La autoestima es como un termómetro interior que nos envía señales de cómo funciona la relación con nosotros mismos influyendo en la relación con nuestro entorno. Identificar los síntomas de una autoestima baja, nos ayudará a poner soluciones para mejorarla.

La relación con uno mismo

Uno de los ámbitos en los que refuerzo la mirada en mis sesiones es en la relación con nosotros mismos. Desde niños aprendemos e interiorizamos, influidos por el sistema en el que vivimos, una manera de relacionarnos. Esto nos va calando estableciendo una forma determinada de auto relacionarnos. Creamos así, hábitos internos que condicionan nuestras conductas. Si integramos confianza del entorno y aspectos positivos sobre nosotros, la autoestima se construirá de manera estable y segura. Si el entorno es inestable, inseguro u hostil, viviremos el mundo como un lugar amenazante y surgirá la inseguridad, el miedo y tendencias autodestructivas.

Por ejemplo, los diálogos internos que surgen en nuestra mente ejercen una influencia significativa en nuestro comportamiento. Si los observamos tomamos y conciencia de cómo se desarrollan, con el tiempo seremos capaces de ser selectivos en su contenido. Un mensaje interno de “no valgo para nada porque no he aprobado”, puede intercambiarse con “no he dedicado tiempo suficiente a mis estudios. Me esforzaré un poco más. Puedo conseguirlo.

Los padres tenemos una misión importante: descubrir cómo se materializan esos pensamientos y ayudarles a modificarlos con nuestro apoyo y cariño. Una de las mejores lecciones es que nuestros hijos aprendan a quererse y respetarse.

¿Tiene mi hijo baja autoestima?

Repasemos algunas conductas de nuestros hijos para valorar su nivel de autoestima.

Las conductas aisladas no son suficientes. Hay que observar si es más una actitud ante determinadas situaciones y si se repite con frecuencia. Esto marcará una tendencia a compensar para favorecer una relación interna más amable y constructiva.

  • Se infravalora, haciendo comentarios despectivos sobre sí mismo. Por ejemplo: “es que soy tonto”.
  • Tiene rabietas frecuentes y poca tolerancia a la frustración. Cuando no le sale algo a la primera, se enfada y abandona la tarea.
  • Le cuesta tomar decisiones. La duda está presente con frecuencia. “No sé…”
  • Se bloquea fácilmente ante situaciones nuevas. Le asusta explorar.
  • Es tímido y retraído con sus iguales.
  • Puede tener un comportamiento excesivamente sumiso y/o agresivo.
  • Hace muchas llamadas de atención de forma inoportuna y molesta.
  • No acepta fácilmente otros puntos de vista. Aparece una visión demasiado rígida.
  • Suele tener una perspectiva pesimista de la realidad y el futuro.
  • Siente que no merece que le ocurran “cosas” buenas.
  • Se compara con los demás y sale perdiendo.
  • Sufre de ansiedad con facilidad.
  • Ante las dificultades se paraliza o retrae.
  • Le cuesta motivarse para conseguir objetivos.
  • Es excesivamente dependiente de las opiniones de los demás y/o los mayores.
  • Busca a menudo la aprobación externa y si no le llega se siente frustrado y enojado.
  • Siente fácilmente celos cuando se elogia a otra persona.
  • Tiene tendencia a conductas destructivas y desafiantes.

Estas son algunas de las actitudes que pueden surgir en nuestros menores cuando la autoestima no está en unos niveles aceptables.

Establecer bases adecuadas de confianza y seguridad en nuestros hijos será un antídoto para que crezcan estables y fuertes, seguros de sí mismos. El próximo artículo veremos algunas claves para padres y educadores que nos ayudarán a establecer esas líneas de confianza.

 

Sandra García Sánchez-Beato

Psicóloga. psicoterapeuta humanista

Directora de Adhara Psicología

adharapsicologia.es