Pese a que muchos abandonan los huertos en invierno, hay una gran variedad de hortalizas que nos permiten cultivar el huerto en invierno, hortalizas tradicionales, aclimatadas con el pasar del tiempo a los rigores de nuestro clima y que llenaban las despensas de “nuestros abuelos”, hortalizas con grandes propiedades nutritivas, que nos permiten elaborar exquisitos platos, y que os invitamos a recuperar.

La ajetreada vida en las grandes ciudades, e incluso el cambio de vida en la mayoría de pueblos en los que nuestras jornadas vienen marcadas por los inflexibles horarios de trabajo, nos hace vivir en una realidad ajena al pasar de las estaciones, invariable ante las inclemencias meteorológicas o de la duración de los días; para recuperar ese vínculo y percibir el ritmo de la naturaleza, os invitamos a restablecer este contacto con la tierra a través de vuestro huerto, a trabajar con el clima y las estaciones a estar pendientes de él para ir estableciendo qué cosas puedo plantar, cuándo y en qué modo debo proteger las plantas, si debo regar o no, y que mayor reto, que hacerlo también para esos cultivos invernales tan desconocidos, algunos de ellos, tan resistentes a las inclemencias meteorológicas que incluso nos sorprenderán por su rusticidad, tanto como aquellos otros cultivos que por el contrario requieran de nuestra dedicación y atención para protegerlos y proporcionarles la labor adecuada en cada momento, que nos reportarán sabrosas cosechas y satisfacción.

En un país con tan enorme variedad cultural como gastronómica, no podemos dejar de imaginar que el huerto invernal no acompañe a tal variabilidad, no hace tanto, cuando era impensable transportar alimentos de una comarca a otra, porque su costo hacía impensable su distribución o cuando la calefacción no había llegado a los invernaderos, pues ni siquiera estaba en la mayoría de casas, Se utilizaba entonces, el huerto como una despensa de alimentos que producía en todas las temporadas; Se pasaba el invierno con las conservas que se habían elaborado con esmero y cariño durante la temporada estival y se acompañaba de los sabrosos y contundentes platos de cuchara, potajes, típicos de cada zona y elaborados con plantas del huerto de invierno que la selección de muchos años de cultivo y el buen hacer del agricultor habían “creado” en esa sabia simbiosis en la que el agricultor se apoyaba en la naturaleza y trabajaba con ella y para ella, utilizando técnicas que favorezcan a ambos como rotaciones o asociaciones.

Para terminar este artículo vamos a ofrecer un pequeño listado de todas las verduras que se pueden cultivar en la época invernal, para persuadir el, a veces tan extendido pensamiento, de que en esta estación no merece la pena cultivar. Son verduras que en muchos caso han caído en desuso, pero que debido a todos sus años de adaptación funcionan muy bien en los huertos de invierno, y dan grandes satisfacciones con menor trabajo, animamos a recuperar estas hortalizas; así como a recuperar esos platos típicos y tradicionales de nuestra región que se elaboraban con ellas, en pos de alimentarnos en armonía con la estación, dejar para otras estaciones las verduras de verano, así también ayudaremos desde nuestra modesta situación individual, evitando grandes insumos energéticos en transportar alimentos desde otras latitudes desde las que se están produciendo, con el daño que esto deporta a nuestro planeta.

Algunas de estas verduras tradicionales del huerto de invierno, menos conocidas y que se pueden plantar en los huertos de invierno sin grandes requerimientos ni necesidad de cubrirlas con plásticos, son las siguientes: el agradecido cardo, tan típico de las navidades madrileñas; la sorprendente borraja, presente tanto en postres, como en potajes; la discreta chirivía; agradecida en todas las cremas; la saludable achicoria, el misterioso ruibarbo, esa desconocida verdura, que se consume como fruta, salsifí o escorzonera, con tantas vitaminas y minerales que no se sabe si incluirla como hortaliza o medicinal; hierba de los canónigos, apio nabo, col marítima, colinabo, colirrábano e hinojo de bulbo, sorprendentes y aprovechables por su bulbo y follaje, perifolio, tupinambo, otro de esos tubérculos tan enérgicos.

Otras verduras que podemos encontrar en huertos de invierno, a las que estamos más acostumbrados, pues se suelen encontrar en las fruterías son: alcachofa, lechuga, escarola, acelga, espinaca, guisantes, remolacha, espárragos, puerros, cebollas, zanahorias, habas, ajos, brécol, col de bruselas, coliflor de invierno, col repollo, lombarda, lenteja, garbanzo, berzas, col china, cebolletas, endibias, fresas, grelos; espárragos, nabos, puerros, rábanos, guisante, remolacha, diente de león, cebollino, acelga, bróculi, canónigo, col repollo, perejil, endibia, escarola, rábanos, alubia, nabo de otoño… Algunas de ellas requerirán de cuidados especiales, empajado, aporcado, manta térmica, cama caliente, bancal elevado, cubrir el suelo con elementos orgánicos (paja, mantillo, restos vegetales,…), invernadero esparcido e incorporado de compost.

Si a pesar de toda la variedad de hortalizas a usar en invierno, no se desea cultivar el huerto, o no la totalidad del terreno que a ello se suele destinar, es muy interesante para mantener la fertilidad del suelo y evitar su erosión y el lavado de los nutrientes por efecto de las lluvias; es interesante sustituir el “tradicional barbecho” por un abonado verde o en cualquier caso, proporcionar al suelo una cobertura vegetal de restos de cosecha, paja o de las propias hierbas adventicias que crecen en el terreno y que depositaremos sobre el mismo una vez segadas, para posteriormente incorporar esta materia orgánica al suelo que al descomponerse devolverá la fertilidad al huerto; en cualquier caso, si podemos elegir, lo ideal sería poder aprovechar aquellos bancales que no vamos a utilizar, para cultivar un abono verde, se trata de una combinación de leguminosas y cereales (habitualmente) que sembraremos en el momento propicio, con la siguiente finalidad: las primeras aportaran fertilidad al suelo, gracias a la simbiosis que realizan con las bacterias nitrificantes que son capaces de fijar el nitrógeno del aire y convertirlo en nitrógeno asimilable por las plantas, las segundas, debido a su poderoso sistema radicular, airean en profundidad los suelos, siendo muy recomendable su utilización para suelos pesados y compactados. El abono verde, pasará todo el invierno en la superficie de huerto que hemos destinado a ello, y será en la primavera, cuando se siega, no se arranca, para que el nitrógeno fijado en los nódulos de las raices de las leguminosas se incorpore al sustrato de un modo estable, posteriormente, tras unas dos semanas, en las que se dejarán los restos vegetales sobre el suelo, será el momento idóneo de incorporarlo al suelo, incorporando así todos los nutrientes fijados en la masa vegetal y devolviéndolos a la tierra.

Alicia Martín López

Ingeniera Técnica Agrícola

CULTIVALIA

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