Así se expresaba Ramakrishna, un amante enfervorecido de la Diosa o Principio Cósmico Femenino.

Pero hay una diosa más cercana, una mujer por la que fluye esa energía cósmica y divina, y es nuestra madre en este plano de existencia, nuestra primera guru, a la que dirigimos el primer mantra: «mamá»; nuestra inspiración y guía, la que nos brinda el amor más intenso y más puro.

Mi madre se llamaba María del Mar, era una gran lectora e hija de escritores, dueña de una exquisita sensibilidad, mujer muy avanzada para su época, siempre anhelante de por incursionar en realidades suprasensibles, alma de mística y de medium, que me despertó el interés por la literatura, la espiritualidad y Oriente, exquisitamente femenina y confiada en sus potenciales internos. Tenía un toque de bohemia, fluída y respetuosa con todas las creencias, amante de las tertulias literarias y filosóficas, amiga de pintores, escultores, escritores y pensadores en general.

Ella me indujo a leer a todos los grandes escritores franceses, a interesarme por Buda y a reflexionar en sus enseñanzas, a amar a los animales como a iguales y criaturas maravillosa que embellecían y «humanizaban» el planeta.

Me enseñó a no resignarme ante la injusticia, a tratar de evolucionar conscientemente, a adentrarme en los terrenos reveladores de la mística y en los embriagadores de la poesía.

Fue mi mejor amiga, mi instructora, mi compañera de desvelos existenciales, la más exigente y sabia lectora de mis obras, mi fuente de vitalidad y confortamiento en los difíciles momentos de un niño desorientado y un adolescente sumamente insatisfecho y volátil.

La madre humana constela la Madre Cósmica

La madre humana constela la Madre Cósmica. En ella habita y se expresa. Y fue un amanecer en mi amada Darjeeling, frente al Kanchenjunga, cuando en la brisa himalaya sentí la caricia de mi madre, ya desencarnada, y la de la Madre Cósmica. Y entonces, arrebatado por el amor más intenso e incondicional, escribí un texto; comparto una parte del mismo:

«Tú, Madre, la gran yoguini, la demiurga, la hechicera cósmica, eres mi eco de dinfinitud, mi piedra de la luna, mi néctar, mi veneno… Te imagino con la risa de la aurora y con el olor de los jazmines. Tú matriz cósmica es tibia y dulce, y el fuego de la madre tierra fulgura en tus ojos de claridad infinita.

Me he soñado a mi mismo caminante por la Vía Láctea gritando tu nombre. Tú nombre es la melodía de mi mente. «Ma» es el mantra de los mantras; la palabra mágica, la palabra de tu abismo insondable». ir?t=espaciohumano 21&l=alb&o=30&a=8478084746 - A lo que otros llaman Dios, yo llamo Madreir?t=espaciohumano 21&l=alb&o=30&a=8416023387 - A lo que otros llaman Dios, yo llamo Madreir?t=espaciohumano 21&l=alb&o=30&a=8499985696 - A lo que otros llaman Dios, yo llamo Madre

Buda insitió en ello: hemos adquirido con nuestros padres una deuda insalvable.

De la mano de mi madre (que aparece en la fotografía) llegué a Buda, al yoga, a la India, a los aledaños de mi ser, al Sentido que jamás me habían ni remotamente mostrado en el colegio o en la Universidad. Por eso me identifico plenamente con Ramakrisha y como él, yo digo: «A lo que otros llaman Dios, yo prefiero llamarle Madre«.

Ramiro Calle

Centro de Yoga Shadak

www.ramirocalle.com