La conciencia no tiene forma aunque la inteligencia del SER en su perfección suprema despliega un maravilloso milagro creativo que posibilita la vida en la diversidad.

A pesar de la identificación y el apego que desarrollamos inmersos en la percepción subjetiva, somos pura conciencia, no somos los cuerpos a disposición de la misma.

Para vivir la experiencia en la materia contamos con un cuerpo físico adaptado a las circunstancias. Es un vehículo, una carcasa que nos permite el movimiento y la actuación en este marco de realidad. Nos enfundamos un traje de carne para experimentar en esferas más densas, menos sutiles, como aquél con el que se equipa un buzo cuando bucea en el océano y sin el cual no podría sumergirse y pasar un rato explorando en las profundidades. No obstante, aunque pudiera parecerlo, quienes somos no está comprimido en los reductos corporales.

En realidad, la conciencia es incontenible por su naturaleza expansiva aunque crea una estrecha conexión con su vehículo biológico. Consideremos el cuerpo como un regalo divino: el templo del alma, honrándole y agradeciéndole las múltiples posibilidades y el servicio prestado hasta su descarte; no olvidemos que muere cuando no sirve al propósito que le fue encomendado.

27 2 la conciencia 300x200 - Los cuerpos de la conciencia

Cuando descartamos el cuerpo físico, se dice que hemos muerto. Esta es la única diferencia entre alguien que está vivo y al que denominamos “muerto”: que no tiene vehículo de materia disponible. Sin el traje sólido adaptativo al medio no podemos actuar en el entorno densificado como escenario; al no ser percibidos por los demás da la impresión de que hemos dejado de existir.

Además del vehículo físico, contamos con otro más sutil y energético que tiene su propia anatomía. Entrar en este tipo de descripción más detallada podría enredarnos en etiquetas mentales, así es que hablemos simplemente de él, independientemente de los entramados que englobarían su propia estructura, ya sea ésta calificada como “aura” desde la espiritualidad o campo electromagnético desde la ciencia.

Contamos con un cuerpo de materia que con sus funciones posibilita la vida en la tierra

En conclusión, contamos con un cuerpo de materia que con sus funciones posibilita la vida en la tierra y, por otro lado, contamos con otro cuerpo menos visible y perceptible que coexiste yuxtapuesto con el cuerpo biológico humano. Ambos al servicio de la conciencia.

Dormir es imprescindible para la supervivencia desde una visión biológica; lo que ignoramos es que también es imprescindible liberarse de la densificación durante estos espacios oníricos. Los ciclos de sueño posibilitan la vida a muchos niveles puesto que usamos el vehículo sutil para seguir viviendo en otros planos mientras el cuerpo físico recarga, drena material residual y descansa. Sin el cuerpo energético, el cuerpo de materia sería como un fardo inerte ya que lo que lo dota de vida es la energía. Ese es el sentido de que ambos cuerpos se mantengan vinculados. Al interrumpirse la conexión, sentimos que la vida “se extingue”.

Durante la vigilia somos más conscientes de la función del físico. Sin embargo, el cuerpo sutil no se reserva para las actividades en los ciclos del sueño o la muerte, sino que nos abre a realidades más amplias a través de los sentidos internos y está presente en nuestra cotidianidad a pesar de no estar entrenados en su manejo consciente dada la escasa educación y concienciación que hay.

El dominio energético tiene usos tremendamente beneficiosos durante nuestra vida en la materia. La sensibilidad sutil nos permite la conexión multidimensional y el desarrollo de capacidades innatas. Por otro lado, tras la muerte biológica y el descarte del cuerpo físico, nuestra conciencia sigue utilizando el vehículo sutil, por tanto cuanto más familiarizados estemos con él más facilidad tendremos en adaptarnos tras el tránsito. Es tiempo de tomar consciencia.

 

Mayla J.Escalera

Terapeuta Transpersonal especializada en expansión de la conciencia y exploración del subconsciente

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