Ser próspero/a no es sinónimo de tener dinero y bienes materiales. Cuando hablamos de prosperidad, nos referimos a un estado de plenitud de la persona que ésta manifiesta desarrollando en la vida lo que ama y disponiendo de todo lo necesario para la realización de este propósito. Honra tus valores, tus cualidades, tus destrezas; ámate y serás próspero/a.

Ámate y serás próspero/a
Sin AMOR hacia uno/a mismo/a es imposible atraer la PROSPERIDAD a la propia vida.
Si te pregunto por el amor, ¿qué imágenes, de situaciones o personas, te vienen a la cabeza?
Seguro que lo primero que ves es que estás con un amante, con tus hijos, etc. en una situación ideal.

¿Te imaginas haciendo el amor contigo mismo/a?
El amor necesario para ser próspero/a es el amor a sí, lo que es igual a la autoaceptación y la autoaprobación de uno/a o, lo que es lo mismo, a ser uno/a desde lo esencial que cada cual representa, desde un estado natural y genuino de disolución del ego.

Y, ¿qué es el ego?
Como yo lo experimento, el ego es la energía materializada desde nuestro NO SER. Es decir, cuando no somos, somos EGO. Son los pensamientos, creencias, sentimientos, emociones y/o acciones que no nos permiten ser, que contribuyen a nuestro aislamiento, a no desarrollarnos en nuestro propósito en la vida, a no relacionarnos de forma saludable, a no ser prósperos.
El ego es el sirviente de la muerte, de la enfermedad, de la no realización, de la escasez.

¿Para qué sirve el ego, entonces?
El ego es un gran fantasma que nos muestra el camino a seguir, es el libro en blanco de nuestro aprendizaje. En un sentido profundo, el ego no dicta nada, es humo; somos nosotros/as los/as que le damos fuerza, los/las que le construimos, los/las que le damos valor. De esta forma, cuando nosotros/as nos ponemos al servicio de la (auto) destrucción, nace el ego.

Por tanto, el AMOR, la ausencia de ego, es servir a la vida, a la nuestra y a la de todos los seres, al planeta, a la galaxia… Y ahí, en este amor, es donde la prosperidad nos llega, donde se hace posible.

¿Cómo el amor nos conduce a la prosperidad?
Muy sencillo. Si nos amamos, de forma inmediata, valemos y merecemos.
Valemos para todo lo que deseemos hacer y merecemos todo lo queramos tener.

¿Y qué deseamos hacer y qué queremos tener?
Pues bien, desde el amor a nosotros que, recordamos, es SER desde la esencia que cada uno representa, esa copia divina del Universo que somos y que se materializa de forma única en cada uno/a; desde ahí, desde esa huella única, se nos revela nuestro propósito (lo que deseamos hacer) y los medios para conseguirlo (lo que queremos tener).
Cultivar el autoamor es la ruta certera hacia la prosperidad.

Cuídate, hazte el amor, haz lo que te gusta, compártete con quien te hace sentir bien, revisa tus cualidades, los dones propios que te hacen amarte, valorarte, gustarte…
Vibra en esta frecuencia y el camino se dibujará sin esfuerzo, se abrirá a tus pies para que lo transites, para que te des cuenta de que eres tú el cambio que estabas esperando, la prosperidad que anhelabas, el/la maestro/a de tu vida.

La Semilla
Hay una semilla dentro de cada uno/a que, al hidratarla, crece.

Las semillas tienen un inhibidor que no se desactiva hasta que son hidratadas por la lluvia. El agua las hidrata y las libera para que se desarrollen, crezcan y lleguen a dar su fruto y nuevas semillas para seguir expandiéndose.

La semilla de la prosperidad y la abundancia está en cada uno de nosotros/as. Con que la hidratemos ya empieza a crecer y a dar. ¿Cuál es el motivo de que algunas personas no hidraten su semilla? Pues que no saben dónde está ni, tal vez, que tienen una semilla.

El causante de esta ignorancia es la identificación con ciertas creencias, algunas adquiridas de la sociedad, otras de la familia y otras del guión de vida.

