Ya nos previno Buda: «La mayoría de las personas envejecen como bueyes, ganando en kilos pero no en Sabiduría«. La Sabiduría hay que conseguirla, poniendo los medios necesarios para ello, tal como ese trabajo interior que nos ayuda a superar la ofuscación y obtener la visión de lo que se nos escapa. Es discernimiento puro, visión penetrativa y lúcida, el entendimiento correcto que conduce a la acción recta.

El conocimiento ordinario tiene tanto de ilusorio como de real. No transforma. Es acumulación de datos e información y tiende a la visión parcial, etiquetando y rotulando, sin una visión panorámica y clara de lo que es, e incurriendo con demasiada frecuencia en el dogmatismo o en estrechos puntos de vista. El conocimiento no modifica a la persona, no cambia sus actitudes. El puro saber libresco y la erudición, tampoco.

Todos nos pasamos conocimientos.

Tú me pasas tus conocimientos y yo te paso los míos. El conocimiento va y viene, pero no ha demostrado la menor eficacia en humanizar a la persona y realmente modificar sus actitudes. Es un saber prestado, basado en lo conceptual, sometido a toda suerte de interpretaciones y al juego de espejos distorsionantes de la mente. Por eso solo hasta cierto grado es de fiar. Pero la Sabiduría está mucho más allá del conocimiento ordinario; es otro tipo de saber, que transforma y cambia la actitudes y el modo de ser. Así como el conocimiento es transferible, la Sabiduría no lo es. Tú tienes tú Sabiduría y yo tengo la misma. La Sabiduría es una manera muy especial de ver y proceder; es una visión penetrativa, intuitiva, clara y lúcida de lo que es. El conocimiento no nos hace proceder en consecuencia, porque no es saber auténtico y profundo; la Sabiduría, sí.

La Sabiduría se va ganando por uno mismo, aprovechando las enseñanzas y métodos que nos han legado las mentes más autorrealizadas. Así como el conocimiento ordinario nos estanca, la Sabiduría nos permite avanzar por la senda de la compresión profunda, el autoconocimiento y la mutación de la consciencia. Nos facilita el entendimiento correcto que nos permite ver más allá de las apariencias e irnos desprendiendo de la influencia del pequeño yo. La sabiduría es conocimiento y percepción de Ser. Libera. Todas las prácticas meditacionales tienen a superar la ofuscación de la mente y que pueda así eclosionar la esclarecedora energía de la Sabiduría. De la meditación brota la Sabiduría y de la Sabiduría surge la libertad interior y la independencia mental.

El trabajo interior o sobre uno mismo se basa en la superación de las tendencias insanas de la mente, la autoobservación, el conocimiento de sí, el esfuerzo consciente para reorganizar la vida psíquica, el metódico cultivo de la atención y llevar ésta a la vida diaria, la práctica de técnicas psicosomáticas, la meditación, el mejoramiento de las relaciones con los demás y la acción más consciente y desinteresada.

Los sabio antiguos insistían: «De la meditación brota la Sabiduría«. El yoga mismo es una senda de sabiduría, donde la meta última es el samadhi o experiencia de enstasis que desencadena una diferente manera de percibir, comportarse y ser. Y hablamos de «enstasis» y no «extasis», porque representa la profundización en si mismo de tal manera que uno se desliga de las envolturas carnal y mental para establecerse en el propio ser, que es el ser de todos los seres.

 

Ramiro Calle
ESCRITOR. DIRECTOR DEL CENTRO SHADAK
ramirocalle.com