Haz el amor y no la guerra con tu piel

En épocas de caos y confusión lo más clarificante sería el volver a la esencia y al amor.

Cuando utilizo esta frase “Haz el amor y no la guerra con tu piel” que acaba de cumplir más o menos 50 años es porque sería conveniente mirar hacia atrás para ver que se ha hecho bien en la vida, y cual es el camino a seguir.

Estamos viviendo tiempos convulsos en la estética actual: mucha información poco contrastable, multitud de centros estéticos con aparatologías cada vez más sofisticadas y productos con moléculas con nombres imposibles de pronunciar.

Muchos hombres y mujeres que deciden poner su rostro en manos de profesionales encuentran que sus expectativas no se encuentran satisfechas, con el considerable perjuicio económico.

¿A quien hemos dado el poder?

Quizás detrás de esta medicalización de la estética se encuentren grandes corporaciones, y sea más fácil utilizar aparatología o sustancias químicas que utilizar técnicas manuales.

Este es el momento de utilizar la frase… Haz el amor y no la guerra con tu piel… ¿Por qué digo esto? Es fácil y rápidamente vais a entenderlo.

El acto sexual o cualquier acto que genere placer como las caricias van a liberar una cascada ingente de hormonas que van a provocar grandes dosis de química natural beneficiosa para nuestra piel. Por ejemplo, las hormonas que se generan en el hipocampo nos permiten protegernos del envejecimiento precoz cuando el cuerpo recibe un sutil masaje.

El flujo sanguíneo se estimula, generando oleadas dentro de nuestro cuerpo que es lo que luego aflorará en nuestra piel, magnífico lubricante para el tejido conectivo.

Están también las endorfinas que generan una sensación de bienestar increíble y que químicamente son similares a los opiáceos, las llamamos “hormona de la felicidad”. Todas estas sustancias son generadas en el tratamiento Kogo, pero de una forma natural.

La manera que tenemos de entender la estética es diametralmente distinta a la estética medicalizada actual; no queremos inoculaciones, hilos tensores, etc… Existe una alternativa a la estética actual que es comprensiva con nuestra piel y realmente fabulosa: la movilización de los tejidos a través de las manos y la precisión de los movimientos que hace que recuperes el óvalo facial y regeneres la piel.

Oxigenación, activación y drenaje, todas a la vez, serán las técnicas que ayudarán a los tejidos a recuperar su elasticidad, que es lo que necesita el tejido para no envejecer, a través de una técnica manual que nos inunda de química natural interna y beneficiosa. Solo queremos amor y no guerra en nuestra piel.

¿Por qué utilizar cosmética natural?

Por otro lado, cuando unimos una técnica manual a un producto cosmético, no podemos pensar ni remotamente en utilizar sustancias que no embellezcan y nutran nuestra piel. Es necesaria una cosmética realmente natural y ecológica.

La situación actual es esta: La cosmética industrial actual es ante todo sintética, producida y replicada en laboratorios sin ningún ingrediente natural en su interior.

Por supuesto, la piel no entiende absolutamente nada. Las sustancias químicas son muy baratas y no son nada beneficiosas para nuestra piel. El problema es la búsqueda de beneficios rápidos y cuantiosos y la formulación con sustancias que son disruptores hormonales como los ftalatos y parabenos presentes en todos los productos cosméticos actuales.

La manera natural de cuidar la piel es aportándole nutrientes naturales para que, por sí misma, se pueda recuperar. La piel para regenerarse entiende de productos naturales como los oleatos, los hidrolatos, los aceites vegetales, etc… La piel necesita sensibilidad y amor para que resurja, como lo que es, una parte mas de la naturaleza.

Natacha de Cortabitarte

Facialista y directora de Kogo

kogo.es