Las identificaciones con el no sé, no puedo, no merezco u otras muchas creencias, funcionan como inhibidores de la semilla, no dejando ver el potencial, cualidades o virtudes. Todos tenemos talentos innatos. Estos talentos, cuando los utilizas, se convierten en un vehículo para transitar fácilmente por la vida.

La prosperidad es el compendio de la germinación, crecimiento y desarrollo. El desarrollo de toda su manifestación quiere decir que hay unas raíces, un tronco, hojas y frutos; es desarrollarse íntegramente desde lo que es. Un manzano no puede dar peras, un naranjo no puede dar limones. Si se identifican con lo que no pueden dar, viven frustrados e incompletos. Sin embargo, si son capaces de ver sus cualidades, la del manzano de dar manzanas, la del naranjo de dar naranjas, se convierten en realizados y completos.

Este tiempo de incertidumbre, agravio y malestar en una mayoría de la sociedad se suele producir por la entrega a otros del poder personal. Se dejan las decisiones personales en manos de otras personas como si nuestros resultados dependiesen de los otros: políticos, empresarios o la suerte.

Los resultados son un reflejo de tus creencias, tus decisiones y tu capacidad de adaptación.

La capacidad de crear un estilo de vida exitoso es sinónimo de reconocerse a sí mismo como responsable de los méritos y fallos que van sucediendo en el transcurrir de las cosas, aprendiendo de las experiencias, tanto fallidas como acertadas, y aplicando esta experiencia en las decisiones presentes.

No se pueden cambiar los eventos del pasado, pero sí el significado que les hemos dado.

Conocerse, aceptarse y confiar. Todo lo que hay que hacer es ser tu propio fan, en el mejor sentido, creer en uno mismo, poner en orden los valores con las acciones y las acciones con los valores que tienes.

Si no sabes qué valores son importantes para ti, haz una lista de los 7 valores más importantes que tengas y enuméralos de 1 al 7 según el orden de importancia que cada valor tenga para ti. Luego mira a ver cuántos de esos valores están activamente en tu vida. Si hay alguno de estos valores que no este formando parte de ti, pregúntate, ¿cuál es el motivo?

Luego mira a ver si cambiarías el orden en que has puesto los valores inicialmente.

Otra forma de saber si estás alineado/a con la vida que quieres es ver si tus acciones, tu entorno o hobbies te apoyan y aportan las necesidades esenciales que tienes o, por el contrario, no te sientes comprendido, realizado/a u oyes que te falta algo.

El éxito económico tiene que ver muy poco con la prosperidad. He conocido algunas personas capaces de generar mucho dinero y, a su vez, sentirse insatisfechas.
Uno de los nuevos desafíos de la sociedad actual es que las personas se realicen aportando sus dones, cualidades y talentos y ser remunerados por ello. De nada sirve tener miles de millones en una caja fuerte en una habitación, etc. y morir en la miseria humana. La prosperidad es el intercambio de ideas, bienes y/o servicios.

Es fantástico generar dinero y poder realizar tus sueños, hacer la casa que te gusta, comprar, un coche, viajar, hacer donaciones a personas con necesidades, o cualquier otra cosa que te pueda facilitar el dinero. Como dice el dicho popular, el dinero no te da la felicidad, aunque ayuda y te ayuda cuando eres capaz de desarrollarte más allá de lo material.

Te invito a que te des la oportunidad de replantearte tus creencias sobre la prosperidad, que amplíes la mirada y te enfoques en una visión integral sobre lo que significa ser próspero/a. Asumir el reto de cambiar y crecer es el primer paso para una auténtica transformación. Vale la pena el esfuerzo.

Observa en qué parcela o parcelas de tu vida te gustaría ser más prospero/a (a nivel económico, físico, emocional, intelectual, espiritual) y date el permiso de realizar los cambios que necesites para conseguirlo.

Cristina Rey-Vera Sur y Armando Sánchez Martínez
Renacedores Rebirthing Internacional España
www.creatuvidaahora.com