“La mirada es ese acto por el cual abrimos las ventanas de nuestra Alma para contemplar el mundo. No pretendemos cambiar nada, sólo se trata de percibir la realidad en ese instante, y cuando miramos hacia dentro, la mirada se vuelve un encuentro con lo que YO SOY”.

La mirada interior como actitud en la persona, supone tanto un mirar hacia dentro, como un mirar desde dentro; es poner nuestro punto de observación desde un lugar en el que no hay juicios, no hay valoraciones, no hay separación y esto es aplicable a cualquier aspecto de nuestra vida.

La práctica consciente y sincera de algo, sea lo que fuere, nos conduce a un encuentro con lo auténtico de uno mismo. En ese sentido el Chi Kung, como una forma de despertar nuestro cuerpo, nuestra energía y nuestro espíritu, hace de esta mirada el medio para llegar a ese lugar que reconocemos como el Corazón.

Aquello que llamamos Chi Kung, es un conjunto de prácticas y experiencias muy extenso, tan extenso como el propio universo humano y al igual que en el resto del universo, encontramos diferentes niveles en que este universo se manifiesta, partiendo desde los aspectos más físicos relacionados con el cuerpo y su estructura, a otros más sutiles en relación con la circulación de la energía, o con el funcionamiento de nuestra mente y emociones.

Al igual que en el mundo en que vivimos, si queremos percibir la realidad, la cuestión consiste en: “desde dónde contemplo el mundo”, de manera que lo que percibo como realidad externa es un reflejo construido por mis propias estructuras mentales que dan forma a esa realidad.

En la práctica del Chi Kung, como en cualquier otra disciplina, debemos distinguir el método en sí mismo de aquello que se pretende encontrar, por ejemplo: de nada nos sirve ponernos a meditar para encontrar la paz, si nuestra mente sólo está pensando en lo incómodo que nos resulta una determinada postura, o en el sentido que tiene estar parado sin hacer nada… La mirada interior es la respuesta y la medicina para estas cuestiones que la mente se plantea a cada instante. La mirada interior nos sirve para saber dónde estamos, desde dónde percibimos, desde dónde nos hacemos las preguntas, desde dónde experimentamos y desde dónde encontramos las respuestas.

La mirada interior reúne dos cualidades en sí sumamente importantes: la energía en forma de atención y la consciencia como un estado de darnos cuenta. Esta atención consciente es el punto de partida desde el que comenzamos un viaje de transformación: primeramente al llevar nuestra atención-consciencia hacia dentro, nos damos cuenta de cómo estamos y a partir de ahí podemos dirigir nuestra energía y nuestros pensamientos en la dirección adecuada para conseguir el resultado de sanación deseado.

La atención consciente es la primera herramienta de sanación que tenemos. En el comienzo de la vida la atención de la madre sobre el nuevo ser que está en periodo de formación es fundamental para que esta vida prospere de forma saludable. Y al nacer la atención y los cuidados que recibimos en la infancia son indispensables para un desarrollo armonioso de nuestras funciones físicas, psíquicas y emocionales.

Cuando miramos hacia dentro, generamos un campo de energía que amplifica aquello que ES y que estaba ahí sin antes darnos cuenta. Esto lo vemos muy claro en el mundo exterior: por ejemplo, en el terreno de las relaciones humanas, cuando cuido y atiendo al otro, le escucho, le acompaño y le comprendo, los vínculos se fortalecen, lo mismo que cuando pongo energía y dedicación en el trabajo tengo más posibilidades de éxito.

“La atención-consciencia es la semilla que hace crecer lo nuevo en nuestra vida”

EL ESPÍRITU es el comandante supremo de la energía. Dentro de las prácticas energéticas para la salud que ofrece el Chi Kung, se dice que existen Tres Tesoros: el Cuerpo-Esencia, el Espíritu-Mente y la Energía-Aliento, y de estos tres el Espíritu-Mente es el más poderoso, pues la mente dirige a la energía, ésta a su vez sostiene la estructura material del cuerpo y a su vez el cuerpo es capaz de producir energía. Pero si el Espíritu-Mente está alterado, todo lo demás pronto empezará a padecer las consecuencias.
Este es el principio básico de la Psiconeuroinmunobiología, la ciencia que estudia el comportamiento del sistema inmunológico en relación con nuestras emociones, pensamientos y palabras.

Un principio básico de la salud, es que una mente calmada y sin preocupaciones genera unas respuestas de auto-regeneración en el propio cuerpo por la acción positiva entre los sistemas sensitivo e inmunológico. Se ha demostrado en diversos estudios, que un pensamiento negativo mantenido durante un minuto, deja en una situación delicada al sistema inmunitario durante seis horas. Si esta situación se mantiene en el tiempo como una sensación de agobio permanente, esto produce cambios importantes en el funcionamiento del cerebro y el sistema hormonal, llegando a lesionar neuronas relacionadas con la memoria y el aprendizaje, lo que afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo zonas del cerebro que son necesarias para tomar las decisiones adecuadas.

La mirada interior nos transforma cuando aplicamos el ojo de la mente para mirar hacia dentro y descubrimos un universo de energía y de vida en nosotros. En principio tomar consciencia de cómo la vida sucede en nuestro interior a través de la respiración nos lleva por sí mismo a producir cambios en nuestro cerebro, favorece la producción de hormonas como la serotonina y la endorfina, y armoniza los ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.

Las imágenes que captamos cuando miramos con la mirada externa, es decir con los ojos de la cara, es la consecuencia de la luz que reflejan los objetos que observamos a partir de la luz del Sol o de otras fuentes, pero cuando miramos desde la mirada interior, lo que percibimos es la energía radiante primordial que está en el origen de aquello que observamos, y la vida en sí es un fenómeno luminoso.

Aunque no nos demos cuenta, la energía está constantemente fluyendo y moviéndose en nuestro interior y adentro-afuera, así que cuando dirigimos nuestra mirada interior hacia la energía, utilizando la voluntad, tenemos el poder de dirigirla allí donde estimemos necesario; para ello es imprescindible que antes hayamos desarrollado la práctica de la mirada interior sin distracciones y de manera consciente.

Cuando desarrollamos esta práctica, veremos que se trata de algo muy sencillo y natural. Todos los seres humanos disponemos de ello, y podemos usarlo para deshacer bloqueos de energía en nuestros canales, para dirigir la energía a ciertos puntos importantes, para sanar nuestros órganos, para captar la energía de la Tierra o del Cielo, pero sobre todo nos sirve para conocernos mejor y para vivir más en paz cuando miramos hacia dentro.

Una manera de iniciarnos en esta práctica, consiste en dirigir nuestra mirada interior a la respiración. Imagina para ello un lugar por detrás de las cejas y entre las cejas, en el interior de tu cabeza, como un “tercer ojo” pero que mira hacia dentro, y observa primero tu respiración, sintiendo que respiras. Eso calmará tu mente y si no es así, sigue por más tiempo hasta que tu mente se “muera literalmente de aburrimiento”. Observa cómo en tu interior todo se mueve cada vez que respiras. Siente la vida cómo fluye a través de ti. Observa que estás vivo y agradece este inmenso don que el Universo te ha regalado y que tú disfrutas en este instante; eso te volverá un ser más feliz y pacífico.

Janú Ruiz
Instructor de Chi Kung
www.chikungtaojanu.com