La medicina tiende cada vez más a la súper especialización, a contemplar al hombre como un compuesto de partes inconexas y a olvidarse del conjunto. Así, hoy en las facultades de Odontología nos hablan de una boca sin hombre y en las de Medicina de un hombre sin boca.

Ante esta perspectiva, se hace necesario echar la vista atrás y recuperar para la práctica clínica actual modelos terapéuticos más amplios e integradores, en los que el sujeto sea atendido en su conjunto.

Tal es el caso de la HomeoSpagyria (Homeopatía Spagyrica), el sistema homeoterapéutico que, codificado por el Dr. Juan Carlos Avilés, sistematiza y adecúa los postulados de la Medicina Tradicional de Occidente a la situación del hombre del siglo XXI para abordar las dolencias y alteraciones, tanto físicas como psíquicas, que hoy le atañen.

El sujeto es observado con una visión holística, como una totalidad indivisa que consta de tres dimensiones (física, psíquica y energética) que han de ser tratadas al mismo tiempo.

Además, la Homeopatía Spagyrica, como sistema médico tradicional, establece una analogía entre las reacciones fisiopatológicas y de comportamiento del individuo y los modelos y arquetipos observados en la naturaleza. Y es que el hombre (microcosmos) se concibe como una unidad dentro de otra mayor (macrocosmos), al igual que una célula en el conjunto del ser humano.

El médico spagyrista, por tanto, somete al paciente a un estudio exhaustivo en el que, tal y como se apuntó en la anterior edición de Espacio Humano, se atiende a su metabolismo (Principios), tipología orgánica (Complexiones), pautas comportamentales e integración cognitiva (Actividades Vitales) y a su adecuación a los ciclos y ritmos de la naturaleza (Expresiones Biológicas). Todo ello, para ubicar al sujeto en un modelo universal de relación, el Esquema General de la HomeoSpagyria, en el que todo se encuentra en perfecta armonía, facilitando la detección de los posibles desequilibrios y, en consecuencia, su corrección, tanto en las reacciones generales como en las específicas de una patología concreta.

Para la HomeoSpagyria, la enfermedad supone, por tanto, una ruptura con el orden natural establecido, la falta o incorrecta integración de los Principios, las Complexiones, las Actividades Vitales y las Expresiones Biológicas.

Esa pérdida de armonía se produce, no obstante, en el estado de conciencia; pero afectará a la dinámica energética y terminará reflejándose a nivel físico u orgánico. De este modo, nada en nuestro organismo ocurre por casualidad, lo hace por causalidad y con una finalidad, volver a Ser.

Cuando la conciencia está tranquila, todo sigue su curso normal, sucede como tiene que suceder. Sin alteraciones. El pulso y el latido cardiaco tendrán un ritmo determinado, la temperatura corporal será constante, los riñones filtrarán las impurezas de nuestra sangre, la respiración conservará su cadencia, las glándulas segregarán hormonas, en el organismo se formarán anticuerpos y, en general, se mantendrá la homeostasis.

Estas funciones no pueden explicarse por la materia en sí. Dependen de una información concreta cuyo punto de partida es la conciencia. El cuerpo se limita a hacer lo que tiene que hacer, como el árbol que en un momento concreto del año, y solo en ése, se desprende de sus hojas. De este modo, es un error afirmar que el cuerpo está enfermo, por más que la enfermedad se manifieste en él como síntomas.

La HomeoSpagyria interpreta, por tanto, el síntoma como un mecanismo de defensa puesto en marcha por el organismo para tratar de restablecer el equilibrio perdido. Es un punto de interés que reclama nuestra atención y que, por consiguiente, altera nuestro día a día.

Por ello, el médico spagyrista no busca erradicar el síntoma sino hacerlo efectivo para que el propio organismo reaccione ante la anomalía o alternación en cuestión. Trata de escuchar y comprender lo que dicho proceso está queriendo decirnos.

Establezcamos ahora una analogía entre el ser humano y un coche, entre nuestro caminar por la vida y sus distintos viajes.

Supongamos que, de repente, empezamos a notar que el coche pierde agarre y derrapa en las curvas, lo que provoca un mayor desgaste en los neumáticos, generándonos cierta inseguridad. El viaje se vuelve, entonces, incómodo y peligroso. Lo mismo ocurre en nuestro cuerpo cuando aparece la enfermedad.

Notamos que algo no va bien en nuestro viaje (enfermedad), paramos el motor, miramos el coche (nuestro cuerpo) y observamos el desgaste de las ruedas por su parte exterior (síntoma). Podríamos parar en un taller y cambiar los neumáticos; pero únicamente retrasaríamos el problema. Estaríamos tratando, únicamente, la sintomatología.

La Homeopatía Spagyrica, por tanto, va más allá, busca el motivo por el que se está produciendo ese desgaste. Este podría estar provocado por una conducción agresiva, por un desgaste en la amortiguación o por el uso excesivo del neumático.

El síntoma, el desgaste de los neumáticos, no es bueno si perdura en el tiempo, ya que podría provocar un reventón. Lo que sí es bueno es que el síntoma se manifieste, porque, de esta forma, podremos darnos cuenta de que algo no va bien en nuestro viaje.

A partir de ahí, comprobaremos si esta sintomatología es consecuencia de una mala conducción, de un sistema de amortiguación desengrasado o de la deficiente calidad de la goma de los neumáticos.

Si el conductor está arriesgando demasiado, por más que cambie de ruedas –incluso por las de máxima calidad– o de amortiguación, el resultado será siempre el mismo, persistirá el desgaste anómalo. Por tanto, en este caso, el tratamiento irá encaminado a hacer entender al conductor que está arriesgando demasiado.

Si el problema está en un mal equilibrado de la amortiguación, este deberá corregirse. Pero si dicho desajuste está provocado por una conducción distraída, aconsejaremos al conductor que se centre más en la vida.

Si la calidad de las gomas es mala o el conductor quiere apurarlas al máximo, por mucho que mime la conducción, estas acabaran reventando y provocando un accidente. El tratamiento en este supuesto será el cambio de neumáticos por unos más acordes con el terreno.

En nuestro cuerpo ocurre lo mismo. En odontología, por ejemplo, las caries, la enfermedad periodontal o el bruxismo, no son el problema sino la forma en la que este se expresa para advertir que algo está fallando, que existe una anomalía. Son la expresión visible de un proceso invisible. Por lo tanto, si queremos descubrir lo que nos indica el síntoma, tenemos que apartar la mirada de él y buscar más allá.

Hoy en día la enfermedad no se entiende, y por ello, la medicina actual es coercitiva con el síntoma. Lo convierte en una señal incomprensible, impidiendo que el cuerpo aprenda y ponga en marcha los mecanismos de defensa oportunos. En ese caso, el síntoma no sirve para nada, no activa la capacidad reactiva del sujeto.

Por todo ello, la demanda de formación en HomeoSpagyria por parte de los profesionales sanitarios se encuentra en pleno auge, lo que ha propiciado que la oferta educativa de distintas entidades docentes (cursos, másteres, seminarios, monográficos…) se oriente en esta dirección, siguiendo, además, como no podría ser de otra manera, el método tradicional de enseñanza, caracterizado por el contacto directo entre el profesor y el alumno.

Dr. Miguel Angel Recatero

Medico-Odontologo. Director Estomatología Holística

Especialista en MTO – Homeospagyria

www.estomatologiaholistica.es