Era un aspirante espiritual que tenía una mente muy inquieta y que decidió retirarse unos días al bosque y allí, en el silencio reconfortante de la soledad, someterse a la meditación. Acudió a visitar a su maestro y le dijo:

  • Venerable maestro, he decidido pasar unos días en el bosque, en soledad, dedicándome a la meditación. Mucho os agradecería me proporcionaseis un tema en el que meditar.

El maestro dijo:

  • Piensa en todo lo que quieras, menos en monos. Sí, en todo lo que quieras menos en monos.

El discípulo se puso en marcha hacia el bosque, mientras, satisfecho, se decía a sí mismo: “¡Qué facil me lo ha puesto el maestro! ¡Anda que no tengo temas en los que pensar!

El aspirante permaneció unos días en el bosque. Después y nada más abandonarlo, acudió a visitar a su maestro. Nada más verle, el mentor le preguntó:

  • ¿Qué tal te ha ido?

Desolado, el aspirante repuso:

  • Me siento totalmente desmoralizado. No he podido dejar de pensar en monos.

REFLEXIÓN

Hay un adagio que reza: “está en la naturaleza de la mente divagar como en la del fuego quemar”. La mente puede ser una buena amiga o una mala enemiga y la misma mente que ata es la que puede liberar. Pero es necesario aprender a estabilizar, controlar, sanear y saber dirigir la mente. La mente es muy mala ama, pero una buena esclava.

Una mente sin entrenar es una mente muy agitada, diseminada, tendente a los pensamientos neuróticos y las obsesiones. No hay nada tan importante como disfrutar de una buena mente, que nos ayude en lugar de desayudarnos. Pero todos los seres humanos tenemos problemas con la mente, como si no fuera nuestra y se propusiera inquietarnos. Es dada a preocupaciones, disgustos y tendencias tóxicas como celos, avaricia, odio, envidia y otras.

Por eso es tan necesario aprender a hibernar la mente y limpiarla de tendencias nocivas para ir desplegando las positivas y provechosas. Como al final todo se vive y experimenta en el escenario de la mente, es muy importante disciplinarla y aquietarla. Ése es uno de los propósitos de la meditación. La mente es causa de dolor y de placer, de esclavitud y de libertad. Se ha comparado con un mono loco y ebrio saltando de rama en rama y con un elefante furioso.

El sabio hindú Shankaracharya decía: “Una nube es traída por el viento y por el viento nuevamente se disipa; por la mente se labra la esclavitud y por la mente se labra la liberación. Todas las técnicas de las diferentes ramas de yoga se concibieron para frenar el pensamiento indómito y otorgarle quietud a la mente. De la quietud nace la visión clara y de la visión clara, la acción diestra”.

Como relato en mi obra “Autobiografía espiritual”, yo encontré el yoga a los quince años de edad. Mi mente era una calamidad y ese fue el gran regalo que me deparó el destino o la casualidad. La mente genera mucho sufrimiento innecesario, tanto que en el yoga decimos que es la mayor fábrica de sufrimiento. Pero la mente puede irse conociendo y dominando y conseguir que en lugar de dolor nos aporte armonía y dicha.

Ramiro Calle
Centro Shadak

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