La culpa es un estado psicológico que exige el castigo, busca el castigo y encuentra el castigo. La responsabilidad es el estado contrario a la culpa. Se reconoce el daño causado y se repara, y con la reparación el asunto queda zanjado. En la culpa en cambio todo se vuelve permanente.

Siempre habrá algún motivo para sentirse culpable y expiar tus faltas mediante castigos que crees merecer y que por tanto recibes. La responsabilidad te permite ver en cada momento la magnitud y consistencia de tus errores e iniciar las acciones necesarias para superar la situación.

El estado de culpa te lleva a hacerte sentir que eres culpable por definición y que por tanto mereces una condenación parecida a una cadena perpetua con rasgos de eternidad. La responsabilidad te hace comprender el sentido profundo de tus equivocaciones, con lo que inmediatamente comienzan a fluir las posibles soluciones para resolver los errores y dejar atrás los resultados indeseados.

La culpa finalmente te conecta con la muerte porque te obliga a vivir en un lugar estático e inamovible que mereces por definición y del que, aparentemente, no puedes salir. Te sientes obligado a expiar permanentemente unos errores que consideras inamovibles. La responsabilidad en cambio es pura vida. Vives en el baile de las soluciones y encuentras caminos insospechados para dejar atrás todo lo que sientes que has podido hacer mal. Los errores forman parte de la vida y aprendes a sacar sus valiosas lecciones y caminar hacia el éxito.

El origen de la culpa se encuentra en acontecimientos muy tempranos que se graban en el inconsciente personal, en el inconsciente familiar o en el inconsciente colectivo.

En el inconsciente personal se encuentran todos los recuerdos que tenemos desde la concepción, los nueve meses de gestación, el nacimiento y la infancia. Acontecimientos traumáticos que se viven en estos estados tempranos provocan que la persona adulta sienta que no existe solución a realidades que le han acompañado desde siempre. Yo trabajé con una persona que sentía que hacía daño a las mujeres y provocaba que, sin aparentemente hacer nada, muchas mujeres se sintieran incómodas con él. A los cuatro meses de gestación, su madre sufrió una enfermedad y él consideró que estaba haciendo daño a su madre, por lo que se sentía muy culpable en la relación con todas las mujeres.

A través de las constelaciones familiares se trabaja el inconsciente familiar. El objetivo es que la persona encuentre su sitio en el organigrama familiar y pueda liberar las cargas recibidas a través de la familia. El trabajo con constelaciones muestra muchas situaciones donde existe la culpa: personas que están mirando a muertos o abortos, o se identifican con ancestros que sienten mucha culpabilidad, o al hacer la constelación, se observa como miran a un campo mórfico de culpa, etc.

El inconsciente colectivo nos muestra como las sociedades creen en verdades colectivas que se manifiestan mediante paradigmas. Muchas de estas sociedades sienten culpa, consciente o inconsciente, por acontecimientos del pasado, como una guerra civil, crímenes de guerra, etc.

Para salir de estas situaciones hay que convertir la culpa en responsabilidad.

El dinero huye de la culpa porque son dos energías completamente contrarias. El dinero sirve para crear, para construir, para invertir, para materializar cosas, para compartir, para ayudar. La esencia del dinero es dinámica, siempre positiva y una manifestación de la energía de la creación.

Las personas que se sienten culpables suelen perder el dinero. Los que dejan atrás la culpa descubren un nuevo universo de posibilidades donde el pasado queda atrás y la vida, la salud, las relaciones sanas y el dinero se abren a cada paso.

 

Sergio Pi

Coach de Prosperidad y Abundancia

Licenciado en Ciencias Económicas y empresariales por la UAM

Sergiopicoach.com