Las tecnologías de la información han revolucionado nuestra sociedad en un tiempo récord. A día de hoy quedan pocos aspectos que no hayan sido golpeados por la disruptiva fuerza de Internet, los smartphones o las apps. La educación y el acoso escolar no se quedan al margen.

Hace unos años, un menor que sufriera acoso escolar, también llamado “bullying”, acababa su calvario con el timbre de salida del colegio o instituto, pero actualmente los acosadores tienen nuevas herramientas a su alcance para seguir machacando a sus víctimas las veinticuatro horas del día, y de formas mucho más imaginativas, como puede ser a través de fotos o vídeos. Este nuevo fenómeno es conocido como “ciberbullying”.

Los datos muestran que el acoso escolar se trata de un mal endémico en las aulas españolas. El trabajo de los educadores y los expertos en la materia se centra en dar visibilidad a este problema y en diseñar protocolos para detectar cuanto antes este tipo de comportamientos.

Poco a poco este trabajo va dando sus frutos. De hecho, según señala el estudio recogido por el diario El País sobre bullying y ciberbullying desde la perspectiva de los menores afectados: “Las víctimas de acoso van rompiendo su silencio y presentado un mayor número de denuncias, igualmente los compañeros están empezando a abandonar la pasividad característica en estos casos”.

Aunque por desgracia no todo son buenas noticias, ya que esta mayor visibilidad ha destapado un nuevo dato, y es que la edad media en la que empiezan a darse estos casos mantiene una tendencia a la baja, produciéndose cada vez en edades más tempranas. Cabe destacar que a la comunidad educativa todavía le queda mucho trabajo por delante.

Educar a nuestros hijos en el uso de la tecnología

Como en la mayoría de los problemas que afectan a los niños y adolescentes la educación recibida en casa es de vital importancia. En este sentido, los padres tenemos que realizar un esfuerzo extra, ya que en la mayoría de los casos nos tocará enfrentarnos a problemas que no tuvimos que abordar en nuestra infancia.

Por ejemplo, una buena idea es que toda la familia trabaje en algún pequeño proyecto tecnológico conjunto, como puede ser la creación de una página web, o de un blog. De esta forma, podremos trabajar aspectos tan interesantes como pueden ser la gestión de la privacidad, la difusión de la información en redes sociales, o incluso cómo tratar la exposición de los comentarios anónimos que recibamos en nuestras publicaciones.

En cualquier caso, si detectamos un posible caso de ciberacoso, lo más recomendable es ponerse en manos de un especialista, que nos guíe en los pasos a dar en los diferentes frentes de actuación que tenemos a nuestro alcance.