Biodanza, un sistema integrador de mente, emoción y acción

El estrés y las tensiones del día a día, unidas a una educación cultural que no valoriza el papel que tienen las emociones y el instinto, en nuestro estado de salud y felicidad, favorecen la descompensación y desintegración entre nuestros tres centros cerebrales. La Biodanza nos permite integrar de una manera sencilla, lúdica y satisfactoria nuestros tres planos, emocional, instintivo y mental, y nos ayuda a mejorar nuestra salud y bienestar.

El ser humano es un ser visceral, emocional y mental. Tres características esenciales, representadas en tres partes diferentes de nuestro cerebro e interconectadas entre sí y con todo el cuerpo. Su aparición a nivel evolutivo ha sido la siguiente: primero apareció el cerebro instintivo o de supervivencia, después el sistema límbico o cerebro emocional y por último el cortex o cerebro «superior», que en humanos representa ni más ni menos el 85% del total.

La Biodanza, al tratarse de un sistema de integración socio-emocional, tiene como uno de sus objetivos fundamentales la integración y coordinación entre nuestros pensamientos, emociones y acciones. Si piensas, sientes y actúas siempre de una forma totalmente coherente e integrada, tanto contigo mismo como con los demás, ¡enhorabuena!, porque no necesitarás ni biodanza ni otro montón de cosas que necesitamos el resto de los mortales.

Todos tenemos desarrollados e integrados estas tres partes de nuestro cerebro, pero cada uno tenemos una expresión diferente de los mismos, y podemos ser más viscerales, emocionales o mentales. ¿Te has parado a pensar cuál es tu tendencia o cual predomina más en ti? ¿Y cuál es la más valorada en nuestra sociedad?

Parece ser que el cortex, que es el que nos distingue como especie superior, está ganando la partida. Pero el hecho de ser seres pensantes y tener conciencia de nosotros mismos, nos ha separado mucho del resto de la creación, a la que miramos y analizamos desde fuera como si no formáramos parte de ella. De hecho funcionamos con un principio antropocéntrico, donde nos hemos erigido como dioses y dueños de la naturaleza y del universo.

Rolando Toro, el creador de la Biodanza, la desarrolló como un sistema Biocéntrico, que pone la VIDA en el centro. Propone orientar todos los emprendimientos sociales y educacionales hacia la creación de una estructura capaz de proteger la vida y permitir su evolución. Como nuestro cerebro instintivo es fundamental para mantener y perpetuar la vida, es importante integrar y reivindicar nuestra salud instintiva, especialmente en una cultura donde los instintos han sido desvalorizados. Por mencionar algún ejemplo, basta con observar la cantidad de alteraciones y enfermedades que existen relacionadas con el instinto de hambre-saciedad, y el instinto de reproducción, fundamentales para la vida.

La Biodanza aumenta nuestra vitalidad reforzando nuestros instintos y equilibrando nuestro sistema nervioso autónomo (SNA); que es el encargado del funcionamiento y regulación de nuestros órganos vitales y vísceras, garantizándonos la supervivencia. El SNA tiene dos partes complementarias y antagónicas que actúan sobre cada órgano y que podríamos comparar con el día y la noche, el simpático (adrenérgico activador) y el parasimpático (colinérgico reparador).

Seguro que por nombre nos cae más «simpático» el primero, pero la realidad es que el exceso de adrenalina en nuestra sociedad, donde el estrés es el pan nuestro de cada día, está favoreciendo que todo el sistema se desequilibre y enfermemos. El sistema parasimpático puede parar al simpático y contrarrestar sus efectos, pero cuando forzamos demasiado el sistema, ocurre lo mismo que si estiramos demasiado una goma, puede perder su elástica o romperse.

En cada clase de Biodanza hacemos este viaje bioquímico que refuerza el sistema y aumenta su elasticidad. La primera parte de la clase es activa y energética (adrenérgico); ayuda a disminuir el nivel de adrenalina a las personas que vienen con exceso de actividad o estrés, y proporciona vitalidad y entusiasmo a las que vienen bajos de energía o deprimidos. En la segunda parte, que es lenta y regresiva, se activa el sistema parasimpático, produciendo sensaciones de tranquilidad y un efecto anti-estrés; y se favoreces la renovación y reparación orgánica.

