En nuestra concepción, nuestro padre tiene una labor de inicio al permitir que un espermatozoide entre millones, o sea nosotros, llegue a fecundar el óvulo y forme el cigoto, con lo que se inicia la vida.

A partir de ahí la labor de la madre es fundamental, ya que es en ella y a través de ella, donde se forma nuestro cuerpo y se manifiesta nuestro espíritu.

Por medio de ella nos encarnamos, tomamos forma y nos abrimos a la vida. La creación, nuestra creación, se abre camino a través de ella y junto con ella. Durante nueve meses nos formamos en su vientre y caminamos hacia el alumbramiento y el desarrollo de nuestro cuerpo, mente y espíritu. Sin ella no seríamos nada, no podríamos encarnarnos, ni respirar, ni vivir, sencillamente no existiríamos en nuestra forma actual. Por tanto podríamos decir que no hay vida posible sin la madre y que no hay existencia sin su imprescindible colaboración. La madre desde todos los puntos de vista tiene que ver con la vida y con el éxito.

Durante nueve meses, nosotros somos una parte de nuestra madre; formamos parte de su universo y pertenecemos a él. Mientras se forma nuestro cuerpo en el útero, vamos a desarrollar todas nuestras funciones básicas y nuestra conexión con la vida.

Cuando se produce el nacimiento, se genera un enorme trastorno y una gran infelicidad, ya que se produce la separación física de la madre. Pasamos de un universo a otro y empezamos a comprender que nosotros no somos nuestra madre, que tenemos vida propia y debemos desarrollarla. Ahí se produce nuestro primer grito de dolor y nuestro camino hacia una vida propia, completamente distinta a la realidad uterina.

En los primeros años de vida, la labor de la madre es fundamental, ya que su presencia y su amor nutre nuestra vida en todos los aspectos. Nuestro desarrollo físico, se complementa de un desarrollo emocional, mental y espiritual que necesita de la presencia de la madre. Energéticamente la conexión con la madre es la conexión con la vida y con el éxito. Todos los pasos que hemos nombrado son un ejemplo de éxito y de desarrollo de la vida. Sin esos acontecimientos, seríamos completamente distintos. Seríamos otros y no seríamos lo genuinos y auténticos que somos.

Nuestra vida tal y como ha sido desde nuestra concepción trae consigo las claves de nuestro éxito personal si decidimos abrirnos a él. Por muy difícil que haya sido nuestra experiencia de gestación y nacimiento, lo cierto es que la superamos con nota, porque aquí estamos con nuestras circunstancias, que bien enfocadas, nos llevan siempre al éxito.

Únicamente podemos fracasar si no aceptamos incondicionalmente nuestra experiencia con la madre en las primeras etapas de nuestra existencia. Sin esa profunda aceptación puede darse una experiencia de “movimiento interrumpido”, que quiere decir que nuestra conexión sistémica y energética con la madre se interrumpe en algún momento determinado, con lo que nuestra conexión con el éxito y la vida también se interrumpe, por lo menos en varios aspectos específicos de nuestro desarrollo.

Cuando esto ocurre, las constelaciones familiares nos dan la respuesta. Volver a la conexión con la madre significa poner en marcha el movimiento que se paró. Para ello es necesario la aceptación incondicional de todo lo que ocurrió en relación con la madre. Junto con ello, es muy importante el profundo agradecimiento por todo que nos hizo tan profundamente singulares. Y desde ahí honrar a la madre y tomar de ella. No importa como haya sido ella, lo que importa es que, a través de nuestra experiencia con ella, se abre inevitablemente el camino hacia el éxito.

 

Sergio Pi
Coach de Prosperidad y Abundancia Licenciado en Ciencias Económicas y empresariales por la Uam

sergiopicoach.com