Conforme el hombre ha ido evolucionando en los últimos tiempos, se ha desarrollado ampliamente en el campo tecnológico. Esta tendencia hacia una polaridad más mental e intelectual, nos ha alejado de la globalidad de nuestro Ser.

Todo movimiento pendular, cuando llega a su máxima expresión, termina generando el inicio hacia una tendencia contraria; de ahí, el resurgir de corrientes, terapias y filosofías milenarias, que nos ponen en la búsqueda de un encuentro más real con nuestra esencia.

En ese despertar de la tecnificación y especialización, hemos puesto la salud en manos exclusivamente de profesionales, cayendo en la inseguridad y desconfianza de lo que nuestra propia intuición curativa nos ofrece. Sin embargo, esa búsqueda es un canal abierto, tanto para profesionales, como para todo aquel que esté interesado en conseguir un estado óptimo de salud. El bienestar pertenece a todos, pudiéndose considerar terapia, cualquier remedio, actividad o relación, que nos ayude a sentirnos bien en cada una de las distintas esferas. Tenemos la capacidad para encontrar en nosotros mismos formas de sanación, lo que podríamos llamar, nuestro médico interior.

El Ser Humano, entendiéndolo bajo un enfoque holográfico, no solamente es un elemento perteneciente un orden natural, sino que es una parte integral de éste, que contiene la información de sus ciclos y totalidad. Somos «microuniversos dentro de macrouniversos», y la autoobservación profunda es un ejercicio útil, que nos lleva a una fuente de conocimiento sin fin.

Según la teoría de la termodinámica, somos sistemas complejos no lineales, que fluctúan en la búsqueda constante y dinámica del equilibrio. En ese caminar repleto de potencialidades, vamos recorriendo distintos estados de salud y conciencia. Seguimos patrones de autoorganización, que pueden ser influenciados por estímulos de energía y materia. Esta capacidad de autoorganización, combinada con la posibilidad de recibir impulsos desde el exterior, es lo que posibilita el camino terapeútico hacia la sanación o autocuración. La relación entre el terapeuta, la terapia y la fuerza vital del paciente, se basa en la capacidad intrínseca de ésta, a la hora de generar nuevos patrones de forma y comportamiento mediante estímulos terapéuticos.

Todo profesional de las terapias naturales, necesita hacer un ejercicio de humildad y desapego con el proceso del paciente y sobre todo con los resultados. La complejidad del Ser Humano que pone su salud en nuestras manos es tal, que responsabilizarnos de su curación o que él nos responsabilice de ella, es un despropósito total. En realidad, si nos adentramos en esos enfoques, nos encontramos frente a imponderables que nos llevan a un terreno lleno de confrontaciones, miedos y frustraciones.

Somos meros acompañantes, quizás observadores suspicaces, pequeños capacitadores, que a través de herramientas adecuadas, pueden promover la energía suficiente como para catalizar un despertar de la fuerza vital. A partir de ahí, surge un mar de posibilidades múltiples, que derivarán conforme sea lo más adecuado para el proceso vital y espiritual del paciente.

En esta tarea constante de mantener el ego terapéutico con mesura, encontramos herramientas poderosas en sí mismas, pero silenciosas y humildes en su labor. Medios de ayuda curativa, que catalizan procesos hacia un mayor equilibrio, sin que apenas dejen constancia de la personalización meritoria de su trabajo. Son chispas de luz que enseñan un camino ya existente, pero olvidado; pequeños recordatorios que ponen en macha mecanismos variados de sanación.

Dentro de este tipo de terapias, encontramos el masaje metamórfico. Su nombre reside en la capacidad de generar un cambio profundo y global en la persona. Actúa sobre una estructura de tiempo, el periodo embrionario, determinante a la hora de conformar en materia, toda la matriz energética que nos es previa y el contenido de su información.

La primera sensación que se puede tener al contacto con el masaje metamórfico, es la duda de cómo una simple caricia de repetición continuada, puede llegar a generar cambios en sí. Surge el escepticismo y la concepción de que la aparatosidad y complejización de un método, está acorde con su nivel de efectividad. Sin embargo, por el principio de retroalimentación positiva, pequeños estímulos pueden tener efectos inmensos.

El trabajo metamórfico se realiza en la cabeza y en áreas reflejas de la columna vertebral de pies y manos. Este recorrido no es de extrañar, teniendo en cuenta que el desarrollo céfalo-caudal del embrión, sigue un movimiento descendente desde la cabeza a la base de la columna. Con los pases metamórficos, incidimos desde el presente sobre las impresiones que quedaron grabadas en el sistema nervioso durante el periodo prenatal. Este sistema crea una red de comunicación global que llega a todos los órganos, tejidos y células. Gracias a él, constituimos un todo integrado y gracias a él, se crean las bases para la somatización física del mundo emocional. Pero profundizando más allá de una visión puramente física y fisiológica, estamos trabajando también aspectos más sutiles; quizás memorias celulares que contengan las fluctuaciones de energía que sucedieron en el periodo gestacional o bien, influencias materiales e inmateriales que predeterminaron la creación de un nuevo Ser.

En definitiva, se trata de un método sencillo y poderoso, que ayuda a desbloquear la fuerza vital del paciente hacia un proceso inteligente, armónico y liberador. Su labor es silenciosa y sutil…..lo que yo llamo, una terapia sin ego.

Gemma Romero

Naturopata-nutricionista.

Especializada en esencias florales, reflexoterapia podal y masaje metamorfico.

Imparte cursos en IEN El Vergel de reflexoterapia energética y emocional.

www.ienelvergel.com