Tras la muerte algunas personas se enredan en el astral, en el camino hacia la luz. Permanecen tan cerca de los planos de materia que siguen percibiendo todo de manera parecida a pesar de no tener cuerpo físico.

Aunque las razones son diversas, fundamentalmente se sienten enganchadas a algún tipo de placer adictivo o retenidas por alguna emoción densa, ya sea miedo, culpa, rabia, tristeza, sed de venganza, rencor o la incapacidad de perdonar por el dolor no drenado. Están inmersas en sus manifestaciones mentales y no ven más allá de su propia distorsión.

A menudo ni siquiera se dan cuenta de que han muerto. Quedan atrapadas en una especie de conmoción por el choque traumático cuando el sesgo de la vida humana sobreviene de manera súbita inesperada o cuando el tránsito es tan suave que pasa inadvertido, como por ejemplo durante fases del sueño.

Los pensamientos y emociones configuran nuestra frecuencia vibratoria, y esta es determinante para el tránsito lúcido. Asumir el proceso de vivir y morir con naturalidad, comprendiendo nuestra naturaleza multidimensional, es fruto de la previa indagación de nuestra relación con la muerte y con la vida.

Los fallecidos que estén seguros de que la muerte es el final pueden llegara vivirlo de este modo, aunque sea temporalmente. Otros sienten asombro ante la nueva situación al darse cuenta de que siguen vivos. Contemplan sus cuerpos inertes y asisten a sus propios funerales. A menudo, es tanto el apego al vehículo físico que permanecen junto a él largos periodos. Algunas veces simplemente sienten que no se han despedido y hacen esfuerzos por hacerse escuchar o dar algún mensaje. Otras, sienten la inquietud de tener algún asunto inconcluso. O sienten el compromiso de quedarse por las súplicas de la familia que los retienen, interpretando el amor de manera errónea.

Sea como sea, les cuesta desprenderse y siguen muy cerca de la realidad material. No lo aceptan, se resisten. A más resistencia, igual que en la vida, más sufrimiento. En la aceptación del ciclo de la vida en sus diferentes gamas está la clave.

Básicamente podemos englobar las dificultades, para transitar en paz, en un par de pautas: tomar conciencia de que ha sucedido y, una vez hecha la toma de conciencia, soltarse y aceptarlo.

Las almas en tránsito tienen mala fama.

La industria cinematográfica, la literatura, las leyendas y las vinculaciones con el espiritismo enfocado en un aspecto siniestro hacen que sean considerados como seres oscuros a los que tener miedo. Sin embargo, podríamos ser cualquiera de nosotros en apuros.

La única diferencia entre ellos y nosotros es que ya no poseen un cuerpo físico y que aún no han transcendido a su lugar de procedencia. Es primordial que tomemos conciencia no solo por evitarnos a nosotros mismos estos enredamientos astrales sino porque es necesario que ayudemos a nuestros seres queridos en sus tránsitos y que gestionemos nuestros duelos de manera no patológica creciendo en el amor.

La mirada a la muerte en vida no hace más que constatar que la vida continúa. Mirar a la muerte es mirar a la vida y hacerla fértil al encontrar el sentido de la experiencia que estamos vivenciando con un propósito determinado.

De este modo el vivir se convierte en una aventura fascinante donde no hay nada que temer y sí mucho que agradecer en nuestro camino evolutivo al darnos cuenta que el yo soy siempre conspira a nuestro favor desde un punto de observación más elevado, aunque nuestra mente lo cuestione e interprete en un marco reducido de conciencia y lo vivamos emocionalmente desde la plena inmersión en el campo de recreación humana diseñado para tal fin.

Salir del juego de la distorsión es alcanzar la libertad del ser. La muerte, tal como nos han venido contando es el elemento más distorsionador y esclavizante que hemos ido acuñando en la historia convirtiéndola en un arma de manejo a través del miedo y el castigo. Es tiempo con la nueva era frecuencial de cambiar nuestra percepción, abrazarla como maestra y parte del proyecto vida.

 

Mayla J. Escalera

Terapeuta Transpersonal especializada en: Expansión de conciencia y exploración del inconsciente.

Autora de “Manual práctico de expansión de conciencia” y “Muerte, tránsito y vida

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