Desconectar del martilleo constante, de pensamientos compulsivos, causados por el miedo a perder, a no poder mantener lo que tenemos, al futuro… ¡Necesitamos una salida! Fuera de la prisión de los pensamientos, juicios, e identidades.

Comenzar a «desconectar», a ser conscientes de las realidades ficticias que se inventa nuestra mente, una mente que pretende controlarlo todo, cuando no es capaz de hacerlo ni con ella misma.

Desconectar, no debe relacionarse con nada que signifique indolencia, ni tampoco resistencia, ni queja permanente, como tampoco resignación. Todo lo contrario, desconectar es al mismo tiempo actuar, pero conscientemente. Desconectar de esta sociedad que camina con seguridad y paso firme, a la autodestrucción, basada en lo que para ella es el principio de los principios; «Aumentando el consumo, aumento mis beneficios». Somos presa de esa mente que nunca tiene suficiente, y que si la dejamos, nos desconectamos de ella, siempre ambiciona a tener más materialmente.

Es desconectar con esa sociedad que cuando mira un bosque sólo ve madera, o en una montaña, materiales para la construcción. Que me perdonen quienes puedan ver en estas palabras pesimismo y exageración, pero sólo reconociendo su propio estado la humanidad podrá tener esperanza.

Desconectar con ese mundo, en el que aún hay quienes se extrañan y se quejan de que les duela la cabeza. ¿Cómo no les va a doler? Lo contrario sería lo extraordinario.

¿Cómo no les va a doler, si tienen permanentemente sometida su cabeza, al martilleo constante, de pensamientos compulsivos? Causados por el miedo a perder lo que creen que tienen, a no poderlo mantener, al futuro…, así anticipamos los problemas, los alimentamos, engordamos, no sabemos vivir sin ellos: ¡Estamos atrapados!

Pero hay solución, y es muy simple, basta con que aceptes, disfruta de este momento, permite que sea. Sí, ya se que este planteamiento es rechazado de plano por la mente, que se niega a aceptarlo, que le resulta incrédulo. Pero, ¿Lo has intentado alguna vez de verdad? De verdad.

Prueba (de verdad), y te sorprenderá cómo cambian las cosas, cómo se transforma tu realidad, cómo dejas de «interpretar», y sin rupturas traumáticas. Di: Ahora sí, ahora me permito ser, lo que soy.

Nos duele la cabeza porque somos prisioneros de nuestras mentes; sólo nos dedicamos a hacer cosas, más y más cosas, y a pensar, a pensar mucho, a darle muchas vueltas, la cabeza parece que nos va a estallar… ¿Te resulta familiar este estado?

Necesitamos una salida.

Y la tenemos muy cerca, tan cerca, como que está dentro de cada uno de nosotros, en donde nadie más que nosotros es, en donde está la vida, en donde mora la libertad. Fuera de la prisión de los pensamientos, juicios, e identidades. Conectando con uno mismo y con la naturaleza, del modo más íntimo.

¿Te has detenido alguna vez junto a un árbol? ¿Te has puesto a «pensar» a darle vueltas al árbol? A menos que la botánica sea tu profesión: Seguro que no.

¿Lo has abrazado o tocado conscientemente? ¿Qué sensación has tenido? ¿Lo has sentido? Puede que aunque tal vez sólo por unos instantes, te hayas ido sin darte cuenta inconscientemente, más allá del pensamiento, más allá de los sentimientos, y el árbol te haya transmitido su esencia, quietud, profundidad, porque el árbol está unido a lo que es, acepta dónde está.

Si tienes oportunidad, y en mayor o menor medida todos la tenemos, observa la naturaleza, como sus componentes son verdaderamente libres, no como los humanos. Como no viven a través de las interpretaciones de su mente, las plantas, los animales, las cosas, son ellos mismos. No quieren ser los reyes de la creación, no lo necesitan, ya lo son, ya son lo que son.

Esta práctica, sentir la naturaleza, oír sus sonidos, tocarla, ayuda a liberarnos de nuestro gran enemigo: El yo. Y nos equilibra de esa gran carencia, que no es ninguna vitamina, pero cuyo déficit nos provoca perjuicios aún mayores: La carencia de la escucha. Entrégate a ella, y descubrirás que hay mucho más, que no puede ser comprendido por nuestra limitada mente y su producto: los pensamientos.

Date cuenta de esto, comienza a «desconectar» o lo que es lo mismo, a ser consciente de la realidad ficticia que se ha inventado nuestra mente, una mente que pretende controlarlo todo, cuando no es capaz de hacerlo ni con ella misma, que no puede comprender. ¿Cómo va a comprender algo que es sólo ficción? Lo ha inventado ella misma; sólo puede consolarse creando más ficción. Esto nos conduce a un círculo interminable, de estar perdidos en nuestros pensamientos, problemas, que nos llevan a situaciones ya conocidas de ansiedad, depresión,… en definitiva; ausencia del ahora, o lo que es lo mismo; ausencia de vivir.

Cuando en realidad, la salida no puede ser más bella: Sentir la vida, como lo hacen los animales, con su misma alegría y ganas de celebrar la vida. ¿Has observado lo rápido que se alegra un perro? ¿Qué nos diferencia de ellos? Que nosotros lo percibimos todo a través de la mente, que lo transforma todo en juicios, pensamientos…

Es cierto, que hay circunstancias que ayudan, como tener un tiempo para ti, gozar de unos días de vacaciones, poder compartir experiencias, disfrutar del contacto con la naturaleza, de la comida sana, hacer algo de ejercicio,…

Como también es verdad que hay personas que nos pueden ayudar (no a los gurús), que poniendo a nuestra disposición sus conocimientos y su grado de consciencia, nos pueden orientar y acompañar a conectar con tu ser, en grado de igualdad, porque en determinados momentos necesitamos de los demás, de la misma manera que los demás que no son ni superiores ni inferiores, te necesitan a ti.

Todo eso ayuda, pero sobretodo, ayuda no esperar, no inventarse expectativas, si vivir ahora, que es el único momento en el podemos vivir.

Aprovecha las oportunidades que nos da la vida para disfrutar, permitiendo que haya espacios liberados de la mente, divirtiéndonos, pasándolo genial, relacionándonos, haciendo cosas, estando activos,… Nada de eso esta reñido con la quietud y paz que llevas dentro, y que sólo necesita para activarse, que te des cuenta, sin traumatismos, con naturalidad, tan natural, como respirar.

Porque no somos personas aburridas, deprimidas, tristes, o miedosas, ni tampoco lo contrario; esos son solo estados de nuestra mente, que cambian. Tu «eres» mucho más que ese estado temporal, pero encontrar tu Ser, no es posible mientras se mantenga el ruido mental incesante en tu mente, y crees al menos un mínimo espacio de quietud y calma. ¡Bienvenid@!

Juan Moreno
Coach-coordinador de Vacaciones Desconecta
www.vacacionesdesconecta.com