Tomar conciencia de la conexión emocional y energética que nos vincula con el ser engendrado que se forma en el interior de nuestro cuerpo ES EL PRIMER ACTO DE AMOR que toda madre podría considerar ofrecer.

Esa “conciencia”, el alma destinada a ser nuestro hijo, por determinismo de los equipos evolutivos o por decisión propia desde el mismo instante de la concepción o incluso desde el momento de la elección, trenza un lazo sagrado que es merecedor de la más atenta consideración.

A menudo se piensa que el cuerpo que se gesta dentro simplemente va creciendo y terminando de formarse hasta el alumbramiento; sin embargo, durante el embarazo ocurre todo un periplo de acontecimientos desde el punto de vista de la conciencia.

Merece la pena abrirse a lo transpersonal y empezar a crear una relación consciente y fértil desde el inicio del embarazo.

Durante los primeros meses la conciencia, aún estando vinculada a los que serán los padres, va y viene a sus planos de procedencia tomando poco a poco contacto y familiarizándose con el que será su cuerpo físico. Es todo un proceso de adaptación.

Y es que nacer es de valientes. Da vértigo comprimirse en la materia después de experimentar la plenitud del Ser sin limitaciones. Nacer en un cuerpo pequeño e indefenso. Capados de memoria, restringidos, limitados en el tiempo…  En un proceso inverso a la muerte, una acoplamiento “a lo denso”.

Nos aterra morir y sin embargo no recordamos el pánico que produce el nacer. Venimos con proyectos, asuntos por resolver, heridas que sanar y el recuerdo del gozo de la vida que a pesar de todo, engancha. Y a la vez que atrae, asusta. La tierra es un regalo en múltiples sentidos. Sin embargo la experiencia no está exenta de dificultad. En mayor o menor medida según el Plan del Alma. Para la conciencia es, a nivel de experimentación emocional, todo un reto, un desafío evolutivo.

Es por ello de vital relevancia ayudar en todo ese proceso. Cuánto trauma nos ahorraríamos poniendo más atención en los embarazos y nacimientos lúcidos, incorporando la visión holística. Y es que el simple hecho de hacerlo consciente predispone a darse cuenta de la complejidad que atraviesa ese diminuto embrión que se abre paso decidido a la vida, y con ello brota el impulso de ejercer como madres lo mejor posible.

Se puede establecer una comunicación directa desde el inicio. Madre y feto comparten el campo áurico. Ese futuro bebé no sólo flota en el líquido amniótico sino también en el caldo emocional de su entorno, especialmente de su madre y su padre.

Capta las sensaciones, las emociones, los pensamientos, y por ello a veces “hereda” lo que no es suyo a la hora de nacer. De ahí la importancia de establecer esa corriente empática de manera profunda haciéndole partícipe en todo momento, señalándole qué y qué no le corresponde. Hacia el sexto mes el bebé empieza a pasar más tiempo encajado ya en su cuerpo. Y con ello empieza la cuenta atrás hacia el olvido. Es parte del juego necesario, aceptado y apreciado por la conciencia para no sabotear la pureza de lo que se va a experimentar como “real”.

 

 feto - Embarazo y alumbramiento consciente

 

 

Es igualmente de suma importancia estar con él durante el alumbramiento, teniendo en cuenta lo asustado que está ante lo que se le avecina. Hay que ser conscientes de que capta todo. No debemos anteponer nuestro propio dolor o nerviosismo y si ayudarle, compartiendo ese momento a un nivel más espiritual; es una evidencia de amor sin igual sobre el que cabe la reflexión.

Cuando un parto se complica, con más motivo aún, ya que toda esa impronta emocional se registra y se graba teniendo posteriormente repercusiones en la vida a nivel inconsciente. El culmen tras el parto, es regalarle una bienvenida como merece un valiente.

¿Se puede establecer comunicación?

Mediante la Hipnosis Regresiva y los estados ampliados de conciencia la madre puede tener la posibilidad de vivir un encuentro con ese ser aún no nacido. Ya que la conciencia que encarnará ese cuerpo en formación está según la fase del embarazo más o menos próxima al campo de la madre, dentro o fuera, pero siempre vinculado y es posible establecer comunicación.

Cabe imaginarse la maravilla de tal evento a modo de Ecografía del Alma: “Escuchar”, “dar voz” a ese futuro bebé para poder manifestar sus miedos o inquietudes, expresarse, conocer el motivo de su elección, los talentos que trae para tal aventura terrestre, obteniendo así información o datos relevantes para regalar a ese ser humano adulto en el futuro cuando inmerso ya en el olvido total pueda refrescar memorias.
O simplemente sentirse en un íntimo encuentro…

 

¿Y qué ocurre con los ABORTOS?

Es un hecho en sí traumático no sólo para la madre que no culmina el embarazo sino también para el bebé no nacido.

En la madre se desata un torbellino de emociones que armonizar. Tanto si es espontáneo, como provocado, la culpa, el enfado, la frustración, el vacío y la tristeza pueden afectar la vida de la mujer. Por ello dedicarse un tiempo a la sanación de este vínculo con el Ser no nacido, terapéuticamente, es altamente recomendable. Permitirse la despedida, el duelo, la aceptación, el soltar, así como alcanzar una comprensión honda de tal suceso.

Para el ser no nacido igualmente es deseable la sanación de este vínculo interrumpido. La honda sensación de rechazo, la conmoción, la brutalidad con la que muchas veces se ve al propio “cuerpo”, suma a la conciencia en un estado de confusión, dolor y pérdida. Darle la ocasión de poder expresarse y la ayuda de su propia madre en el tránsito supone una liberación para ambos y un renacimiento sin carga ni asunto inconcluso.

 

Mayla J. Escalera
Terapeuta Transpersonal. Expansión de Conciencia. Hipnosis Regresiva.
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