Venimos ya publicando en Espacio Humano narraciones espirituales en buen número y todavía nos quedan muchas por compartir, pero quiero volver a escribir unas líneas sobre la trascendencia de estas narraciones, que son verdaderas gemas que nos ayudan a comprender los más diversos aspectos y todo el alcance de la Enseñanza.

Desde la antigüedad más remota, ha existido una sabiduría de la que surgen enseñanzas tremendamente valiosas para lograr el desarrollo personal y la libración de la mente de sus ataduras y conseguir así una actitud mental más ecuánime y lúcida. Estas enseñanzas sobre la búsqueda de la verdadera identidad de cada uno se han transmitido desde hace milenios de maestro a discípulo, a menudo en forma oral, utilizando como vehículo parábolas, símiles y narraciones espirituales con el fin de hacer más fácil su comprensión.

Estas valiosas narraciones nos dan incluso claves y enseñanzas no solo para el viaje hacia los adentros, sino también para afrontar mejor las situaciones de la vida diaria. Resultan muy ocurrentes, amenas y muchas de ellas cargadas de un gran sentido del humor. Logran trasmitir en pocas líneas más que tratados completos de metafísica o filosofía. Ilustran los más diversos aspectos de las enseñanzas espirituales y ayudan a desencadenar destellos de comprensión profunda en la mente del discípulo. Son historias adogmáticas, que tienen diversos niveles de lectura y entendimiento e incluso muchas de ellas actúan de un modo sutil en el subconsciente del lector, a modo de «despertador». Estas breves narraciones están empapadas de una notable perspicacia y pueden ser reflexionadas y meditadas desde distintos ángulos. Resultan no solo de gran eficacia didáctico-espiritual, sino también encantadoras y sutiles y tienen la capacidad de calar de modo directo en la mente y en el corazón de los que la escuchan o leen.

Os dejo con otra historia, a la que en esta ocasión seréis vosotros los que pongáis la reflexión y no yo como hago habitualmente. Es una de mis historias preferidas. La titulo «Una buena mente». Aquí está a continuación:

 

Cuatro almas iban a encarnar. Dios se reúne con ellas y les pregunta:

– Amigas mías, ¿qué deseáis para vuestra próxima vida?

Una de ellas se adelante y asevera:

– Lo que quiero, señor, es mucha riqueza; sí, ser una persona muy acaudalada.

La segunda alma declara:

– Deseo, señor, tener mucho poder, eso es lo que realmente deseo para mi próxima existencia.

La tercera alma asegura:

– Quiero conocer hasta el último rincón del planeta, viajar constantemente.

La cuarta alma se queda silenciosa. Dios le dice:

– ¿Y tú qué quieres?

El alma responde:

– Lo único que pido, señor, para mi próxima existencia, es una buena mente.

 

Ramiro Calle
Director del centro Shadak

www.ramirocalle.com