Constelaciones Familiares y Esencias Florales

“No hay auténtica curación a menos que haya un cambio en los puntos de vista, paz en la mente y felicidad interior” Edward Bach.

Desde hace mucho tiempo existe el convencimiento de que las personas estamos influenciadas por nuestros padres, por nuestras familias, por nuestro entorno social y el alcance de esas influencias puede marcar sustancialmente nuestro destino vital.

Ya en los años treinta, pioneros como Jakob Moreno con su psicodrama, desarrollaban una especie de terapia sistémica en el campo de la psicología, que se basaba en las relaciones del individuo con su entorno. Pero es con Bert Hellinger, a principios de los ochenta, con la exposición de su trabajo sobre las Constelaciones Familiares, con quien se hace patente la dimensionalidad e intensidad de los lazos que nos relacionan con los colectivos a quienes pertenecemos y que determinarán el futuro de nuestra vida adulta. Más adelante Hellinger ha elevado sus descubrimientos a la dimensión espiritual, en la que los órdenes o desórdenes de nuestras relaciones adquieren una conciencia y comprensión de trascendencia universal.

Los conflictos de la convivencia humana que nos separan de otros y de nosotros mismos, van a tener un papel fundamental en la salud física, anímica y espiritual, reflejándose en el cuerpo.

Paralelamente, en otra línea de trabajo y también en los años 30, el Dr. Bach descubre 38 remedios florales, de naturaleza vibracional, con el objetivo de ayudar, con ellos, a generar en el ser humano la consciencia que le permita trascender los patrones que le alejan de su luz interior, que le impiden la verdadera felicidad, la armonía de sus relaciones y el alcance de su propósito vital en la Tierra. Bach define condiciones como el orgullo, la crueldad, el odio, la ignorancia, el egoísmo, la inestabilidad, el miedo o la codicia como obstáculos en la vía del desarrollo interior, que impiden su acercamiento a la verdadera luz del alma y que siguen vigentes en nuestros días. Asimismo esas mismas condiciones son las que alejan al espíritu de su conexión amorosa natural con otros seres humanos en los sistemas proyectados por él mismo para su crecimiento, desde su existencia trascendente; sistemas que son los mismos que se definen en las Constelaciones Familiares, conexionados por lazos de amor y órdenes, muchas veces mal entendidos por nuestra egoica e ignorante personalidad humana.

Los Arquetipos Florales descritos por Bach van a definir perfectamente situaciones que se producen en el marco de las relaciones sistémicas y que se observan en la fenomenología de las Constelaciones Familiares. Veamos algunos ejemplos:
• Las situaciones de pérdidas, duelos, cárcel, estarían emparentados con la descripción de Star of Bethlehem.
• El exilio, los cismas familiares, el ingreso en residencias, la formación de una nueva familia distinta a la de origen, se relacionarían con Walnut.
• Los hechos de violencia, delincuencia, agresión en general, equivaldrían a Cherry Plum.
• El aislamiento que produce la custodia de un secreto, produce un estado descrito en Water Violet. También cuando el guardián del secreto lo utiliza para manipular a otros miembros de la familia se daría un estado Chicory. O cuando el secreto ha implicado daños o pérdidas volvería a aparecer Star of Bethlehem.
• En la dinámica de las lealtades invisibles Centaury es la esencia de elección, pues son personas que se someten a voluntades más fuertes buscando el amor o la aprobación.
Red Chestnut representaría el hecho vincular en la familia, su expresión máxima de apego y conexión, cuando un miembro manifiesta una preocupación desmedida por otro ser querido. Es cuando en una constelación alguien le dice a sus padres: “lo hago por vosotros”.
Wild Oat hablaría de la pérdida o la búsqueda de las raíces, de la identidad, de la propia base, del encuentro con lo que verdaderamente soy.
Chestnut Bud nos conecta con la repetición transgeneracional de los hechos familiares no resueltos, de los comportamientos inconscientes generados por cualquier causa en los ascendientes.
Elm representa la carga, el agobio que se arrastra con uno mismo, sin saber muchas veces por qué y que en muchos casos se debe a la fidelidad y el servicio mal entendido a la familia.

Y así sucesivamente podríamos encontrar que todas las esencias florales (incluso las de nueva generación descubiertas y elaboradas con posterioridad a Bach) designarían patrones de comportamiento sistémico, desvíos en los Órdenes del Amor y situaciones de alejamiento de la esencia espiritual, que aparecen como fuentes del dolor, de la enfermedad y de la limitación en la felicidad vital -que debería ser nuestra auténtica herencia familiar-, en el fenómeno expuesto durante la representación en una constelación.

