zen o vedanta a lo que no lo es? O como dice el escritor y japonólogo José Pazó, ¿por qué no se lo llama a lo que es y se roba su paternidad indecorosamente?.

Han surgido diversos tipos de yoga-fitness que pierden por completo de vista la verdadera esencia del yoga; han brotado «yogas» a practicar a elevadas temperaturas para sudar a chorros, rendir un narcisista culto al cuerpo, y convertirse uno en un contorsionista, cuando en verdad no se está ni aún así a la mínima altura de un deportista de «suelo libre» o un experto en break-dance; se han promocionado absurdos e insensatos campeonatos de asanas, de espaldas al genuino espíritu del yoga que nunca es competitivo en ningún sentido; se han inventado todo tipo de pseudoyogas, o pseudotantras, o pseudovedantas. Si no fuera por el daño que esa desinformación produce, resultaría irrisorio, pero en cualquier caso ese reduccionismo es grotesco y esperpéntico. El mismo Álvaro Enterría, que vive hace más de dos décadas en Benarés, me informa de que en la misma India se hace una diferencia entre el verdadero yoga, al que se llama Yug, y el yoga degradado y pasado por el filtro de Usa, al que se conoce como yogá.

Luego está lo que podriamos bautizar como yoga pop, toda esa sarta de postureos a la que se prestan profesores o profesoras de yoga, actrices, cantantes y gente del espectáculo, dejándose fotografiar en las más acrobáticas posturas de yoga. Estas personas, que seguramemente jamás han oido hablar de Ramana Maharshi, y mucho menos lo habrán leído, deberían recordar lo que este sabio decía: «La mejor postura (asana) es la estabilidad de la mente». Ya nos dirán de qué sirve, por ejemplo, ganar un campeonato de asanas en cuanto a la transformación interior; sino que bien al contrario, afirma desmesuradamente el ego y, además, como decía Krishnamurti, donde hay competición no puede haber compasión.

Mi buen amigo y excelente practicante de yoga Antonio García, viendo esa situación, la definiría de «pandemonium» y el periodista Jesus Fonseca de «totum revolutum». Mi entrañable amigo Rafael Campany era más contundente y decía: «Traidores a las fuentes». Lo peor es cuánto equivoca a los buscadores serios todo ello, que pueden llegar a tomar la más miserable bisutería por joyería. Por eso el gnana-yoga insiste tanto en la necesidad de utilizar el discernimiento e ir seleccionando a través de un entendimiento correcto y no condicionado.

Cuando me acerqué a los primeros libros de yoga, con sólo dieciseis años de edad, ya pude leer en un relevante autor francés de orientalismo, que el yoga no es deporte, no es gimnasia, no es una religión ni es un culto. Es un método de autorrealización, y aunque en determinados sistemas gimnásticos se introduzcan asanas, no quiere decir que eso sea yoga. Gracias al formidable profesor Gustavo Plaza que siempre nos previene en sus sagaces conferencias de que una cosa es la salsa y otra el yoga y que no hay tal cosa como salsa-yoga. De momento.

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

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5,8 minutos de lecturaActualizado: 03/06/2024Publicado: 27/10/2014Categorías: Ramiro CalleEtiquetas: , , , , , , , , ,

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