Hecho un mar de dudas, el discípulo le preguntó a su mentor:

Maestro, ¿a dónde voy?

-Depende de a dónde quieras llegar -repuso el preceptor.

-¿Y de qué más?

-Del esfuerzo que estés dispuesto a invertir.

-¿Cómo medir ese esfuerzo?

-Con inteligencia y valorando las circunstancias -apuntó el maestro.

-¿Puedes ser un poco más preciso?

-En ese caso escucha lo que voy a contarte.

Maestro y discípulo tomaron asiento y el primero de ellos se expresó así:

-Había un vagabundo que disponía de una vela y cuando necesitaba calentar la sopa, ponía la vela encendida debajo de la lata de comida y en unos minutos la sopa estaba caliente. Cierto día sucedió que al revolver entre la basura de un restaurante encontró varios paquetes de lentejas.

«¡Qué suerte! -se dijo- ahora voy a poder invitar a mis amigos los vagabundos».

Se hizo con una gran olla y reunió bajo un puente a un buen número de amigos vagabundos para compartir el festín. Todos, sin duda, estaban deseando empezar a degustar el alimento, pero los minutos iban transcurriendo y la cena nunca estaba lista. Tras varias horas de espera, los amigos, hambrientos y cansados, protestaron.

Pero ¿qué sucedía? ¿A qué venía tanta tardanza? La causa no era otra que el que el vagabundo había puesto la vela encendida debajo del gran perolo que contenía kilos de lentejas y, por supuesto, el fuego resultaba del todo insuficiente.

REFLEXIÓN:

Todas las personas en principio desean sentirse bien, disfrutar de la armonía y el sosiego. Hay en el ser humano un impulso hacia el bienestar y el equilibrio, pero muchas veces uno mismo se convierte en su propio saboteador y, además, no entiende que el proceso de maduración requiere poner de parte de uno y utilizar la motivación, la energía y el esfuerzo necesarios para conseguirlo. De otra manera uno se queda a medio camino, estancado, anegado por la inmadurez emocional y la ausencia de real equilibrio.

Hay que aplicar un esfuerzo adecuado y persistente para que el proceso de autorrealización se vaya celebrando, y en este sentido también la disciplina bien encauzada juega un papel muy destacado. El autodesarrollo no sobreviene por sí mismo. La evolución consciente requiere un entrenamiento metódico.

Hay por eso que desconfiar y poner bajo sospecha a todo «método» que ofrezca atajos o resultados rápidos o a todo mentor que asegure que no se requiere esfuerzo para actualizar nuestros mejores potenciales. Por algo Buda declaró sin ambages: «¡Esperadlo todo de vosotros mismos!».

El mejoramiento humano y la evolución conscientes no son para holgazanes y solo mediante el esfuerzo aparece al final el esfuerzo sin esfuerzo, igual que, como dicen los taoístas, por lo intencionado se llega a lo impremeditado. Nadie puede saltarse la triple disciplina o entrenamiento triple en la senda hacia el Despertar, basada en la ética genuina, la meditación y el cultivo de la Sabiduría. Nadie se transforma gratuitamente.

Y hay una ley que a menudo les recuerdo a mis alumnos: «Si hoy no modificas algo en ti, nada te puede hacer suponer que mañana serás diferente». Las pequeñas modificaciones son las que generan la verdadera transformación interior.

Ramiro Calle
ESCRITOR. DIRECTOR DEL CENTRO SHADAK
ramirocalle.com