Existen sobradas evidencias, tanto científicas como en el ámbito de la espiritualidad, que declaran que los seres humanos disponemos de una amplia variedad de inteligencias. Estas “inteligencias múltiples” señalan a los diferentes rasgos que puede adoptar el mismo proceso de la Inteligencia (como naturaleza implícita de la Conciencia). Estos rasgos nos permiten señalar, por ejemplo, hacia la inteligencia lógico-matemática (la que suele medir el clásico cociente intelectual CI), la lingüística-verbal, la visual-espacial, la emocional, la musical, la kinestésica, la moral, la interpersonal, la intrapersonal, la estética, la psicosexual, la naturalista, así como la inteligencia cardiaca o la inteligencia transpersonal (inteligencia espiritual), entre otras…

Estas “inteligencias múltiples” se denominan también “líneas de desarrollo” porque evidencian un proceso de crecimiento y un despliegue a través de estadios progresivos.

En el ámbito de lo transpersonal, efectivamente, se considera el cultivo y el despliegue de la inteligencia transpersonal como un factor esencial; no solo como el desarrollo de una forma específica de inteligencia, sino también como el substrato que impregna y vitaliza todas las demás.

¿Cuáles serían las características de esta inteligencia transpersonal?

En esencia, podríamos señalar hacia el Amor y la Sabiduría, lo que también podríamos referir como un amor inteligente.

Entonces, ¿cómo podemos invitar a esta inteligencia transpersonal a desplegarse en la relación con nosotros mismos, con los demás y con la vida en su totalidad?


Fundamentalmente, la inteligencia transpersonal

florece en el silencio y la vacuidad.


Este silencio y este vacío fértil nos permiten acceder al ámbito de lo profundo, al núcleo de la conciencia, más allá del ámbito de la personalidad, con todos sus programas, sus memorias, sus experiencias… Ahora bien, esta inteligencia puede reflejarse, como señalamos, en el ámbito de nuestras relaciones cotidianas y en la esfera de lo personal, a través de lo que denominamos la inteligencia del corazón o inteligencia cardiaca.

La inteligencia cardiaca refleja indefectiblemente esta inteligencia transpersonal.

De alguna manera, podría concebirse esta inteligencia del corazón como el “puente” entre el ámbito de lo personal y lo transpersonal.

El estado meditativo abre un canal directo con la inteligencia del corazón, con la intuición profunda que emerge de la experiencia de una realidad unificada. Cuando nos vivimos desde una atención sostenida, desde una consciencia abierta y clara, descubrimos el poder transformador de soltar la mirada fragmentada y recuperar la experiencia del todo integrado que somos.

Esta inteligencia del corazón activa en el cerebro una percepción completamente nueva que contempla la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas. Este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias; su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad.


En meditación podemos cultivar esta inteligencia

del corazón a través del silencio y la conciencia-testigo.


Desde esta presencia observadora, poco a poco nos establecemos en una calma-atenta que se asienta en el ritmo sincronizado y coherente de todo nuestro ser. Desde aquí, nuestros recursos físicos, cognitivos, emocionales y relacionales son más accesibles, comienzan a abrirse nuevos caminos creativos, aparecen soluciones diferentes, caminos de acción no explorados anteriormente… Esta presencia, y esta coherencia, nos permiten un intercambio con el mundo más pleno, más compasivo, y más despierto.

meditacion208 - Inteligencia transpersonal, inteligencia cardiaca

La investigación científica está apuntando al corazón como centro fundamental de inteligencia en los seres humanos. Hablan de una inteligencia cardiaca muy rápida, intuitiva y práctica, que nos orienta en la toma de decisiones de una manera tan precisa como efectiva.


Conectar con la inteligencia del corazón, por lo tanto,

supone abrirse a una mayor sabiduría para la vida.


La inteligencia cardiaca y la inteligencia transpersonal no es algo reservado para ciertas personas especiales o muy elevadas, sino que se trata de líneas de inteligencia inherentes a la mima condición humana. Esta inteligencia transpersonal alberga un gran potencial que cada uno de nosotros puede cultivar y desplegar en su vida cotidiana. En realidad, es una cuestión de crecimiento y desarrollo, y es una decisión: la de ampliar nuestra conciencia, y abrir de par en par nuestro corazón.

 

Antonio Consuegra Sebastián

Co-fundador de la Escuela

para el Desarrollo Integral (Sadhana)

sadhanaintegral.com