Pero, al mismo tiempo, sabemos que las esencias florales, como arquetipos, a la vez que muestran la situación que nos desvía del ideal esencial, nos ofrecen en su vibración la posibilidad de encontrar el camino de regreso, por resonancia, al equilibrio a través de ellas. Es la doble polaridad que poseen: el estado limitante y el potencial de transformación. De hecho podemos elegirlas no sólo para aliviar un malestar determinado sino, en el ámbito del desarrollo personal, para alcanzar una imagen primordial de un valor arquetípico concreto. Y es por esas posibilidades de utilización por las que se pueden convertir en una valiosa herramienta en el marco de las Constelaciones Familiares.

Sabemos que en el campo de una constelación se produce una fenomenología en la que los representantes muestran los lazos familiares inconscientes, las fidelidades, las exclusiones, los movimientos, las transmisiones intergeneracionales y otras situaciones relacionales que determinan el destino de un sistema. Asimismo, cuando la imagen se ha instaurado en el corazón del constelado –lo que normalmente se expresa en una manifestación emocional o sensibilidad del mismo-, el facilitador apoya el proceso de reconversión de vectores pidiendo a los representantes que verbalicen una serie de frases sanadoras que dan claridad y ponen en orden aquello que estaba en desajuste. Esto cambia muchas veces los movimientos y los vínculos que se han producido, generando una restauración del equilibrio y del amor en su mayor dimensión y permitiendo que se transmita en un nivel espiritual al conjunto. En ocasiones sólo la aceptación del destino familiar, como parte de un Plan Universal que nos trasciende, es lo que permite la sanación, pues es como si no tuviéramos acceso o posibilidad de realizar cambios en lo que estamos viendo. Otras veces la persona que constela no está preparada o abierta para ver lo que está mostrándosele y tampoco la constelación puede avanzar.

En mi experiencia como terapeuta y formador, he podido observar como el uso de las esencias florales durante una constelación proporcionan un sorprendente apoyo a lo que sucede en la misma en sus diferentes ámbitos, a saber: poniendo de manifiesto las dinámicas ocultas, generando un movimiento allí donde había estancamiento, ayudando al constelado a integrar lo que está observando, alineando al terapeuta que se ha bloqueado, permitiendo que los representantes expresen frases sanadoras desde un lugar profundo e intuitivo que dan en el clavo de lo que se necesita oír,… Tal vez pueda resultar increíble pero lo cierto es que sucede y, probablemente, a causa de la energía vibracional que poseen y que las enlaza directamente con la fuerza de la vida de la que emana también nuestra esencia espiritual y nuestros movimientos al formar parte de ella.

Para ilustrarlo muestro un caso: en una constelación, la representante de una paciente con un problema de salud sólo puede avanzar hacia la enfermedad. Le doy a elegir una esencia y toma intuitivamente Rock Water, que representa la inflexibilidad, la autoexigencia, el deseo de ser ejemplo para los demás. Al tomarla puede mirar a otro lado, donde se coloca una nueva representante. Siente frío y ganas de llorar. Extrae una nueva esencia que será Mustard, representando una tristeza y dolor inconsciente. Los representantes de los padres de la paciente están con los ojos cerrados. Al dar a la madre una esencia, ésta elige la chamánica Flor de Luna, que representa, entre otras cosas, la sobreprotección, la posesividad, la pérdida de vinculación temprana con un bebé, las dificultades para amar. Entonces la madre abre los ojos, se acerca al lugar en el que está la representante a la que mira la paciente, la abraza y llora. La enfermedad se va con ellas. El padre tiene un deseo de huir de todo y se aleja (falleció joven). Entonces la paciente toma Olive (regeneradora en enfermedades que se cargan largo tiempo y de la energía basal), sonríe y puede mirar a la madre con ternura y vincularse con ella. Se toma consciencia de que hubo un abuso de la paciente cuando era niña, que avergonzaba a los padres y que la madre, en concreto calló. Eso rompió el vínculo de la paciente hacia ella (la representante a la que miraba la paciente y que era la parte de sí misma desvinculada y perdida) y desencadenó una patología renal (pérdida de referencias, de raíces). Las esencias ayudaron a dar luz al problema y regenerar el orden en la familia.

La síntesis de estas dos herramientas, Constelaciones Familiares y Terapia Floral, como vemos abre un apasionante campo de trabajo, investigación y posibilidades en el ámbito de la consciencia. Sus dos descubridores, Hellinger y Bach, viajaban sin saberlo por sendas paralelas. Estamos en una era de síntesis y la información recibida de estos dos grandes investigadores del alma y terapeutas puede conjugarse para el progreso de la humanidad y la restauración del orden del amor y de la vía del espíritu. Tal vez es la responsabilidad de los herederos del conocimiento de estas fuentes, la conjugación de sus principios en las nuevas y luminosas posibilidades de este camino emergente.

Juan José Hervás Martín
Terapeuta Holístico y Transpersonal
Centro Ailim
www.ailim.es