La todopoderosa atención

«La atención es todo poderosa en todo momento y circunstancia» (Buda)

«Atento entre los inatentos, plenamente despierto entre los dormidos, el sabio avanza como un corcel de carreras se adelanta sobre un jamelgo (Dhammapada)»

La atención es el filtro, la guía y la luz de la mente. He dedicado más de medio siglo a su estudio e investigación y cada día compruebo más hasta qué punto es necesario servirnos de ella para observarnos, conocernos, regular nuestras conductas (mental, verbal y corporal) y transformarnos. Con razón los antiguos maestros de la India y otros países asiáticos han insistido en que la atención es poderosa en cualquier momento y circunstancia y nos permite ser más conscientes en el momento presente y así proceder de manera más idónea y evitar  dañarnos innecesariamente a nosotros mismos y a los demás.   

«El que está atento está vivo, pero el que no es como si ya estuviera muerto» (Dhammapada)

La atención es como una flecha con dos puntas. Una se orienta hacia afuera y nos ayuda a percibir lo que sucede a nuestro alrededor; la otra hacia adentro, y nos permite captar nuestros estados de ánimo, procesos mentales y emocionales, reacciones y tendencias. Cuanto más se intensifica la atención, más plena es la captación y por ello el color se torna más color, el sonido más sonido, la caricia más caricia y el aroma más aroma. Todo gana en vitalidad, peso específico, brillantez e inspiración.

La atención nos permite conectar con lo que es, más allá de interferencias mentales, centrándonos en el aquí y ahora, en la gloria del momento, en la fuente reveladora del instante. Pero nuestra atención es muy débil e intermitente hasta que comenzamos a entrenarla y desarrollarla. Para ello nos servimos de la meditación sentada, por un lado, y de tratar de permanecer más atentos en las actividades de la vida diaria, por otro. Pero para poder estar más alerta en la vida diaria, se requiere insoslayablemente el entrenamiento meditacional, que se sirve de milenarios ejercicios para unificar la mente y alertar la atención.  

«Hay que estar atento para que la mente, que parece un elefante en celo, esté siempre sujeta al poste de la calma interior». (Santideva)

La atención es la hermana gemela de la consciencia. Uno de los propósitos más importantes de la vida es «hacerse consciente», puesto que en principio tenemos una consciencia embotada y crepuscular. Pero la consciencia puede hacerse mucho más viva e intensa, y así se perfeccionan la cognición y la percepción y se obtiene una más equilibrada manera de ser. Se aprende a estar consciente, estando consciente. No es fácil, puesto que vivimos en una especie de trance colectivo, una hipnosis que nos adormece y nos hace mecánicos. Pero mediante el cultivo de la atención y el desarrollo de la consciencia iremos emergiendo de nuestro yo-robótico y ascendiendo a más elevados y reveladores planos de la conscienciencia. Al evolucionar cosncientemente, vamos evolucionando y embelleciendo nuestra mente, liberándola de la ofuscación, la avaricia y el odio. 

«Si la atención monta la guardia a las puertas de la mente, la lucidez se unirá a ella y una vez que llegue, nunca se irá» (Santideva)

Como reza el Dhammapada, «los que están atentos están vivos, y los que no, es como si estuvieran muertos«. El cultivo de la atención nos conducirá a la comprensión clara o lucidez. La lucidez nos hará entender que lo más esencial es la compasión. Así, de la atención nace la lucidez, de la lucidez la Sabiduría, y la Sabiduría es mente clara y corazón benevolente.