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No hay verdadero Yoga sin transformación

El yoga es una disciplina mental y espiritual para alcanzar otro modo de ver, ser y serse. Es una vía para aproximarse a lo Real o última realidad, que no importa en qué términos se defina, pues está más allá de cualquier concepto.

Pretende la evolución de la consciencia y superar esos condicionamientos humanos que han sembrado de horrores la historia de la humanidad, pero que pueden evitarse cuando la mente, que es causa de ofuscación, avaricia y odio, se transforme y genere lucidez, generosidad y amor. La mente velada por tendencias insanas, provocadoras de tanto innecesario sufrimiento, puede despejarse y brindar lo mejor de sí misma. Sólo mediante la motivación, el esfuerzo bien encaminado, la actitud, el firme propósito y las técnicas, puede acelerarse la evolución consciente.

Lo mejor de uno mismo

A través de la meditación y otras técnicas se busca un conocimiento mucho más alto, fiable y revelador, y sobre todo transformativo. No hay verdadero yoga sin transformación. Y esta transformación es para obtener lo mejor de uno mismo y poderlo así compartir con las otras criaturas.

El yoga ha ido acopiando una gran cantidad de enseñanzas y métodos a lo largo de su dilatada historia, para poder ir más allá de la consciencia semievolucionada y abordar otra forma de ver y proceder basada en la sabiduría y la compasión. Si se quiere no es un sueño. Contamos con el legado impagable de las mentes más brillantes en el terreno del mejoramiento humano. Pero, como a menudo recuerdo en mis conferencias y talleres, todo está dicho pero nada está hecho.

En el seno del gran río del yoga se han ido incorporando, a lo largo de milenios, las experiencias de muchos yoguis, que han aportado sus enseñanzas y revalidado los métodos que hay que experimentar por uno mismo. En el yoga todo debe convertirse en verificación personal y volverse uno su propio laboratorio viviente en el que indagar y experimentar.

Muchos maestros nos han ido dejando su legado a través de su propia experiencia. No hay que guiarse por creencias (sean hindúes, budistas, jainas o cristianas), sino por experiencias. Buda nos invitaba a escuchar la enseñanza, reflexionarla, ponerla en práctica y tomar aquello que nos ayudase y descartar lo que no nos ayudase. Pero para eso hay que experimentar.

El yoga es una herramienta para desarrollar paz interior y superar el sufrimiento debido a la mente ofuscada. Es a la vez una técnica de introspección, un método de autodesarrollo, una disciplina psicomental y psicosomática. Se trata, mediante su práctica y sobre todo la meditación, de perfeccionar esas herramientas que son nuestras funciones mentales.

El yoga es heterogéneo y polivalente

Pero el yoga es heterogéneo y polivalente, y por eso no resulta nada fácil explorarlo y comprenderlo.

Además de lo apuntado, es una técnica de vida o arte de vivir, un modo de enfocar la existencia humana desde la visión clara y el entendimiento correcto. En el transcurso de los tiempos parte de su sabiduría puede haber quedado sepultada, pero mucha otra sigue siendo un caudal inmenso de enseñanzas y métodos. Independiente, de cualquier culto, el yoga es un método liberatorio. Al demostrar sus técnicas una alta eficacia, fueron siendo incorporadas a diversos sistemas filosófico-religiosos.

En el ámbito del yoga ha habido manifestaciones o expresiones muy diversas desde los comienzos de su historia, y a veces en lo aparente contradictorias. En su corriente hay incluso vestigios de la cultura espiritual de los drávidas. Desde antaño sus procedimientos fueron utilizados por chamanes, ascetas, magos, místicos y toda suerte de buscadores de lo Inefable, más allá de tendencias monoteístas, politeístas, panteístas o ateas. Muchos yoguis surgieron al margen de la asfixiante ortodoxia del hinduismo. Incluso ha habido una tradición de lo que podemos llamar «maestros extravagantes», que con sus «terapias» de choque y su estrafalaria e intencionada conducta trataban de quebrar los parámetros ordinarios de la mente de sus discípulos.

El yoga siempre ha gozado de una enorme plasticidad o flexibilidad. Pero ese no es motivo ni debe ser nunca causa para conducirlo a la degradación por aquellos precisamente que nada de yoga saben, o muy poco, pero lo prostituyen y comercian. Hay que poner bajo sospecha a esos mercaderes del espíritu.

Y en último lugar, uno debe trabajar sobre sí mismo para convertirse en luz para uno mismo. Y no olvidar que el verdadero maestro es el que conduce a su discípulo hasta su propio maestro interno y no el que crea dependencias ni se aprovecha de la minoría de edad emocional del discípulo.

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

ramirocalle.com

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