Capa tras capa uno tiene que ir sumergiéndose en si mismo para observarse, descubrirse y conocerse. Mediante la observación de sí nace el autoconocimiento y mediante el autoconocimiento surge la transformación y la autorrealización.

 

Pero el viaje hacia los adentros no solo es introspección y meditación sentada, sino autoindagación, para ir poco a poco, distanciándose de la imágen y zambulléndose en el ser.

 

Es la senda interior, la que todo buscador debe hollar para descubrir qué es y qué no es, sabiendo discernir entre lo que hay en él de adquirido y lo que hay de real. Mucho que arrojar por la borda (patrones, pautas, creencias, esquemas), para poder recuperarse a uno mismo, para poder desalienarse y recobrar la propia esencia.

 

Si la actitud es la adecuada, la vida misma se convierte en viaje interior. Lo que a unos debilita, a otros fortalece. Los obstáculos ayudan a estar más en uno mismo, evitando descentrarse. Hay obstáculos externos e internos. Hay que saber desenvolverse con unos y otros. Entre los internos, en este viaje hacia los adentros, están la pereza, la inercia, la desconfianza en los propios potenciales, el miedo a la libertad, los autoengaños y las artimañas del ego.

 

La senda hacia los adentros se torna a veces sinuosa y difusa. Todo ello forma parte del viaje interior. Hay aparentes retrocesos o estancamientos, pero en esos casos hay que redoblar el esfuerzo y no desfallecer.

 

Como les decía Buda a sus discípulos: “Esperadlo todo de vosotros mismos“. No vendrá otro a encender nuestra lámpara interior. La libertad interna es el bien más preciado, pero hay que irla ganando. Mucho hay que dejar para mucho poder tomar. ¿Hay algo que perder en esta aventura hacia los adentros? Sí: el miedo, la angustia, el abatimiento, los condicionamientos psicológicos, la ofuscación, la avaricia y el odio.

 

La mirada interior consiste en no solo mirar hacia afuera y dejarse turbar y perturbar, encandilar y absorber por todo lo externo. La mirada interior, también denominada invertida, es la que profundiza dentro de uno mismo para obtener la respuesta que yace en el propio corazón.

 

Ramiro Calle
Centro Shadak

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