Relaciones entre padres e hijos

En Constelaciones Familiares se hace un análisis de las dinámicas más frecuentes que los humanos tenemos en nuestras relaciones, poniendo especial atención en las relaciones familiares, tomadas como punto de partida, para descubrir el origen de muchos de nuestros problemas afectivos y carencias que nos impiden relacionarnos de una forma sana.

La familia, como ente vivo que evoluciona y crece genera una continua adaptación en la que sus miembros pasan por distintas etapas, van desde la relación de pareja a la etapa de llegada de los hijos y nietos al núcleo familiar.

Esta transición conlleva aprendizaje y transmisión del mismo a los hijos llegados al sistema, una mochila que aporta todos los valores y la comprensión de la vida de una forma particular, que incluye tanto lo adquirido conscientemente como lo heredado inconscientemente

Cuando una pareja decide tener descendencia, estamos ante el paso más importante que nos podemos encontrar, ya que creamos un nuevo sistema para toda la vida.

Desde que nacemos estamos inmersos en un tejido de vínculos que nos une con todos los miembros de nuestra familia. El niño, llega a su sistema familiar, donde crece y se desarrolla como adulto. Un sistema en el que todos y cada uno de los participantes están en interrelación con los demás, de manera que cada miembro cumple una función para el resto (padre con madre, madre con hijo, padre con hijo, hermano con hermano, abuelo con nieto, etc.).

Cuando se nos plantea un problema, el enfoque sistémico va a mirar el conjunto, la totalidad y no sólo una parte. Si el problema tiene que ver con el hijo, no miraremos al hijo en particular y de forma individual, sino a toda la familia ya que las dinámicas dentro de las que se mueve pueden haber pasado de generación en generación, de alguna manera el niño las ha recogido bien por copiarlas o por rechazarlas en sus antecesores y que constituyen los patrones de comportamiento adquiridos por el niño..

Desde la Visión Sistémica podemos aportar que la repetición de estos patrones o dinámicas por parte de los hijos, corresponde en parte al gran deseo del ser humano de pertenecer a los grupos donde se relaciona, lo que llamamos la Ley de pertenencia. Y para eso modelamos toda nuestra conducta de manera inconsciente, nos adaptamos a estas normas y creencias predeterminadas, con lo que nos sentimos que pertenecemos y nos aceptan en “el grupo” (en este caso nos centramos en la familia como grupo).

Cuando pensamos o nos comportamos de manera diferente a las expectativas y exigencias de nuestros padres, aparece una “mala conciencia”, y el temor a ser excluidos, “no admitidos” en nuestros núcleos familiares. Aquí es donde aparecen muchos de nuestros conflictos internos, debido a las lealtades, es decir si no seguimos lo que dicta nuestra “conciencia familiar”, sentiremos que traicionamos a nuestra familia, apareciendo sentimientos de culpa y una división interna entre la “conciencia familiar” y nuestra “propia conciencia”.

Cuando una pareja decide tener descendencia tenemos que tener en cuenta una serie de “órdenes”, de organización dentro de la familia, para que exista un equilibrio y esta relación familiar funcione de manera sana y equilibrada por lo que es preciso tener presente que la relación de pareja siempre ha de tener prioridad sobre los hijos, ya que los padres llegaron antes al sistema. A veces ocurre que con la llegada de los hijos, los cónyuges dejan de prestarse atención, para poner todo su tiempo y dedicación en los que acaban de llegar, y esto puede ser el origen de discusiones y distanciamiento.

A través de la visión de múltiples constelaciones he podido constatar que si algún miembro de la familia antepone los hijos a la relación, esta peligra y puede llegar el caso que llegue a romperse. Los hijos pueden sentirse más cuidados, pero más inseguros ya que ellos sienten este distanciamiento de los padres.

Con esta dinámica puede llegar el caso que alguno de los hijos se coloque al lado de uno de los padres, invirtiendo el orden en el sistema familiar, pudiendo llegar a provocar en este hijo problemas a la hora de encontrar a su propia pareja, entre otros que pueden aparecer.

Por todo esto es muy importante que entre los padres existan acuerdos y reparto de funciones a la hora de cuidar y educar a sus hijos, siempre dejando un importante espacio para su propia relación y sabiendo ambos el lugar que ocupan los hijos en referencia a ellos.

Otra circunstancia a tener en cuenta con la llegada de los hijos a la familia, es que los padres dan, les educan, les enseñan, les dan todo aquello que ellos han recibido de sus padres, es una relación incondicional. Les dan, y les ponen límites (somos padres, no amigos).

Teniendo esta incondicionalidad en cuenta, ningún padre debe esperar que su hijo le devuelva algo; esto sería un gran desequilibrio y sería una relación desde la carencia y debilidad, que le crearía al descendiente una gran carga.

La relación entre los padres/pareja, sí que es condicional, los padres, se piden y acuerdan entre ellos (sin exigencia), a través de la confianza y la comunicación todo aquello que necesiten para sentirse unidos como padres y que esta fuerza y seguridad sea recogida por sus hijos y así reciban de ellos la identidad, la fuerza, y la seguridad que necesitan para después ir tomando las riendas de su vida mirando hacia ella.

Si no existe buena relación entre los padres, en ocasiones, alguno de ellos, o los dos utilizan a los hijos como “centro de poder”, hablando mal de su padre o madre, se quieren llevar al hijo/a a su terreno, creando una gran escisión en ellos, y como resultado tenemos a hijos divididos internamente llegando a producir una “esquizofrenia” ya que el niño necesita contentar a papá y a mamá y no sabe muy bien cómo hacerlo.

Las típicas frases, de “eres como tu madre”, tienes el mismo “genio que tu padre”, “no si ya lo sabía igualito que tal……” hacen mella en el niño y esto puede hacer que el hijo que recibe este tipo de informaciones al final actúe como el progenitor criticado, por la lealtad familiar; pueden ser niños inseguros que se moverán a lo largo de la vida en una gran ambivalencia.

Ahora bien, según la ley sistémica de Pertenencia “nadie puede ser excluido del sistema“. Esto significa que, aunque la pareja se rompa, no se romperá el vínculo como padres que son con los hijos; este perdura para siempre.

En el caso de que se forme una segunda pareja, el nuevo miembro tampoco podrá ocupar el lugar del padre o madre biológicos, y si tratara de hacerlo la falta de equilibrio y orden en ese hogar puede generar conflictos.

Actualmente asistimos a nuevos modelos de familias. Con el aumento de separaciones y divorcios nos encontramos con otras relaciones familiares, en las que uno de los miembros aporta hijos de la relación anterior, o aportan hijos los dos, e incluso también deciden tener hijos en común, por lo que es importante saber cómo se tiene que situar cada miembro en este nuevo sistema creado para evitar conflictos y que la relación entre ellos sean lo más sana posible…. y esta colocación pasa simplemente por respetar y dar prioridad a cada miembro su orden de llegada…Te invito a que lo compruebes.

Ángel de Lope Alemán
Director de “Desarrollo SISTÉMICO Humano”
Didacta y Titular de la AEBH
Autor del libro: “La Visión Sistémica en las Relaciones Humanas”
www.dshumano.com