Falta de identidad, falta de compromiso y dependencia:
los tres fantasmas de nuestro tiempo

Alvin Toffler, doctor en Letras, Leyes y Ciencias y visionario futurista, afirma en su libro La tercera ola que somos la generación final de una vieja civilización y la primera generación de otra nueva civilización y gran parte de nuestra confusión y desorientación personal tienen su origen en el conflicto que dentro de nosotros existe entre una civilización que agoniza y otra que avanza.

Somos una civilización proveniente de la revolución industrial, que creó un sistema social integrado y ensamblado, pero también generó un modo de vida lleno de tensión económica, conflicto social y malestar psicológico.

Como postulaba Toffler, estamos destinados a transformar nuestras propias mentes, la manera en que pensamos acerca de nuestros problemas, la forma en que condensamos y sintetizamos la información, así como la forma en que prevemos las consecuencias de nuestras propias acciones. La inteligencia, la imaginación y la intuición humanas van a ser lo más importante.

Precisamente, de cara a transformar nuestra mente, emociones y realidad queremos centrarnos en los tres grandes fantasmas que abundan en el ambiente de nuestra civilización alejándonos de las metas que queremos alcanzar en las diferentes áreas que componen nuestra vida: las relaciones de pareja, el trabajo, la familia, la amistad, la salud, el ocio, el dinero y la autorrealización. Estos tres fantasmas son la falta de identidad, la falta de compromiso y la dependencia.

La falta de identidad

El gran escultor Miguel Ángel decía que cada una de sus esculturas era diferente porque nunca había logrado encontrar dos piezas de mármol que fueran idénticas. Los seres humanos somos como esas piezas de mármol, es decir, no existen dos personas idénticas.

Cada cual es portador de una combinación de características, patrones de comportamiento, valores, cualidades, atributos y rasgos que nos hace únicos y desarrolla a lo largo de su vida sus talentos, habilidades, destrezas, competencias y capacidades de una manera especial, singular y propia.

La identidad, por tanto, es la capacidad que tiene una persona para reconocerse por lo que es en su más pura esencia, no por lo que tiene y hace. La identidad basada únicamente en lo que se hace y se tiene es identificarse con el plano externo de la vida. La identidad basada en el ser proviene de un profundo trabajo que incluye la toma de conciencia del modo de movernos y relacionarnos con nosotros.

Conviene recordar que las faltas que mostramos y las carencias que tenemos en nuestra vida suelen provenir de los miedos que albergamos, de las creencias y los patrones de comportamiento que grabamos en nuestra más tierna infancia y que proceden de lo que vimos o sentimos con nuestros padres, tutores o maestros. Estos miedos, patrones y creencias, en ocasiones, se enmascaran y se camuflan tan bien que permanecemos ciegos a poder crear la realidad que anhelamos, tapados por el disfraz tenebroso del miedo que nos impide expresar nuestro poder innato. La falta de poder se ve claramente en las cuatro cárceles en las que estamos atrapados: la cárcel de lo único que es posible en mi vida, la cárcel de todo lo que es imposible en mi vida, la cárcel de la necesidad y la cárcel de tal vez lo consiga o no.

La falta de identidad tiene sus consecuencias en el hecho de que la persona se desdibuja ante los demás, pierde fuerza, y va a medio gas por la vida. El miedo a aparecer ante los demás lleva a la persona a perderse en el otro, lo que se refleja en lo que comúnmente denominamos una falta de personalidad.

La falta de compromiso

El compromiso es un acuerdo alcanzado con uno mismo o con otra persona que nos aporta beneficio, nos impulsa a alcanzar lo que queremos y nos otorga el valor para concretar.

Muchas personas relacionan el compromiso con la pérdida de libertad individual, justificando así sus decisiones y acciones con esta excusa. La falta de compromiso o lo que es lo mismo, no haber sabido sacar beneficio sobre lo pactado, impide una vida satisfactoria y asumir riesgos, conlleva al fracaso, genera falta de confianza en uno mismo, y la falsa idea de que la mejor vida es la que se vive sin obligaciones, sin responsabilidades y sin límites.

La dependencia

La dependencia aparece por una serie de necesidades emocionales insatisfechas desde la infancia que buscamos satisfacer de adultos a través de otra persona y en la medida en la que los demás nos aprueban, nos sentimos bien aparentemente.

Este sentimiento es falso porque, por mucho que los demás nos aprueben o valoren, nosotros nos seguimos desaprobando. La dependencia se relaciona con la falta de autoestima y con el miedo al rechazo. Esta actitud impide que las personas logren por sí mismas sus objetivos.

Las consecuencias de los tres fantasmas

Estos tres fantasmas producen desequilibrio y ansiedad en nuestras vidas, afectando a nuestra salud física y emocional. No hacernos cargo de ellos nos lleva a evadirnos constantemente de aquello que tenemos que trabajar y a desviarnos del camino con cantos de sirena que nos paralizan, nos hacen conformarnos pensando que no hay salida para determinadas situaciones y nos llevan a justificar nuestra inacción con excusas del tipo “es muy difícil”, “no es mi momento”, “ahora no tengo tiempo” “ahora no tengo dinero” o “cuando esté mejor me ocuparé de mi desarrollo personal”.

Es importante que reflexiones y seas consciente de las consecuencias que la falta de identidad, la falta de compromiso y la dependencia tienen en tu vida de pareja, en tu trabajo, en tu relación con el dinero, en tu generación de una vida abundante, en las relaciones familiares y de amistad, así como en tu salud y en tu crecimiento como persona.

 

Venimos a esta existencia a vivir nuestra propia historia, ¿cuál es la huella que estás dejando en la vida?

 

Helena López-Casares y Javier de la Sen

formadores y terapeutas de Neurodanza®
www.neurodanza.es