Del YO Robótico al YO Real

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Desde tiempos inmemoriales, ha habido seres humanos que han aspirado a ascender a niveles más elevados de consciencia, conquistando dimensiones del Ser que nos pasan desapercibidas. La consciencia es el gran antídoto de la mecanicidad, de esa mecanicidad que anega pensamientos, palabras y actos, nos limita y robotiza, nos impide ver más allá del barniz de las cosas y nos ancla en lo aparente cerrándonos el paso a lo real.

Amamos y odiamos mecánicamente y, férreamente condicionados por nuestros automatismos, perdemos la libertad interior y la independencia de la mente. Nuestro estado de consciencia es muy pobre, a veces incluso lerdo, impidiéndonos ser más vivaces, lúcidos, intensos y compasivos. La lámpara de nuestra mente, la consciencia, opera de manera intermitente y frágil.

Estamos en el sótano del edificio de la consciencia, donde toda visión se estrecha, pero podemos tratar de ascender al piso más alto y amplificar enormemente la visión. De una visión acrecentada, intensificada y clara, surge una manera especial de ser y sentir, y todo adquiere un significado más profundo y transformativo. El yo robótico se va debilitando para que pueda aflorar la preciosa y reveladora energía del yo real.

Juega un papel determinante en este proceso el entrenamiento metódico de la atención, el intento perseverante por hacerse más consciente y frenar las reacciones de mecanicidad, la oposición a alimentar y expresar emociones negativas, el cultivo de determinados momentos de meditación y silencio interior, la vigilancia reflexiva al pensar y al hablar, la indagación de sí mismo y el desarrollo de la pura y desnuda sensación de ser o existir. A veces es como si todo se opusiera a esa ascensión por la escalera de la consciencia y fuerzas internas y externas se resistieran a ese proceso de evolución, pero es necesario redoblar los esfuerzos y servirnos de todas las herramientas que podamos para acelerar la evolución consciente.

A Buda se le denominaba el Despierto, porque había logrado alcanzar esa visión penetrativa que disipa la ignorancia básica de la lámpara.

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

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1,9 minutos de lecturaActualizado: 04/02/2015Publicado: 04/02/2015Categorías: RAMIRO CALLEEtiquetas: , , , , ,

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