A pesar de las cantidades enormes de dinero dedicadas a la salud pública en los países desarrollados y por otra parte el ingente volumen de ayuda humanitaria destinada a las naciones más pobres, la salud media del ser humano no ha mejorado de manera satisfactoria, de la misma manera que no disminuyen las enfermedades, ni desaparecen las plagas.

Ciertos países pecan y enferman como consecuencia de una alimentación rica y abundante, y otros están sometidos a una nutrición escasa y deficiente. Estos dos extremos son hoy la tónica en la mayor parte de nuestro planeta, donde únicamente ciertas pequeñas comunidades poseen una alimentación equilibrada.

Por ejemplo, tomando como referencia el hemisferio norte, el consumo de harina en occidente, sémola en medio oriente y granos en extremo oriente forman la base alimenticia de sus pueblos, pero todos estos productos se consumen refinados, blanqueados y sin las sustancias nutritivas e indispensables del cereal integral. Con respecto al hemisferio sur poco hay que añadir, ya que «copia» y sigue las pautas del norte.

De todo esto derivan:

– Las enfermedades de opulencia en los países ricos y no tanto, como en el caso del nuestro, donde sin ser «ricos» padecemos las mismas enfermedades, epidemias y accidentes funcionales que provocan invalidez y fallecimientos prematuros.

– Una contaminación galopante por una pésima gestión de los recursos tecnológicos.

– La delincuencia, el paro y el abandono sentimental y afectivo de millones de personas

– Catástrofes naturales debidas a la alteración, por parte de los humanos, de los ciclos energéticos del ecosistema

– La miseria económica de muchos países, entre los cuales nos encontramos.

– La impotencia e «inutilidad» tecnológica para satisfacer las necesidades del ser humano.

– Los conflictos en las relaciones humanas: matrimoniales, familiares, profesionales, etc…

– Todo lo que precede contribuye en cierto modo nuestro capital de salud, un potencial que se ve mermado por nuestras prácticas alimentarías incorrectas, como el consumo de carne y productos lácteos derivando en la producción de enfermedades cardiovasculares y múltiples tumoraciones orgánicas, sin hablar de obesidades y las patologías que de ellas derivan.

Esta toma de conciencia, con el consecutivo cambio en el enfoque de vida permite obtener indudablemente una existencia más plena, más amplia con una mejoría de nuestro estado general, nuestra «salud». Nuestra meta es pasar de «micro» a «macro»; de una micro existencia, hecha de pequeñeces cotidianas, a una macro vida llena de momentos sublimes. ¡Ella es la macrobiótica!

Es el arte, o el sistema, para obtener ese tipo de vida que todos merecemos.

¿Os suena a utopía?

No me sorprende. Ahora mismo, en su vida, cualquier propuesta que implique una mejoría de su situación, un bienestar permanente, una felicidad posible, le sonara a algo imposible, utópico. ¿Cuánto tiempo hace que dejo de luchar? ¿y de creer en usted? Perdió su integridad hace mucho, ¿verdad? Y no es de extrañar. ¿Cómo se puede pretender ser integro comiendo alimentos refinados? Para ser integro, hay que alimentar nuestro ser con alimentos íntegros, integrales. ¿no le parece esto lógico o es que a perdido, incluso, esta percepción fundamental?.

«Tenemos la suerte de poseer este «arte de vida» que nos a porto el profesor George Ohsawa (1893-1966). Con la edad de 15 años estaba afectado por una tuberculosis enfermedad que hacia entonces estragos en el Japón. Con 18 años estaba condenado por la medicina oficial. Fue entonces cuando decidió buscar una alternativa natural, bien decidido a sobre vivir, se encontró al poco tiempo con Sagen Ishizulea (1850-1910). Que difundía la filosofía del principio unificador, basada en la armonía y complementariedad de todos los fenómenos según la energética del yin-yang. Su curación fue definitiva y dedicó el resto de su vida a la difusión y enseñanza de esta dialéctica filosófica y dietética.

El fundamento de esta técnica alimenticia es proporcionar al organismo todo los nutrientes indispensables y obtener con ello un rendimiento máximo, pero si cargarlo de toxinas, productos químicos, medicamentos, etc… seleccionando y cocinando los alimentos más puros y naturales.

