Desvelando mi locura: el camino del crecimiento interior

¿Quién soy yo? Es una pregunta que en la vida de cada uno de nosotros aparece con cierta frecuencia a lo largo de nuestra existencia. ¿Quién soy yo? Nos vamos preguntando en nuestras distintas etapas. ¿Para qué hago lo que hago y vivo como vivo?

La primera vez que ví como se hacía un trabajo interior personal me asusté: vi cómo se sacaron temas muy íntimos de una compañera, cómo se fue tirando del hilo para tomar conciencia, cómo sufría ella al recordarlo, como me removía en la parte que a mí me tocaba y cómo me conmovía el dolor ajeno. Demasiadas emociones para no saber de qué iba todo esto del trabajo personal, cuya consecuencia – una de ellas – es la comprensión y la reconciliación interior con uno mismo, con los demás y con la vida (si de veras adquieres un compromiso interior hacia ti mismo).

La manera habitual que tenemos de sentir la vida casi siempre es desde la lucha, la angustia y el sufrimiento, que son resultados de nuestras neurosis, de nuestras maneras locas de actuar. Esta locura, esta manera particular que cada uno tenemos de ver la vida, que nos lleva a una distorsión de la realidad, implica prejuicios, miedos, juicios… percepciones defensivas que nos dificultan relacionarnos de una manera más directa, organísmica y fluida para relacionarnos con nosotros mismo y con nuestro entorno.

¿Qué alternativas imaginas que tienes para poderle poner fin a estas locuras? ¿Cómo harías para cambiar esto que te hace daño y que quieres que desaparezca de tu vida? Los lectores de esta revista tenemos ya una edad que implica, entre otras cosas, una responsabilidad y un compromiso con nosotros mismos. Sabemos que es probable que en cada etapa de nuestra vida, veamos distintas cosas que no funcionan. Vemos como nos atascamos, que no sentimos lo que deberíamos, que no reaccionamos de la manera que nos hubiera gustado, que queremos mejorar y cambiar esa rabia, resentimiento, enfado, mal humor. Pero ¿Qué se hace con esto? ¿Cómo se pasa esto? ¿Cuándo uno puede encontrar la paz?.

¿Conocéis lo de «pelar las capas de la cebolla»?: pelar las capas de las neurosis. Es la base del trabajo personal y del trabajo terapéutico. Pelar las capas de actitudes, de hábitos intelectuales, de hábitos emocionales. Según vas pelando te vas acercando a una sensación: un punto de inflexión llamado vacío. Es una sensación un tanto desagradable, pues dejas de hacer lo que venías haciendo habitualmente y te sientes perdido. Te das cuenta de que lo antiguo no te sirve pero todavía no has encontrado una nueva alternativa. Hablo de cambiar actitudes, pensamientos, personajes como la víctima, el dramaturgo, el penoso, el quejicoso, el miedoso, el soñador… (Pon tus personajes). Todos estos personajes o maneras de afrontar la vida no son más que juegos neuróticos, que en el fondo son mecanismos de defensa, de no meternos en algo más profundo, que nos asusta y muchas veces nos duele.

El resultado del camino del crecimiento interior es generalmente un estado más de calma, tranquilidad y confianza, no está exento de dolor, de miedo y de tristeza, pero es que forma parte de la vida. Sin embargo, cuando uno está abierto a lo que hay, puede parecer un mayor riesgo, podemos sentirnos más vulnerables, pero en el fondo hay mayor seguridad si me hago responsable de mi, de mis cosas. Aunque haya miedo ya no hay lucha, que la lucha es lo que generalmente nos lleva a ese estado de desasosiego, de ansiedad interno; es esa lucha contra algo, contra mí, contra el mundo.
Al ser yo de otro modo, me siento y veo a los demás y al mundo.

En la Arteterapia Gestáltica, la plástica es cada participante. Nos acercamos a cómo funcionamos, qué hacemos, cómo hacemos en la vida. Vemos nuestros pensamientos, emociones, actitudes, qué es lo que nosotros vemos, qué ven los demás de nosotros y qué tiene que ver todo esto con ese funcionar neurótico. Así, cuando decía plástica es obvio que nos iremos modelando a nosotros mismos y a un fluir más auténtico de la vida.

Vemos qué hacer cuando se expresa algo importante y significativo en nuestras vidas. Ya no hacemos como si no lo viéramos, sino que vemos que hay situaciones en la vida que tenemos que aprender a manejar y vivir tal como son. Uno va construyendo su vida en función de sus experiencias: pero estas pueden ser vividas desde la confianza en vez desde el miedo, desde el compromiso en vez desde la evitación, desde el amor en vez desde el rechazo a uno mismo.

Todo esto pasando por el vacío, ese vacío emocional, esa incertidumbre intelectual que nos hace plantearnos quiénes somos y cómo nos ubicamos en esta vida. Este vacío que está presente desde que uno nace. Pues cuando somos pequeños respondemos automáticamente, hacemos lo que nos enseñan, o lo que podemos y sabemos en ese momento. Pero ahora ya podemos hacer otras cosas. Cuando dejamos de responder de manera automática, desde la rabia, la exigencia, la culpa, etc… Podemos empezar a entender que no hay tanto de lo que huir y que uno puede hacerse responsable de su propia vida y que todo esto se puede corregir desde dentro. Y que implica, no la pelea, sino la aceptación, la compasión, el amor. Y pasan cosas que a base de sujetar estos sentires y este vacío, no de soportar, sino de sujetar en el cuerpo, de mantener la vivencia en lo que es, sin caer en reacciones mecánicas, ni en mecanismos de defensa, vemos que pasan cosas distintas, muy diferentes a cuando reaccionas mecánicamente sin más.

Desarrolla tu valentía: atrévete a conocerte, es la mejor inversión que uno puede hacer en sí mismo. Resultado: vivir la vida tal cual es.

Rocio Barba

Terapeuta

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