A pesar de que las emociones son un verdadero motor existencial, que colorea y llena de matices nuestras vidas, en nuestra cultura y educación el córtex es la parte del cerebro más potenciada. Hay una sobrevaloración de lo mental frene a lo emocional, por eso desde pequeños se nos enseña a utilizar el lenguaje, el razonamiento y todas las funciones intelectuales, pero no se nos enseña a reconocer, regular y gestionar las emociones.

Las aportaciones que Daniel Goleman y otros autores han hecho sobre la inteligencia emocional en el ámbito de la psicología, y Antonio Damasio en la investigación sobre neurociencia, está haciendo cada vez más evidente la importancia de la emociones en el desarrollo intelectual y social. Saber reconocerlas, integrarlas y expresarlas adecuadamente es crucial para aumentar nuestro nivel de salud y felicidad.

Tanto el sistema nervioso autónomo como con las emociones producen efectos fisiológicos en nuestro cuerpo, que pueden ser detectados a través de los sentidos: en la expresión del rostro, en la frecuencia cardiaca, la coloración y la temperatura de la piel y la postura corporal.

Biodanza trabaja la expresión y la integración de ambos centros a través de la música, el movimiento y una metodología vivencial en grupo. Su práctica habitual y la exposición continua a las sensaciones y emociones propias y de los compañeros, le permite al participante el desarrollar grandemente su capacidad de autoconocimiento y autopercepción.

Gracias a las neuronas espejo, los participantes van creciendo en empatía, compresión, reconocimiento y aceptación de si mismo y de los otros. A las neuronas espejo se les denomina también neuronas de la empatía, porque a la persona que observa gestos y emociones de otra, se le activan las mismas neuronas que tiene activadas la persona que los realiza. Incluso se puede llegar a asociar esos gestos y emociones con los eventos que desencadenan. Esto nos ayuda a entender muchos aspectos como el contagio de fenómenos de masas, la intuición, el papel de la comunicación no verbal y las respuestas automáticas que damos ante gestos de otros por asociación con vivencias anteriores.

Todos nos convertimos en espejos de todos. Por eso en Biodanza enriquecemos el ambiente en factores positivos que vayan favoreciendo la expresión de emociones positivas e innatas que hay en cada uno. La no existencia de juicio y la continua aceptación y refuerzo del otro por parte de todo el grupo, va haciendo que por contagio vayamos despertando y activando nuestros mejores potenciales y mejorando nuestra autoestima.

Las marcas que dejan las imágenes y vivencias negativas quedan gravadas fuertemente en nuestro cerebro, y se alojan y se expresan en nuestro cuerpo. La forma en la que trabaja la Biodanza con ellas es favoreciendo que la repetición de vivencias positivas, y que vayan reemplazando las negativas por otras más saludables. Para que las personas «incorporen» (lo integren en su cuerpo y en su cerebro) los nuevos mensajes es muy importante que la repetición se produzca con distintos estímulos y personas. Por eso en biodanza los ejercicios se van repitiendo en distintos contextos y personas.

El facilitador de Biodanza actúa como espejo, demostrando el inicio de algunas danzas, tanto para indicar movimientos específicos como para que los alumnos vayan entrando en empatía con sus gestos y emociones. De esta forma les resultará más fácil conectar con la emoción vivencial de la danza.

La biodanza nos viene muy bien a todos para integrar y equilibrar los tres centros, y especialmente a los que tienen más dificultad de desconectar la mente y entrar en las emociones. Dado que vivimos con bastante hiperactividad mental, exceso de palabras y pensamientos, en cada sesión de Biodanza dejamos que tomen mayor protagonismo las emociones y el cuerpo, permitiendo que hablen y se expresen a través de la música, el movimiento, los gestos y la voz, mientras las palabras callan.

 

Pilar Peña
Facilitadora y Didacta de Biodanza.
Doctora en Biología Molecular.
www.pilarbiodanza.com