Por supuesto esto conlleva una materia teórica, una enseñanza que se difunde a través de los libros, conferencias, seminarios. Etc… Algunas de las leyes que forman el soporte teórico de la Macrobiótica son por ejemplo:

-Todas las cosas, fenómenos, organismos, cuerpos, alimentos etc… están compuesto de energías yin-yang en cantidades variables.

-La energía Yin es producidas por la fuerza centrifuga de expansión y la energía Yang por la fuerza centrípeta de contracción.

-Por lo tanto el término «Yin» representa todo aquello que manifiesta una tendencia expansiva de difusión. A raíz de esto ya puede usted averiguar ¡en dos segundos! La tendencia energética de la «obesidad».

-El término «Yang» se aplica a todo proceso que manifiesta una tendencia contractiva de asimilación. Para estudiar ahí que estar «concentrado» por lo tanto a una persona muy «Yin» le costara muchísimo estudiar.

– La mayoría de los alimentos actuales poseen una de estas dos condiciones, Yin o Yang en extremo, lo que en ambos casos provoca una acidificación sanguínea, con el peligro vital que ello conlleva.

Vivir según el orden del universo, siguiendo las leyes de la naturaleza, con los fundamentos adecuados al ser humano implica alimentarnos de una cierta manera idónea y placentera, sin ningún tipo de «modas» dietéticas intereses de multinacionales alimenticias, caprichos sin convenios sociales. Esta genuina nutrición nos fortalece y permite adaptación al entorno y dificultades. ¡y desde luego erradica el miedo de nuestras vidas! ¿Qué le parece esto? ¿No le gustaría aniquilar ese miedo que le acompaña como una sombra desde hace años?

La macrobiótica desarrolla la capacidad innata de auto curación que todos poseemos. Si el cuerpo está limpio de toxina, venenos y exceso tiene la faculta de enfrentarse con éxito a cualquier desafío o enfermedad. A sido creado y diseñado con tal finalidad.

Por eso al inicio de la práctica Macrobiótica siempre se produce una desintoxicación orgánica, una limpieza generalizada con eliminación de sustancia inútiles y perjudiciales que teníamos acumuladas en nosotros.

Pero ahí está su miedo todo poderoso: y las proteínas, vitaminas, calcio, hierro ¿de dónde las cojo?

¿Se hubiera usted este tipo de pregunta hace un siglo? ¿Se la hacen ciento de millones de personas que desconocen hasta el significado de estos términos? ¿A caso, eso les impide alimentarse convenientemente?. Resulta muy curioso que usted se preocupe al extremo de ciertos nutrientes que considera saludables e indispensable y que por otra parte haga la «vista gorda» sobre el consumo excesivo de otros compuestos (grasas, pesticidas, alcohol, tabaco, etc) que no duda ingerir cada vez que le apetece.

Es necesario saber que la alimentación Macrobiótica conlleva varios aspectos:

-Terapéutica: Es la dieta curativa orientada en los alimentos más convenientes y potentes para restablecer la salud alterada.

– Culinaria: se trata de la cocina cotidiana y casera, elaborada con ingredientes integrales y de cultivo biológico. Sencilla pero suculenta, se adapta a cada persona, su actividad, la estación del año, etc…

-Gastronómica: es la versión festiva de restaurante y la alta gama compuesta de preparaciones exquisitas que difícil mente usted puede imaginar, pero siempre con los fundamentos energéticos de la filosofía Macrobiótica. Ahí lugares así en varios países.

Esta tres vertientes se desarrollan y enseñan en los cursos que llevamos a cabo y me propongo difundirlas a través de instituciones debidamente equipadas y explicarlas detalladamente en próximos artículos.

Desde luego la Macrobiótica no es para cualquiera, ¿es usted un cual quiera? ¿Desea seguir siéndolo? La Macrobiótica es para los valientes y las «Valientes». Si es este tipo de persona ¡bienvenida! ¡Aquí estoy, para avanzar con usted!

Carmelo Ruiz Román

Asesor y consultor Macrobiótico de El Vergel

www.el-vergel.com