Una de las claves de la felicidad, el éxito y la satisfacción vital.

Muy a menudo nos empeñamos en buscar la felicidad fuera de nosotros mismos: si tuviera tal y cual cosa, si mi trabajo fuese más estimulante, si tuviese pareja o si mi pareja fuese de tal y cual manera…, sin darnos cuenta de que la felicidad siempre empieza en nuestro pensamiento, en cómo interpretamos las circunstancias y en nuestro diálogo interior. Si queremos ser felices, sentirnos satisfechos y tener éxito, cualquiera que sea el significado de éste para nosotros, hemos de comenzar por aquí ya que es precisamente nuestro pensamiento el guardián del umbral que nos da paso a esas tierras. El poeta William Henley, en su poema Invictus, lo expresa maravillosamente cuando lo termina diciendo: …Soy el capitán de mi alma, soy el amo de mi destino.

Una verdad fundamental es que la realidad en que vivimos cada uno de nosotros es eminentemente subjetiva, y está determinada por nuestra mente, sus contenidos y su actividad. Nuestros contenidos mentales en la forma de creencias definen el mundo en que vivimos y marcan los límites de nuestra vida y de nuestros logros. Te cuento un caso que ha pasado a los anales de la historia como ejemplo de esto último.

En 1954 Roger Bannister se convirtió en el primer atleta en correr una milla en menos de cuatro minutos. Este record se había intentado romper durante más de cien años pero nunca se había logrado. Los médicos y científicos de la época decían que conseguir tal hazaña era humanamente imposible pues estaba más allá de las posibilidades del cuerpo humano. Teniendo esto en cuenta, lo conseguido por Bannister fue un logro asombroso. Sin embargo, lo realmente asombroso ocurrió después: en los siguientes siete meses, la marca de los cuatro minutos fue batida por otros 37 atletas, y en los siguientes tres años por otros 300. Bannister no sólo había conseguido superar una marca, había roto una creencia que limitaba los logros de los atletas; una vez que otros vieron ‒creyeron‒ que era posible, se lanzaron a por ello y lo consiguieron también. Lo que les estaba limitando sus logros no era su cuerpo, era su mente, su pensamiento, una creencia limitadora y, como demostró Bannister, errónea.

Sin embargo, siendo tan importantes como son, solemos vivir sin pararnos demasiado a evaluar nuestros contenidos mentales, nuestras creencias, y reflexionar sobre su validez. Nuestra idea de qué es la vida, cómo funciona o nuestra identidad personal son creencias que hemos asumido en base a nuestras experiencias y a la información que hemos recibido, muy especialmente en la niñez. Puedo haber sufrido la traición de un amigo en mi más tierna infancia y haber asumido ‒decidido‒ que las personas no son de fiar, y ésta es la realidad en la que vivo y según la cual me relaciono con los demás sin tan siquiera cuestionarla. O puedo haber tenido un jefe en mi primer trabajo al que lo único que le interesaba era su propio éxito y haber asumido que los jefes van a lo suyo sin importarles mucho el bienestar de sus empleados, creencia ésta que probablemente me llevará a relacionarme con otros jefes que tenga desde un cierto recelo. Otras de nuestras creencias ni siquiera son nuestras sino que las hemos incorporado provenientes de nuestros padres, de nuestra cultura, de nuestros profesores o de los medios de comunicación. Más allá de las creencias basadas en evidencias científicas, como la de que la tierra es redonda y circula alrededor del sol (creencia ésta bastante reciente ya que hasta hace unos siglos se pensaba que la tierra era plana y que el sol circulaba a su alrededor), la mayoría de nuestras creencias, muy especialmente las que se refieren a la vida, al trabajo, a nosotros mismos y a los demás, son fundamentalmente subjetivas, y por lo tanto dependen de cómo nosotros decidamos que son las cosas.

Si quieres ser feliz, sentir satisfacción en tu vida y lograr lo que te propones, adopta creencias que te ayuden y cambia aquellas que no te sirvan ya. Creencias como:
➢ La vida es una experiencia maravillosa y una oportunidad de explorar y de crecer.
➢ Yo, como ser humano tengo un valor incalculable que no depende de mis habilidades, físico o conocimientos.
➢ Mis capacidades son extraordinarias si las desarrollo, y mis talentos son múltiples.
➢ La gente es mayoritariamente buena gente
➢ El trabajo está lleno de oportunidades para desarrollarme, crecer y disfrutar

Estas creencias son positivas y potenciadoras y te abren la puerta a experimentar en tu vida aquello que afirman. ¿Son válidas? Tan válidas o inválidas como cualquier otra creencia subjetiva; eso lo decides tú.

Junto con las creencias, otro aspecto clave son nuestros hábitos de pensamiento que no es otra cosa que nuestra forma de pensar. Fíjate que he utilizado la palabra hábitos; la razón es porque nuestra forma de pensar es bastante habitual y producto del hábito. Hay personas cuyo pensamiento siempre busca las cosas buenas de cada circunstancia y se centra en éstas; también hay otras personas que habitualmente hacen lo contrario, su pensamiento es más el de la crítica, el juicio y la búsqueda de lo que está mal. Éstas no son más que dos formas de pensar, dos hábitos de pensamiento que ha adoptado la persona y que a base de practicarlo se hace habitual y es el tipo de pensamiento que de forma automática se dispara ante las diferentes circunstancias que vive la persona. Al igual que es importante reevaluar las creencias que tenemos, también lo es tomar conciencia de nuestros hábitos de pensamiento y adoptar aquellos que tienen la capacidad de proporcionarnos la felicidad, la satisfacción y los logros que deseamos. ¿Cuáles son estos hábitos?

Pues hábitos del tipo:
➢ Buscar lo positivo en cada circunstancia.
➢ Concentrarse en las cosas buenas.
➢ Apreciar conscientemente lo que se tiene.
➢ Utilizar un lenguaje positivo.
➢ Alimentar nuestra mente con contenidos positivos (lecturas, películas, conversaciones).
➢ Cultivar el pensamiento de lo que quieres experimentar en tu vida en lugar de pensar en lo que no quieres

Todos los anteriores son hábitos que una vez incorporados hacen que de manera automática tu pensamiento sea positivo y potenciador. ¿Cómo incorporarlos? Pues, como cualquier cosa que queramos desarrollar, con entrenamiento. Primero habrá que realizar un esfuerzo consciente, pero al cabo de un tiempo se habrán formado nuevos circuitos neuronales en el cerebro y de manera automática nuestro pensamiento circulará por ellos.

Juan Manuel Martín Menéndez
Escritor, conferenciante y autor del libro «Que tengas un gran día»
www.quetengasungrandia.com