Solo hay una forma de ser verdaderamente libres; conectando con nuestro interior. Muchas personas lo saben o han leído sobre ello. Les queda: la experiencia.

Tenemos que reconocer, que aún hoy, para la inmensa mayoría de las personas, la liberación va unida a conceptos como no tener ataduras, trabajar por su cuenta, tener dinero para no preocuparse de nada, o incluso tener y vivir en un velero. Todo ello está bien, si es lo que desean. Pero confunden los deseos con la libertad, y si es así, estas personas jamás serán libres, siempre querrán más.

Desear cosas, lógicamente entendidas cuando van más allá de lo necesario y suficiente, no es más que una expresión del ego, para reafirmarse, sobresalir, destacar, llamar la atención y ser admirados por lo que tenemos, descuidando lo que somos, no en su apariencia exterior, ni en un futuro, sino ahora, e internamente.

Suelo comentar con aparente tono de broma, que con los tiempos que vienen, todos vamos a ser más libres, y que estamos de suerte que “tener” no tenga nada que ver con la felicidad.

Pues con una economía que tiene que destinar ya un 40% (y aumentando) del gasto presupuestario a pensiones (algo que por mucho que nos neguemos a aceptar, es inviable en unos años, principalmente debido a la forma en que se siguen gestionando los fondos públicos y a la estructura del mercado laboral) cada vez, la mayoría tendremos menos en el sentido material. Así que: ¡Preparémonos para ser felices!

No es ironía. ¡Va en serio! Es una oportunidad. No espero que sea compartida ni comprendida por muchos. Ya dijo San Pablo: “La paz de Dios está más allá de toda comprensión”.

Cuando vamos perdiendo cosas y formas con las que hemos estado identificados toda nuestra vida, bien porque tenemos menos recursos económicos, o por el natural deterioro físico con el transcurso del tiempo, ese personaje inventado por nuestra mente, que ha vivido en, y sólo en, nosotros y que encima hemos inútilmente pretendido que sea como todos nos vean, se va perdiendo.

Con su pérdida, en muchas ocasiones, se produce una gran liberación. Pero, por favor, no esperemos a ser unos ancianos, a ver la muerte de cerca, para decir “Yo ahora, ya, digo y hago lo que quiero”, como me comentaba una persona de muy avanzada edad. Dejemos el “estado de espera”.

Porque sin la prisión de lo material, sin nuestra identificación con las cosas, y la necesidad de mantener un estatus o nivel social de vida, o de tener siempre un determinado aspecto, podremos liberarnos de decir yo soy esto o aquello, y decir: “Yo soy”.

Es este el sentido, en que hablamos de “desconectar”; desconectar de estar dándole vueltas a la cabeza, llena de preocupaciones y de las apariencias exteriores, por supuesto bien entendida y compatible, con el necesario cuidado de nuestro cuerpo.

La verdadera libertad está dentro de nosotros mismos. No podemos seguir permitiendo que nuestra vida transcurra centrada sólo en lo externo y aparente, perdiendo la vida en eternas interpretaciones y juicios de nuestra pobre y limitada mente, a la cual mantenemos atormentada con pensamientos permanentes y compulsivos.

Una voz en el interior de nuestra mente posiblemente nos esté gritando, tal vez acompañada de algún dolor de cabeza: ¡Me estás matando! ¡No puedo mantener este ritmo! ¡Voy a terminar teniendo una enfermedad neurodegenerativa! ¿Para qué cuidas tanto, y exclusivamente, tu aspecto exterior?

Tienes que darte cuenta a tiempo de que yo, la mente, no te voy a durar, con este ritmo de exigencia, a un nivel aceptable de funcionamiento por mucho tiempo.
¡Desconecta! ¡Déjame descansar, calma! Y comprobarás que esta que maltratas, tu mente, no eres tú.”

Juan Moreno
vacacionesdesconecta.com