En el gran número de historias espirituales de Oriente que he ido recopilando y publicando, hay una que quiero compartir con vosotros.

He aquí que va un ciego caminando por la noche con un candil en la mano a lo largo de un sendero y de repente uno que viene de frente choca con él y le increpa: «¡Estúpido!. ¿Para qué llevas ese candil si eres ciego?». Y el ciego responde: «¡Oh, más que necio!. Para que tu me vieras a mi y no chocaras conmigo». Muy a menudo nos falla la atención y por eso cometemos infinidad de errores que bien podríamos evitar.

 

La atención es la atención. Es una preciosa función de la mente que nos permite darnos cuenta y, por tanto, percibir, captar, conocer y reconocer. Es la hermana gemela de la consciencia, o sea, que si estamos más atentos nos hacemos más conscientes y entrenando y desarrollando la consciencia, estaremos más atentos. Nada se puede hacer bien y con precisión si no es mediante la atención. Por eso Buda declaró que la atención era todopoderosa en cualquier lugar y circunstancia. Y por su parte el sabio Santideva nos indicaba que el mejor custodio es una atención vigilante.

A menudo les recuerdo a mis alumnos en la clase de meditación las muy sabias palabras del Dhammapada que rezan: «El que está atento está vivo, pero el que no está atento es como si ya hubiera muerto»,

La atención nos permite conectar con lo que es. Cuanto más directa y pura sea, centrada en la realidad momentánea, tanto más libre está de juicios y prejuicios y tanto más conecta con lo que realmente es, profundizándolo. Ese tipo de atención, clara e intensa, capta lo que está velado a la mente dispersa y sometida a toda clase de elucubraciones, memorias y expectativas. Es por tanto una atención realmente transformativa y liberadora. Mediante ella podemos vigilar mejor nuestros pensamientos, palabras y actos, y asi regularlos más equilibrada y sabiamente.

El término mindfulness es una nueva banalidad de algunos occidentales que casi se proponen como los abanderados del entrenamiento metódico de la atención, como si ellos fueran sus inventores. Hay que servirnos de los términos castellanos «atención plena» o «atención consciente», que es la traducción del término utilizado por Buda como Sati. En comparación con el monje budista alemán Nyanaponika Thera, todos estos «inventores» de la atención plena o impulsores del mindfulness están en un nivel paupérrimo, por muchas ínfulas que tengan. Nyanaponika Thera ha sido el máyor investigador moderno de los textos budistas y de la atención mental. Sus libros son de un valor incomparable y por fortuna la editorial ELA los está reeditando. La traductora de todos ellos es Almudena Hauríe Mena, que ha hecho su trabajo con una precisión, eficacia y amor extraordinarios. Asi la traducción ha resultado impecable.

A lo largo de varios años estuve acudiendo a visitar y entrevistar al venerable Nyanaponika Thera, que vivía en una ermita en la jungla, cerca de la preciosa ciudad de Kandy. Así pude obtener mucha información sobre la atención, que he ido incorporando en mis libros. Varias entrevistas que le realicé se incluyen en mi obra «Conversaciones con lamas y sabios budistas», de la Editorial Kairós.

No puedo dejar de recomendar las obras de Nyanaponika (además editadas con un precio intencionadamente muy bajo) a los verdaderamente interesados por la atención y las enseñanzas de Buda. Era un verdadero sabio. Pasó la mayoría de su vida cotejando textos budistas de diferentes épocas y de los más grandes eruditos y monjes.

Nyanaponika insistía en la necesidad de desarrollar la atención pura a través de la meditación, pero tambien a lo largo de la vida cotidiana. Con la atención, me decía, vamos ganando libertad interior y aproximándonos a la sabiduría que nos permite ver las cosas como son desde la pureza de la mente. Así nos vamos liberando de los oscurecimientos mentales (avidez, odio, ofuscacion, miedo) y consiguiendo la paz interior.

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

www.ramirocalle.com